Las escalas en Urgencias y Emergencias permiten estimar la gravedad, predecir el pronóstico y priorizar la atención, además de facilitar la comunicación entre profesionales. El Manchester Triage System (MTS) clasifica la prioridad según la queja principal, signos, síntomas, tiempo de evolución y constantes vitales, estableciendo cinco niveles: rojo/emergente, naranja/muy urgente, amarillo/urgente, verde/poco urgente y azul/no urgente. La valoración ABCDE complementa la valoración inicial mediante el análisis de vía aérea, respiración, circulación, estado neurológico y exposición.
Para valorar el estado neurológico y el riesgo vital destacan la Escala de Glasgow (GCS), que evalúa apertura ocular, respuesta verbal y motora, y la escala AVPU, que clasifica al paciente como alerta, respuesta a estímulos verbales, respuesta al dolor o sin respuesta. La SpO₂ es un parámetro fundamental para valorar la oxigenación, mientras que la NIHSS permite medir el déficit neurológico en el ictus. En la sepsis, el qSOFA considera alteración del estado mental, frecuencia respiratoria elevada y presión arterial sistólica baja, mientras que el SOFA realiza una valoración más detallada de la disfunción orgánica. Para el dolor se utilizan escalas como la EVA/VAS y la escala numérica 0–10, además de escalas pediátricas como FLACC y Wong-Baker.
En el trauma, el ISS y el TRISS permiten estimar la gravedad de las lesiones y el pronóstico. En el riesgo cardiovascular, destacan CHA₂DS₂-VASc para valorar el riesgo tromboembólico en la fibrilación auricular y HAS-BLED para estimar el riesgo de sangrado. La clasificación RIFLE/AKI permite valorar la lesión renal aguda mediante cambios en creatinina y diuresis, mientras que NEWS/NEWS2 detecta el deterioro clínico a partir de constantes como frecuencia respiratoria, saturación, frecuencia cardiaca, tensión arterial, temperatura y nivel de conciencia. En las hemorragias digestivas altas pueden utilizarse escalas como Glasgow-Blatchford y Rockall para estratificar el riesgo y orientar el manejo.
