TEMA 10. PATOLOGÍA ANORECTAL


 10.1 HEMORROIDES

Las hemorroides son estructuras vasculares normales del canal anal que, al inflamarse o dilatarse, pueden causar síntomas como dolor, prurito y sangrado rectal. Se clasifican en internas y externas, y su gravedad varía desde molestias leves hasta trombosis severa.

 

 10.1.1 Etiología

Las hemorroides se producen por la dilatación y prolapso de las almohadillas hemorroidales, resultado de la congestión venosa, debilidad del tejido de sostén y factores predisponentes.

Los factores de riesgo para su desarrollo, por tanto, se relacionan principalmente con incremento de la presión venosa en el plexo hemorroidal y alteraciones de la función del tejido conectivo anal.

Factores relacionados con el estilo de vida

  • Estreñimiento crónico: esfuerzos prolongados durante la defecación aumentan la presión en el canal anal.
  • Diarrea crónica: irritación y aumento de presión repetida.
  • Sedentarismo: favorece estasis venosa y debilidad de la musculatura pélvica.
  • Dieta pobre en fibra: dificulta la consistencia fecal y provoca esfuerzo defecatorio.

Factores fisiológicos y médicos

  • Edad avanzada: degeneración del tejido conectivo y pérdida de soporte de los plexos hemorroidales.
  • Embarazo: aumento de la presión intraabdominal y cambios hormonales que predisponen a dilatación venosa.
  • Obesidad: presión abdominal crónica.
  • Enfermedades hepáticas: hipertensión portal que favorece congestión venosa anal.
  • Trastornos que aumentan la presión intraabdominal: tos crónica, levantamiento de peso intenso.

Factores genéticos y estructurales

  • Predisposición familiar a debilidad del tejido conectivo y dilatación venosa.
  • Alteraciones anatómicas del canal anal que favorecen congestión venosa.

 

10.1.2 Clasificación

Puede ser externas e internas. Las externas se localizan en el tercio distal del canal anal o en el orificio anal y están cubiertas por piel. Mientras que las internas se encuentran proximales a la línea pectínea, en los dos tercios superiores del canal y están cubiertas por mucosas.

 

10.1.3 Manifestaciones clínicas

Los síntomas frecuentes atribuibles a las hemorroides son la hemorragia, el prurito, el prolapso y la inflamación. El dolor suele aparecer solo con la trombosis.

 

10.1.4 Tratamiento

La mayor parte de los pacientes con patología hemorroidal pueden ser tratados con éxito con medidas no quirúrgicos, de hecho siempre debemos iniciar el tratamiento con medidas conservadoras y farmacológicas sintomáticas antes de derivar a procedimientos o cirugía. Sin embargo, hay un grupo de pacientes que pueden requerir de tratamiento quirúrgico. 

Medidas no quirúrgicas o conservadoras:

  • Ingesta adecuada de líquidos (bebidas no alcohólicas y no cafeinadas), 
  • Dieta rica en fibra o suplementos de fibra (20-30 g al día). 
  • Recomendar evitar la presión abdominal y los períodos prolongados de asiento en el inodoro.
  • Baños de asiento con agua tibia (15 min, 2-3 veces/día)
  • En las hemorroides externas se recomienda además una higiene anal adecuada, lavado suave del área anal y evitar el roce agresivo con tejidos rugosos.
  • Si las heces siguen siendo duras, se pueden añadir ablandadores de heces, como el docusato sódico.
  • Fármacos:
    - Tópicos con anestésicos o combinaciones específicas (p. ej., nifedipino + lidocaína) pueden ser útiles en episodios dolorosos intensos o hemorroides trombosadas sin indicación quirúrgica inmediata
    - Analgésicos orales (paracetamol, AINEs sino hay contraindicación).

Ante la presencia de:

Rectorragia por hemorroides internas.

  • Rectorragia escasa y autolimitada:
    - Limpieza local, frío local (dedil agua congelada) y laxantes y dieta rica en fibra.
  • Rectorragia continua o masiva
    - Estabilización hemodinámica y tratamiento quirúrgico (esclerosis, ligadura con bandas elásticas es el gold standard) o escisión quirúrgica urgente. 
  • Trombosis hemorroidal externa: dependiendo del tiempo de evolución y clínica se valorará el trtaamiento conservador o puede beneficiarse de trombectomía o excisión quirúrgica del coágulo bajo anestesia local.
  • Encarcelación o estrangulación de la hemorroide con necrosis, recurrencia, ulceración, sangrado intenso y/o dolor intratable: se valora el tratamiento quirúrgico. 

