La lesión medular aguda es una urgencia neurológica y traumática tiempo-dependiente que puede ser traumática o no traumática e incluye cuadros como la lesión medular traumática, la compresión medular aguda y el síndrome de cola de caballo. El daño neurológico puede agravarse por una lesión secundaria relacionada con edema, inflamación, hipoperfusión, hipoxemia, hipotensión o una manipulación inadecuada de la columna. Los principales signos de alarma son la debilidad o parálisis de extremidades, la pérdida sensitiva o aparición de un nivel sensitivo, la anestesia en silla de montar, la retención urinaria o incontinencia, el dolor vertebral intenso, la dificultad respiratoria y el deterioro neurológico progresivo. La tetraparesia o tetraplejia orienta a lesión cervical, mientras que la paraparesia o paraplejia puede relacionarse con lesiones torácicas, lumbares o de la cola de caballo; las lesiones cervicales altas pueden comprometer la respiración y requerir un manejo precoz de la vía aérea.
La valoración inicial debe seguir el enfoque ABCDE, manteniendo la restricción del movimiento espinal y una correcta alineación del raquis ante sospecha de lesión traumática hasta descartarla. La exploración neurológica debe valorar de forma comparativa la función motora, la sensibilidad y la función sacra y esfinteriana, identificando asimetrías, un nivel sensitivo, alteraciones perianales o pérdida del tono anal. La escala ASIA/ISNCSCI permite clasificar la gravedad de la lesión desde ASIA A, lesión completa sin función motora ni sensitiva sacra, hasta ASIA E, exploración neurológica normal. Una complicación importante es el shock neurogénico, caracterizado por hipotensión y bradicardia debido a la pérdida del tono simpático, especialmente en lesiones cervicales o torácicas altas; sin embargo, en el paciente politraumatizado siempre debe descartarse primero el shock hemorrágico. El manejo busca evitar la hipoxemia y la hipotensión y mantener una perfusión medular adecuada, individualizando los objetivos hemodinámicos.
El tratamiento inicial se basa en prevenir el daño secundario, restringir los movimientos espinales innecesarios, mantener la estabilidad respiratoria y hemodinámica y activar rápidamente el estudio especializado. La TAC de columna es fundamental en la lesión traumática, mientras que la RM urgente es la prueba de elección ante compresión medular o síndrome de cola de caballo. La presencia de anestesia en silla de montar, retención urinaria y debilidad de miembros inferiores constituye una urgencia neuroquirúrgica por el riesgo de secuelas permanentes, y los corticoides a altas dosis no se recomiendan de forma rutinaria en la lesión medular traumática aguda. El rol de enfermería es esencial para mantener la protección cervical, vigilar constantes y función respiratoria, detectar cambios motores y sensitivos, prevenir movilizaciones inadecuadas y coordinar traslados y pruebas manteniendo la alineación cabeza-cuello-tronco. El collarín cervical puede ayudar a limitar los movimientos, pero no sustituye una movilización cuidadosa y coordinada, siendo la vigilancia y la reevaluación neurológica seriada fundamentales para detectar precozmente cualquier deterioro.
