TEMA 6. ACTUACIÓN ENFERMERA ANTE EL DOLOR EN URGENCIAS


6.1 INTRODUCCIÓN

El dolor es uno de los motivos de consulta más frecuentes en urgencias. Puede ser el síntoma principal, acompañar a un proceso agudo o aparecer como consecuencia de un traumatismo, una técnica o una enfermedad crónica reagudizada.

En urgencias, el dolor debe abordarse como un problema clínico relevante. No es solo una sensación desagradable: produce sufrimiento, dificulta la exploración, aumenta la ansiedad, limita la movilidad y puede empeorar la respuesta fisiológica del paciente.

La enfermera tiene un papel fundamental en su valoración, tratamiento y reevaluación. Desde el triaje, la intensidad y las características del dolor pueden modificar la prioridad asistencial. Durante la estancia en urgencias, la enfermera debe detectar dolor no controlado, administrar analgesia prescrita o protocolizada, vigilar efectos adversos y registrar la respuesta.

 

6.2 CONCEPTO Y TIPOS DE DOLOR

La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor define el dolor como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada, o similar a la asociada, a una lesión tisular real o potencial.

En urgencias, más que memorizar clasificaciones extensas, es útil identificar el tipo de dolor porque orienta la causa probable y el tratamiento.

 

 

En urgencias debe prestarse especial atención al dolor nuevo, intenso, brusco, diferente al habitual o asociado a signos de inestabilidad.

 

6.3 VALORACIÓN ENFERMERA DEL DOLOR

El dolor es subjetivo: la referencia principal es lo que expresa el paciente. Las constantes vitales, la expresión facial o la conducta pueden orientar, pero no sustituyen a la valoración directa.

La valoración debe ser breve, estructurada y repetida. Una herramienta útil es OPQRST.

 

 

Además, debe valorarse:

  • Antecedentes relevantes.
  • Medicación habitual.
  • Alergias.
  • Tratamientos ya tomados.
  • Respuesta a analgesia previa.
  • Síntomas acompañantes.
  • Impacto funcional.
  • Signos de alarma.

 

6.4 ESCALAS PRÁCTICAS DE DOLOR

La escala debe adaptarse al paciente. No existe una única escala válida para todos.

 

 

En urgencias, lo más práctico es utilizar una escala sencilla, registrarla y repetirla tras el tratamiento.

 

Ejemplo de registro útil:

Dolor abdominal EVA 8/10 antes de analgesia. Tras analgesia, EVA 3/10 a los 30 minutos.

 

 

Imagen 29. Ejemplo de escala visual del Dolor

 

6.5 DOLOR COMO SIGNO DE ALARMA

El dolor no siempre es solo un síntoma a aliviar. A veces es la primera manifestación de una patología tiempo-dependiente.

 

 

El alivio del dolor no debe retrasar la valoración de una causa grave. Administrar analgesia no “oculta” la enfermedad si se realiza una valoración y reevaluación adecuadas.

 

6.6 TRATAMIENTO DEL DOLOR EN URGENCIAS

El tratamiento debe individualizarse según intensidad, causa probable, edad, comorbilidad, alergias, función renal/hepática, medicación habitual y vía disponible.

 

La estrategia general es:

  1. Valorar intensidad y tipo de dolor.
  2. Identificar signos de alarma.
  3. Administrar analgesia adecuada según prescripción o protocolo.
  4. Asociar medidas no farmacológicas.
  5. Reevaluar eficacia y efectos adversos.
  6. Ajustar tratamiento si el dolor persiste.

 

6.6.1 Analgesia según intensidad

 

 

La vía oral es útil si el paciente está estable, tolera y no hay previsión de cirugía o procedimiento inmediato. En dolor intenso, vómitos, inestabilidad o necesidad de efecto rápido, suele requerirse vía intravenosa, intranasal, subcutánea o intramuscular según fármaco, protocolo y situación.

 

6.7 PAPEL ENFERMERO EN LA ANALGESIA FARMACOLÓGICA

La administración de analgésicos en urgencias exige seguridad. Antes de administrar, la enfermera debe comprobar:

  • Identidad del paciente.
  • Alergias.
  • Fármaco, dosis, vía y hora.
  • Intensidad del dolor.
  • Constantes si procede.
  • Función renal/hepática si se dispone y es relevante.
  • Medicación concomitante.
  • Riesgo de sangrado.
  • Riesgo de depresión respiratoria.
  • Respuesta esperada.

 

Fármacos: puntos prácticos de vigilancia

En pacientes mayores, frágiles, con EPOC, insuficiencia renal, bajo peso o polifarmacia, la analgesia debe administrarse con especial vigilancia.

 

 

6.8 MEDIDAS NO FARMACOLÓGICAS

Las medidas no farmacológicas no sustituyen a la analgesia cuando esta está indicada, pero ayudan a reducir sufrimiento y mejorar la tolerancia.