Por tanto, si signos de infección, necrosis o hemorragia que no cede, requieren

valoración y derivación para tratamiento específico.

 

10.2 FISURA ANAL

Herida longitudinal en el canal anal distal a la línea dentada. Las fisuras pueden ser agudas o crónicas. Las fisuras puedesn ser agudas o crónicas:

  • Agudas: son un desgarro en el anodermo sin exposición de fibras del esfínter interno y se resuelven en 4-6 semanas.
  • Crónicas: presentan bordes fibrosos y ulceración profunda con exposición del músculo esfínter interno subyacente y tardan entre 6 y 8 semanas en resolverse.

 

 

10.2.1 Etiología

Las fisuras anales se producen típicamente tras un movimiento intenso y mantenido del intestino, pero también pueden aparecer por diarrea, enfermedad inflamatoria intestinal o causas desconocidas. La etiología exacta de las mismas se desconoce; sin embargo, una reducción del flujo sanguíneo anodérmico asociada a una hipertonicidad del esfínter anal interno es la fisiología acompañante más frecuente.

 

10.2.2 Manifestaciones clínicas

Dolor anal intenso, intermitente, urente asociado a la defecación (durante e inmediatamente después). Puede asociarse con sangrado fresco, aunque de muy escasa cantidad, y sensación de corte que dura varias horas. Supone la causa más frecuente de rectorragia dolorosa.

En la exploración la retracción de glúteos y piel anal produce un dolor considerable y un espasmo intenso que imposibilita la palpación rectal.

 

10.2.3 Tratamiento

La terapia conservadora se ha consolidado como un tratamiento eficaz y seguro por lo que hoy se considera el primer escalón de tratamiento.

  • Baños de asiento con agua templada para el reblandecimiento del bolo fecal.
  • Dieta rica en fibra y abundantes líquidos.
  • Pomadas con anestésicos locales de uso autolimitado para disminuir el dolor agudo (Lidocaína, tetracaína, corticoides) aplicándose 15 minutos antes de la defecación. Puede asociarse AINE o pirazolonas y relajante muscular oral.
  • La administración de toxina botulínica relaja el esfínter anal en la fisura crónica.

La esfinterotomía lateral interna (ELI) es la técnica quirúrgica en el tratamiento de la fisura anal que no responde al tratamiento conservador.

 

10.3 ABSCESOS ANORRECTALES

Son procesos infecciosos localizados en los diferentes compartimentos o espacios anatómicos de la zona anorrectal y estructuras adyacentes.

Según su localización se clasifican en:

  • Perianales.
  • Isquiorrectales.
  • Submucosos.
  • Supraelevador o pelvirrectales.


Los abscesos perianales suponen una colección purulenta en alguno de los compartimentos anatómicos del área perianal y son la localización más frecuente.

Imagen 4: Diferentes abscesos anorrectales

 

10.3.1 Etiología

La mayoría de los abscesos se explican por la teoría criptoglandular por obstrucción e infección de las glándulas a nivel de la línea pectinea. El resto de abscesos pueden ser manifestación de otras patologías: enfermedad inflamatoria, traumatismos o existencia de enfermedad neoplásica (Carcinoma, linfoma...).

 

10.3.2 Manifestaciones clínicas

El absceso se asocia a la presencia de proctalgia, fiebre y signos inflamatorios locales. La presencia de síntomas urinarios como disuria o retención puede deberse a la existencia de un absceso interesfinteriano o pelvirrectal, que ocasiona típicamente un cuadro séptico.

El tacto rectal detecta una masa hipersensible o área de induración con o sin fluctuación, con dolor a la palpación.

 

10.3.3 Tratamiento

Drenaje quirúrgico bajo anestesia general o regional.

 

10.4 FÍSTULA ANAL

Comunicación inflamatoria entre el canal y la piel perianal. Generalmente, se desarrolla como una complicación de un absceso anorrectal que no ha cicatrizado adecuadamente. Otras causas incluyen enfermedades inflamatorias intestinales, tuberculosis, radioterapia y traumatismos. Es más frecuente entre hombres de mediana edad y habitualmente existen antecedentes de absceso perianal.

 

10.4.1 Manifestaciones clínicas

Los síntomas comunes incluyen:

  • Secreción purulenta o sanguinolenta por el orificio externo.
  • Dolor perianal, especialmente durante la defecación.
  • Inflamación o induración en la región perianal.
  • Prurito o irritación cutánea.

