Las urgencias urológicas y ginecológicas en la mujer incluyen condiciones que afectan el tracto urinario, genital y perineal, representando un riesgo significativo para la función renal, sexual y reproductiva si no se manejan de forma inmediata. Entre estas situaciones destacan la retención urinaria aguda, incontinencia urinaria, prolapso uterino incarcerado, cistitis enfisematosa y complicaciones posparto como hematomas vulvares o desgarros perineales. La evaluación rápida, el diagnóstico preciso y la intervención adecuada son fundamentales para prevenir secuelas graves.
11.1 RETENCIÓN URINARIA FEMENINA
11.1.1 Concepto
La retención urinaria se define como la incapacidad súbita para vaciar la vejiga, lo que provoca distensión vesical, malestar abdominal y posible compromiso de la función urinaria.
La retención urinaria femenina es una urgencia urológica que puede ser transitoria o persistente, y que requiere atención inmediata para prevenir complicaciones renales o infecciosas. La evaluación rápida permite determinar la causa y aplicar medidas de descompresión adecuadas.
Imagen: https://clinica-urosalud.es/todo-lo-que-debes-saber-sobre-la-retencion-aguda-de-orina/
11.1.2 Etiología
Entre las principales causas destacan factores obstructivos, funcionales e iatrogénicos:
- Obstrucción mecánica: tumores de vejiga, litiasis uretral o vaginal, prolapso genital que comprime la uretra.
- Fármacos con efecto anticolinérgico: como antihistamínicos, antidepresivos tricíclicos o bloqueadores musculares.
- Infecciones urinarias o inflamación uretral: edema de la mucosa que dificulta el flujo urinario.
- Postoperatorio o anestesia reciente: pérdida temporal del reflejo miccional.
11.1.3 Fisiopatología
Los mecanismos que conducen a la retención urinaria incluyen:
- Acumulación de orina: la vejiga se distiende progresivamente, causando malestar abdominal.
- Presión intravesical elevada: el aumento de presión comprime la uretra y dificulta la micción.
- Riesgo de reflujo vesicoureteral: si la retención se prolonga, la presión puede afectar ureteres y riñones.
- Hipotonía del detrusor: la distensión prolongada puede inhibir la contracción vesical, dificultando aún más el vaciado.
11.1.4 Manifestaciones clínicas
Los signos y síntomas característicos incluyen:
- Distensión vesical dolorosa y visible en la región suprapúbica.
- Sensación de urgencia urinaria sin éxito para orinar.
- Malestar abdominal bajo o dolor lumbar asociado.
- Posible sensación de plenitud pélvica o presión en la vagina.
11.1.5 Exploración física
La evaluación física permite identificar hallazgos clave para el diagnóstico, tales como:
- Palpación de vejiga palpable suprapúbica, tensa y dolorosa.
- Dolor a la palpación abdominal baja y región pélvica.
- Observación de signos de infección: fiebre, malestar general o cambios en el color de la orina.
- Evaluación de reflejos miccionales y tono uretral cuando sea posible, para evaluar la función del detrusor y la integridad neurológica.
11.1.6 Complicaciones
- Infección urinaria secundaria por estasis de orina.
- Deterioro renal agudo por reflujo prolongado.
- Hematuria o daño vesical.
- Hipotonía del detrusor permanente si la retención es crónica.
11.1.7 Tratamiento
El manejo clínico se centra en la descompresión vesical y tratamiento de la causa subyacente:
- Cateterización vesical inmediata: para aliviar la distensión y prevenir daño renal.
- Evaluación de la causa subyacente: estudios de imagen, revisión de fármacos y examen ginecológico.
- Tratamiento específico: cirugía o medicación según la etiología (obstrucción mecánica, infección, fármacos).
- Analgesia y control de signos vitales: para confort del paciente y detección temprana de complicaciones.
11.1.8 Intervenciones enfermeras
- Manejo del dolor (1400)
- Realizar una valoración exhaustiva del dolor que incluya la localización, características, aparición / duración, frecuencia, calidad, intensidad o severidad del dolor y factores desencadenantes.
- Asegurarse de que el paciente reciba los cuidados analgésicos correspondientes.
- Administración de analgésicos (2210)
- Evaluar previamente la intensidad, localización y características del dolor utilizando escalas estandarizadas.
- Administrar los analgésicos prescritos según indicación médica, vigilando posibles efectos adversos o reacciones.
- Observar la respuesta del paciente al medicamento, registrar cambios en la intensidad del dolor y notificar al equipo de salud cualquier efecto no esperado.
- Monitorización de diuresis y signos vitales (6680)
- Vigilar de manera continua la cantidad, frecuencia y características de la orina. Controlar signos vitales periódicamente, incluyendo presión arterial, frecuencia cardíaca y temperatura. Observar signos de distensión vesical o malestar abdominal, documentando cualquier cambio y notificando al equipo médico de forma inmediata.