 

 

6.9 REEVALUACIÓN DEL DOLOR

La reevaluación es una parte obligatoria del manejo del dolor. No basta con administrar analgesia: hay que comprobar si ha sido eficaz y si han aparecido efectos adversos.

 

Debe reevaluarse:

  • Intensidad del dolor.
  • Localización y características.
  • Constantes si procede.
  • Nivel de conciencia.
  • Frecuencia respiratoria si opioides o sedantes.
  • Náuseas o vómitos.
  • Hipotensión.
  • Movilidad.
  • Necesidad de analgesia adicional.
  • Aparición de nuevos signos de alarma.

 

El momento de reevaluación depende de la vía y del fármaco, pero en urgencias debe ser razonablemente precoz, especialmente tras analgesia intravenosa u opioides.

Ejemplo práctico:

Paciente con fractura de radio, dolor 9/10. Se administra analgesia prescrita. A los 20 minutos, dolor 5/10, consciente, FR 16 rpm, SatO₂ 98%, sin náuseas. Se avisa por dolor persistente para ajuste.

 

6.10 DOLOR EN PACIENTES VULNERABLES

Algunos pacientes pueden expresar peor el dolor o tener mayor riesgo de infratratamiento o efectos adversos.

 

6.10.1 Paciente mayor

Puede expresar menos dolor o manifestarlo como inmovilidad, confusión, agitación, rechazo a movilizarse o deterioro funcional. Debe evitarse asumir que “es normal por la edad”.

Precauciones:

  • valorar dolor de forma activa.
  • usar dosis prudentes y reevaluar.
  • vigilar delirium, caídas, sedación y depresión respiratoria.
  • revisar función renal y polifarmacia.

 

6.10.2 Paciente pediátrico

Debe utilizarse escala adaptada a edad y desarrollo. El dolor puede manifestarse como llanto, irritabilidad, postura antiálgica, rechazo a caminar o dificultad para consolarse.

Claves:

  • pesar para calcular dosis.
  • permitir acompañamiento.
  • utilizar medidas de distracción.
  • reevaluar con escala adecuada.

 

6.10.3 Paciente con deterioro cognitivo o no comunicador

Debe observarse conducta, expresión facial, gemidos, defensa, agitación, cambios de sueño, rechazo a comer o moverse.

La información del cuidador es especialmente útil:

“¿Esta expresión o conducta es habitual o aparece cuando tiene dolor?”

 

6.10.4 Paciente con dolor crónico u oncológico

No debe asumirse que consulta “por lo de siempre”. Debe preguntarse qué ha cambiado: intensidad, localización, respuesta a medicación, fiebre, déficit neurológico, caídas o nuevos síntomas.

 

6.11 REGISTRO ENFERMERO

El registro debe ser breve, claro y útil. Debe permitir saber qué dolor tenía el paciente, qué se hizo y cómo respondió.

Debe incluir:

  • Localización.
  • Intensidad.
  • Características relevantes.
  • Escala utilizada.
  • Signos asociados.
  • Analgesia administrada.
  • Hora.
  • Respuesta.
  • Efectos adversos.
  • Avisos al equipo.
  • Educación al alta si procede.

 

Ejemplo:

Dolor torácico opresivo EVA 7/10, inicio 08:30, irradiado a brazo izquierdo, con sudoración. ECG realizado 09:02. Se avisa a médico responsable. Analgesia según prescripción. Reevaluación EVA 4/10.

 

6.12 RESUMEN PRÁCTICO DE ACTUACIÓN ENFERMERA

 

 

6.13 IDEAS CLAVE

  • El dolor en urgencias debe valorarse desde el triaje y reevaluarse durante la asistencia.
  • La intensidad del dolor es subjetiva: la referencia principal es lo que expresa el paciente.
  • La escala numérica 0-10 es la herramienta más práctica en adultos conscientes y colaboradores.
  • El dolor puede ser un signo de enfermedad grave. Deben identificarse datos de alarma antes y después de la analgesia.
  • La analgesia debe individualizarse según intensidad, causa probable, edad, comorbilidad, alergias, función renal/hepática y medicación habitual.
  • Administrar analgesia no sustituye la reevaluación.
  • Los opioides requieren vigilancia de nivel de conciencia, frecuencia respiratoria, saturación, náuseas, vómitos e hipotensión.
  • Los AINEs requieren precaución en pacientes anticoagulados, con insuficiencia renal, sangrado digestivo, insuficiencia cardiaca o riesgo hemorrágico.
  • El paciente mayor, pediátrico, con deterioro cognitivo o con dolor crónico requiere una valoración adaptada.
  • Un buen registro del dolor debe incluir escala, localización, tratamiento, hora y respuesta.

 

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