En casos de infección aguda, puede haber fiebre y signos sistémicos de sepsis.

Se puede palpar el trayecto fistuloso en el tacto rectal.

 

10.4.2 Tratamiento

El tratamiento incluye medidas higiénico-dietéticas y analgésicos. En caso de evolución a absceso anorrectal se debe realizar drenaje quirúrgico bajo anestesia. 

El tratamiento depende de la complejidad y ubicación de la fístula:

  • Fistulotomía: apertura del trayecto fistuloso para permitir su cicatrización.
  • Colgajo de avance endorrectal: utilizado en fístulas complejas para preservar la función esfinteriana.
  • Ligadura del trayecto fistuloso interesfinteriano (LIFT): técnica que permite el cierre del trayecto sin seccionar los esfínteres.
  • Setón: colocación de un hilo en el trayecto fistuloso para facilitar el drenaje y posterior tratamiento definitivo.
  • Selladores de fibrina o tapones de colágeno: opciones menos invasivas para cerrar el trayecto fistuloso.

En casos asociados a enfermedad de Crohn, se puede considerar el uso de terapias biológicas como los anti-TNF.

 

10.5 SINUS PILONIDAL

Tumoración localizada a nivel sacroccocígeo, a nivel medial o paramedial , y a unos 4-5 cm por encima del ano.

El sinus pilonidal es una afección inflamatoria crónica en la región sacrococcígea, caracterizada por la formación de un quiste que puede infectarse y formar abscesos.

Más frecuente en hombres jóvenes obesos.

 

10.5.1 Manifestaciones clínicas

Habitualmente se trata de una patología asintomática hasta que se infecta y abscesífica. El dolor es intermitente asociado a la defecación. Es frecuente la presencia de secreción de pus, líquido sero-hemático o fecaloideo por el orificio externo. Se puede palpar el trayecto fistuloso en el tacto rectal.

 

10.5.2 Tratamiento

La exploración de los abscesos perianales debe realizarse en la camilla con el paciente en posición decúbito lateral izquierdo con rodillas y muslos flexionados hacia el pecho, debiendo separarse cuidadosamente los glúteos y realizando posteriormente el tacto rectal. 

El tratamiento incluye medidas higiénico-dietéticas, analgésicos y antibióticos. En la primera fase se administran antibióticos y AINEs. En caso de evolución a absceso anorrectal se debe realizar drenaje quirúrgico bajo anestesia. 

La enfermería desempeña un papel crucial en la atención de pacientes con patologías anorrectales agudas:

  • Valoración Integral: Evaluar síntomas, signos vitales y estado general del paciente.
  • Educación al Paciente: Brindar información sobre la enfermedad, tratamiento y cuidados en el hogar.
  • Prevención de Complicaciones: Identificar signos de alarma y actuar de manera oportuna.
  • Apoyo Psicológico: Ofrecer contención emocional y apoyo durante el proceso de tratamiento y recuperación.

 

10.5.3 Cuerpos extraños

Suele tratarse de cuerpos extraños ingeridos (huesos de pollo, espinas de pescado, palillos de dientes...) y que en el momento de la defecación se enclavan en el ano. Producen dolor agudo muy intenso, súbito en el momento de la defecación y que persiste. El paciente suele acudir de inmediato a urgencias. Puede acompañarse de fiebre, escalofrío y leve sangrado. El tacto rectal suele ser imposible y se debe evitar. Deben ser sometidos a exploración bajo anestesia. Otras veces son cuerpos extraños introducidos por el paciente en relación por lo general con prácticas sexuales y en estos casos no suele existir dolor. 

Si el objeto está bajo (ampolla rectal) se administra un sedante y se extrae digitalmente o por rectoscopio. Si no se consigue, la extracción quirúrgica.

 

10.6 BROTE AGUDO DE ENFERMEDAD INFLAMATORIA INTESTINAL EN URGENCIAS

10.6.1 Clínica

El brote agudo de enfermedad inflamatoria intestinal (EII), tanto en colitis ulcerosa como en enfermedad de Crohn, se caracteriza por un empeoramiento de la actividad inflamatoria intestinal con aparición o intensificación de síntomas digestivos y sistémicos. La clínica habitual incluye diarrea inflamatoria, con o sin sangre, dolor abdominal de intensidad variable, urgencia defecatoria, tenesmo, fiebre, astenia y pérdida de peso. En brotes más graves pueden observarse signos de deshidratación, anemia, taquicardia, hipotensión o deterioro del estado general.

