La atención en un Incidente con Múltiples Víctimas (IMV) se organiza en dos fases principales: la fase prehospitalaria, enfocada en la respuesta inmediata en el terreno, y la fase hospitalaria, centrada en la recepción y tratamiento escalonado de víctimas en el sistema sanitario. Ambas fases deben estar estrechamente coordinadas, ya que la eficacia en cada una impacta directamente en la supervivencia, morbilidad y sostenibilidad del sistema.
FASE PREHOSPITALARIA: RESPUESTA INMEDIATA
Esta fase comienza con la detección o declaración del incidente y termina cuando la última víctima es evacuada o dada de alta in situ. Sus objetivos clave son: establecer el control del terreno, aplicar un triaje estructurado, estabilizar víctimas, coordinar evacuaciones según gravedad, y garantizar la seguridad de todos los intervinientes.
Las primeras acciones incluyen la evaluación del terreno y el establecimiento del mando único, a cargo del primer médico que llega al lugar, quien actúa como Jefe del Dispositivo Sanitario. Se activa la estructura operativa y se comunica al Centro Coordinador.
El terreno se sectoriza en zonas caliente (riesgo alto), tibia (zona operativa) y fría (segura), definiendo accesos controlados. Se instalan elementos clave como el punto de triaje, el Puesto Médico Avanzado (PMA) y se organizan las norias de evacuación, que regulan la salida ordenada de ambulancias hacia los hospitales evitando la saturación.
La coordinación interinstitucional es esencial. Los Servicios de Emergencias Médicas (SEM) se encargan del triaje, la atención médica y la evacuación. Los bomberos aseguran el entorno y extraen víctimas. Las fuerzas de seguridad controlan el perímetro y los accesos. Los psicólogos de emergencias atienden tanto a víctimas como a intervinientes.
Los factores críticos incluyen el uso de métodos de triaje validados (START, SALT), el registro adecuado de pacientes para garantizar la trazabilidad, la supervisión clínica continua y la comunicación constante con hospitales para ajustar las derivaciones.
FASE HOSPITALARIA: RECEPCIÓN Y TRATAMIENTO
Una vez que se inicia la evacuación, el sistema hospitalario absorbe a los pacientes. Sus objetivos principales son: clasificar, tratar y registrar correctamente a las víctimas, evitar la saturación y mantener la operatividad hospitalaria.
El hospital activa su Plan Interno de Emergencias Hospitalarias (PIEH), convoca al Comité de Crisis y reorganiza los espacios asistenciales. Se habilita un Área de Recepción de Múltiples Víctimas (ARMV), donde se realiza un nuevo triaje y se asignan las áreas de atención.
Si la demanda excede la capacidad, se coordinan derivaciones a centros no saturados o se habilitan hospitales de campaña. En incidentes especiales, como pandemias, se reactivan circuitos específicos, zonas de aislamiento y se refuerzan las medidas de bioseguridad.
La trazabilidad de pacientes es fundamental. Se emplean pulseras identificativas, sistemas informatizados y coordinación con entidades como Cruz Roja, Policía y Protección Civil para la gestión de fallecidos y familiares.
CONSIDERACIONES TRANSVERSALES
Ambas fases deben estar integradas por planes escalonados (de alerta a colapso), prever la descompresión progresiva del sistema y asegurar la continuidad operativa. Una interfaz fluida entre el ámbito prehospitalario y hospitalario es clave para una respuesta eficaz ante cualquier IMV.
