La isquemia arterial aguda periférica es el resultado de la interrupción brusca del aporte sanguíneo a las extremidades como consecuencia de la obstrucción súbita de la arteria que las irriga o de un injerto implantado previamente, lo que origina una amenaza para la viabilidad de las mismas. También puede provocarla una hipoperfusión mantenida, generalmente por lesiones arterioescleróticas evolucionadas, que llegan a provocar un flujo arterial críticamente insuficiente, primero con el ejercicio y posteriormente con el reposo. En las extremidades inferiores, la disminución gradual del flujo arterial es generalmente asintomática, pero en ocasiones, el aumento de la demanda metabólica muscular, lleva al paciente a quejarse de dolor al caminar (claudicación intermitente). El tratamiento puede ser: farmacológico, revascularización directa, intervenciones endovasculares, y la amputación de la extremidad isquémica que es una alternativa solo para pacientes sin un lecho vascular susceptible de revascularización.