La presentación clínica puede variar en función de la extensión y localización de la enfermedad, siendo fundamental diferenciar el brote inflamatorio de otras causas de empeoramiento clínico, como infecciones digestivas o complicaciones estructurales.

 

10.6.2 Abordaje inicial en urgencias

El abordaje inicial debe orientarse a valorar la gravedad del brote y a descartar complicaciones potencialmente graves.

La evaluación incluye el control de constantes vitales, la valoración del estado de hidratación, el número y características de las deposiciones, la cuantía del sangrado digestivo y la intensidad del dolor abdominal. Es prioritario identificar signos de alarma que sugieran brote grave o complicación asociada, como fiebre persistente, taquicardia, anemia significativa, distensión abdominal o dolor abdominal intenso.

Desde el punto de vista diagnóstico, se solicitarán analíticas básicas para valorar anemia, inflamación y alteraciones hidroelectrolíticas, así como estudios microbiológicos para descartar infección concomitante, especialmente Clostridioides difficile, antes de intensificar el tratamiento inmunosupresor.

 

10.6.3 Tratamiento

El tratamiento del brote agudo de EII depende de la gravedad del cuadro. En brotes leves puede ser suficiente el ajuste del tratamiento habitual y medidas de soporte. En brotes moderados o graves, el tratamiento de elección suele ser la administración de corticoides sistémicos, habitualmente por vía intravenosa en el ámbito hospitalario, con el objetivo de controlar la actividad inflamatoria.

En pacientes con mala respuesta a corticoides o con brotes graves refractarios, puede ser necesario iniciar tratamientos avanzados, como fármacos biológicos o inmunomoduladores, siempre bajo supervisión especializada. Antes de intensificar la inmunosupresión, es imprescindible descartar infecciones activas que puedan justificar el empeoramiento clínico.

 

10.6.4 Manejo enfermero

La enfermería desempeña un papel clave en la valoración continua y el soporte del paciente con brote agudo de EII. Entre las intervenciones prioritarias se incluyen la monitorización de constantes vitales, el control del balance hídrico, la valoración seriada del dolor y la observación de la evolución de la diarrea y el sangrado digestivo. Es fundamental mantener una adecuada reposición hidroelectrolítica y adaptar la dieta o el ayuno según la tolerancia clínica y la indicación médica.

Es fundamental la administración segura del tratamiento prescrito, especialmente de los corticoides sistémicos, y de la vigilancia de posibles efectos adversos.  Asimismo, se debe evitar la administración de fármacos contraindicados, como los antiinflamatorios no esteroideos, y colaborar en la preparación del paciente para pruebas complementarias o procedimientos indicados.

La educación sanitaria básica, orientada a explicar el proceso, reforzar la adherencia terapéutica y reconocer signos de alarma, forma parte del abordaje integral, incluso en el contexto de urgencias.

 

10.6.5 Complicaciones

Los brotes agudos de EII pueden asociarse a complicaciones graves que requieren detección precoz. Entre las más relevantes se encuentran el megacolon tóxico, la perforación intestinal, la hemorragia digestiva significativa, la sepsis y las alteraciones hidroelectrolíticas severas. Estas situaciones pueden comprometer la vida del paciente y requieren manejo hospitalario urgente, con participación multidisciplinar.

La vigilancia enfermera continua resulta fundamental para identificar cambios clínicos sugestivos de complicación y comunicar de forma inmediata cualquier signo de deterioro.

 

10.6.7 Intervención enfermera

  • Monitorización de signos vitales (6680)
  • Monitorización de líquidos / balance hídrico (4130)
  • Valoración del dolor (3000)
  • Monitorización gastrointestinal (0470)
  • Administración de medicación (2300)
  • Terapia intravenosa (4200)
  • Manejo de la nutrición (1100) (ayuno, progresión dietética)
  • Prevención de infecciones (6550) (especialmente con inmunosupresión)
  • Vigilancia de la respuesta al tratamiento (4090)
  • Manejo de la diarrea (0460)
  • Enseñanza: medicamentos prescritos (5616)
  • Enseñanza: identificación de riesgos (6610)
  • Enseñanza: proceso de la enfermedad (5602)

Prevención y vigilancia

  • Prevención de infecciones (6550) (especialmente con inmunosupresión)
  • Vigilancia de la respuesta al tratamiento (4090)
  • Manejo de la diarrea (0460)

Educación sanitaria

  • Enseñanza: medicamentos prescritos (5616)
  • Enseñanza: identificación de riesgos (6610)
  • Enseñanza: proceso de la enfermedad (5602)

 

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