El priapismo y las demás urgencias andrológicas son cuadros agudos del pene que comprometen su función y su integridad y requieren actuación inmediata para evitar daño tisular irreversible, disfunción eréctil y necrosis. El priapismo se define como una erección persistente, dolorosa e independiente de estímulo sexual, y se clasifica en isquémico (el más frecuente y grave, por bloqueo del drenaje venoso con estasis, hipoxia y acidosis en los cuerpos cavernosos), no isquémico (por hiperaflujo arterial, habitualmente tras traumatismo y menos doloroso) y recurrente (episodios repetidos, típico en hematopatías como la anemia falciforme). Otras urgencias andrológicas son la parafimosis (prepucio retraído que queda atrapado detrás del glande, con edema y compromiso vascular), la fimosis complicada (inflamación/infección que impide la retracción del prepucio) y la fractura de pene (rotura de la túnica albugínea en erección, con dolor súbito, hematoma y deformidad). Clínicamente se manifiestan por erección prolongada y dolorosa, tumefacción y cambios de coloración del pene, dificultad para retraer o recolocar el prepucio, deformidad y hematoma en la fractura, así como alteraciones miccionales, hematuria o signos de infección en algunos casos. La exploración física valora coloración, edema, deformidad y dolor a la palpación, y se completa en el priapismo isquémico con aspiración de sangre cavernosa y gases, para diferenciarlo del no isquémico.
El tratamiento debe ser rápido y específico según la causa: en el priapismo isquémico se realiza aspiración de sangre de los cuerpos cavernosos, lavado con suero y administración intracavernosa de vasoconstrictores (p. ej. fenilefrina); el priapismo no isquémico suele manejarse de forma conservadora, reservando la embolización arterial para casos persistentes; en la parafimosis es obligada la reducción manual urgente y, si no se consigue, la corrección quirúrgica (circuncisión); la fimosis complicada se maneja con tratamiento médico local y, en casos graves, cirugía; y la fractura de pene exige reparación quirúrgica inmediata de la túnica albugínea y drenaje del hematoma para evitar fibrosis y deformidad. Las intervenciones enfermeras se centran en la valoración exhaustiva y monitorización del dolor, la administración segura de analgésicos y otros fármacos, la vigilancia hemodinámica y de la función urinaria, así como en la observación estrecha de la evolución del edema, coloración y posibles complicaciones (necrosis, infección, retención urinaria). Además, se debe educar al paciente sobre la importancia de acudir precozmente ante una erección prolongada o cambios agudos en el pene, ya que el retraso en la consulta aumenta de forma notable el riesgo de secuelas permanentes.
