La atención al paciente mayor en urgencias requiere una valoración integral que vaya más allá del motivo de consulta, ya que las enfermedades suelen presentarse de forma atípica y coexistir con fragilidad, comorbilidad, polifarmacia y deterioro funcional. La prioridad inicial es identificar situaciones de riesgo vital mediante el ABCDE, pero también valorar la situación basal, funcionalidad, cognición, medicación, nutrición, riesgo de caídas y apoyo social, evitando el edadismo y adaptando la atención a las características de cada persona.
Los síndromes geriátricos más frecuentes en urgencias son el delirium, las caídas, el deterioro funcional agudo, la polifarmacia, la desnutrición, la deshidratación, la disfagia y el dolor infratratado, todos ellos asociados a un mayor riesgo de complicaciones. La enfermería debe detectar precozmente estos problemas, identificar sus posibles causas, prevenir el deterioro funcional, minimizar el riesgo de caídas y úlceras por presión, controlar el dolor y reevaluar continuamente la evolución del paciente.
La decisión de alta, observación o ingreso no debe basarse únicamente en el diagnóstico, sino también en la seguridad funcional, cognitiva, farmacológica y social del paciente. Es esencial una comunicación clara con el paciente y sus cuidadores, valorar posibles situaciones de maltrato o negligencia y garantizar la continuidad de los cuidados. En pacientes con enfermedad avanzada o al final de la vida, la atención debe centrarse en el alivio del sufrimiento, el respeto a la dignidad y la calidad de vida, priorizando siempre una asistencia segura, individualizada y humanizada.
