La presencia de cuerpos extraños vaginales constituye una urgencia ginecológica que puede afectar a mujeres de cualquier edad, aunque es más frecuente en niñas y adolescentes. Estos objetos pueden introducirse de forma accidental, voluntaria, por motivos sexuales o por olvido de dispositivos como tampones o pesarios. Los síntomas más habituales incluyen secreción vaginal maloliente, sangrado anormal, dolor pélvico, prurito vulvovaginal e infecciones urinarias recurrentes. En población pediátrica, la aparición de vulvovaginitis recurrente o sangrado genital inexplicado debe hacer sospechar la presencia de un cuerpo extraño y, en determinados casos, valorar la posible existencia de abuso sexual.
La evaluación diagnóstica se basa en la exploración física y en técnicas de visualización adaptadas a la edad de la paciente. En mujeres adultas suele utilizarse el espéculo vaginal, mientras que en niñas y adolescentes con himen íntegro la vaginoscopia es el método de elección, ya que permite la exploración y extracción bajo visión directa minimizando lesiones. También pueden emplearse pruebas de imagen como ecografía, radiografía, TAC o RMN cuando el objeto no es visible o existen complicaciones. La extracción suele realizarse mediante pinzas bajo visión directa, aunque algunos casos complejos pueden requerir analgesia, sedación o incluso intervención quirúrgica.
Las principales complicaciones asociadas son las infecciones vulvovaginales, la infección ascendente (endometritis, salpingitis o abscesos pélvicos) y lesiones traumáticas como ulceraciones, necrosis, fístulas o estenosis vaginal. Tras la extracción, es recomendable realizar cultivos de las secreciones para descartar infección y efectuar un seguimiento clínico para comprobar la resolución de los síntomas. Además, la educación sanitaria sobre el uso correcto de tampones y otros dispositivos vaginales, junto con la supervisión adecuada en la infancia, constituye una medida fundamental para prevenir nuevos episodios.