- Cateterización y cuidado del dispositivo (1600)
- Mantener asepsia estricta durante la inserción y manejo del catéter urinario. Verificar posición y permeabilidad del dispositivo, prevenir infecciones y controlar la cantidad y características de la orina drenada. Educar al paciente sobre cuidados del catéter, higiene íntima y signos de alarma.
11.1.9 Observaciones enfermeras
Es fundamental controlar la diuresis, registrando cantidad, color y características de la orina, así como documentar la respuesta al catéter y analgesia. Observar signos de infección, malestar abdominal o complicaciones renales.
11.2 PROLAPSO UTERINO INCARCERADO
11.2.1 Concepto
Se define como el descenso irreductible del útero hacia la vagina que provoca atrapamiento y riesgo de compromiso vascular, pudiendo asociarse a retención urinaria y edema del tejido prolapsado.
Este tipo de prolapso se diferencia de los prolapsos uterinos reductibles por la incapacidad de reposicionar el órgano de manera manual, lo que aumenta el riesgo de necrosis, infección y complicaciones urológicas o gastrointestinales.

Imagen: https://www.reproduccionasistida.org/prolapso-uterino/
11.2.2 Etiología
Entre las causas más frecuentes destacan factores obstétricos, quirúrgicos y funcionales:
- Debilidad de los ligamentos uterinos o del suelo pélvico: favorece la caída del útero hacia la vagina.
- Postparto reciente o trauma obstétrico: genera laxitud y debilitamiento de los tejidos de sostén.
- Cirugía pélvica previa o manipulación instrumental: puede alterar la anatomía y comprometer la estabilidad uterina.
- Aumento repentino de presión intraabdominal: tos intensa, esfuerzo físico o constipación crónica que favorecen el descenso del útero.
- Factores asociados: menopausia con déficit estrogénico, obesidad, multiparidad o envejecimiento de los tejidos.
11.2.3 Fisiopatología
Los mecanismos que producen el prolapso uterino incarcerado incluyen:
- Debilidad del soporte ligamentario y muscular pélvico, que permite el descenso del útero hacia la vagina.
- Descenso del útero con atrapamiento irreductible, generando compresión de la uretra y la vejiga.
- Retención urinaria secundaria por obstrucción parcial o completa del flujo uretral.
- Edema del cuello uterino y tejido prolapsado, causado por compromiso vascular y atrapamiento prolongado.
- Riesgo de necrosis y alteración de la microcirculación, que puede derivar en infección local o sistémica.
11.2.4 Manifestaciones clínicas
Los signos y síntomas característicos incluyen:
- Masa visible en la vagina o vulva, irreductible al intento de reposición manual.
- Dolor pélvico o abdominal bajo, que aumenta con la presión o actividad.
- Dificultad para orinar o sensación de vaciado incompleto.
- Edema, enrojecimiento o cambios de color en el tejido prolapsado.
- Sensación de presión, incomodidad y malestar general.
- Posible retención urinaria, náuseas o síntomas de infección si el tejido se compromete.
11.2.5 Exploración física
La evaluación física permite identificar hallazgos fundamentales para el diagnóstico, tales como:
- Inspección de vulva y canal vaginal: masa prolapsada, edema, cambios de coloración y signos de irritación o necrosis.
- Palpación del tejido: dolor, tensión, firmeza y consistencia del cuello uterino y del útero prolapsado.
- Evaluación de función vesical: detección de retención urinaria, dificultad para iniciar micción o vejiga distendida.
- Observación de signos de necrosis o compromiso vascular: cianosis, hiperpigmentación, secreción fétida o necrosis parcial del tejido.
- Valoración general: signos vitales, dolor, ansiedad y malestar emocional.
11.2.6 Complicaciones
- Necrosis del cuello uterino y tejido prolapsado por compromiso vascular.
- Retención urinaria y disfunción vesical aguda.
- Infección local o sistémica derivada de necrosis o estasis urinaria.
- Dolor intenso y deterioro de la calidad de vida.
- Alteraciones psicológicas por ansiedad, vergüenza y malestar.
11.2.7 Tratamiento
El manejo clínico se centra en la reducción inmediata y preservación del tejido:
- Reducción manual del prolapso: bajo analgesia o anestesia local para disminuir dolor y facilitar manipulación.
- Cateterización vesical: si hay retención urinaria para prevenir daño vesical y aliviar distensión.
- Cirugía de corrección: indicada si la reducción manual no es posible o si hay necrosis del tejido prolapsado.
- Control de edema y seguimiento postoperatorio: observación estrecha del tejido y signos vitales, así como medidas de soporte.
- Medidas de confort: analgesia, reposo y cuidado de la piel y mucosa perineal.
11.2.8 Intervenciones enfermeras
- Manejo del dolor (1400)
- Realizar una valoración exhaustiva del dolor que incluya la localización, características, aparición / duración, frecuencia, calidad, intensidad o severidad del dolor y factores desencadenantes.
- Asegurarse de que el paciente reciba los cuidados analgésicos correspondientes.
- Administración de analgésicos (2210)
- Evaluar previamente la intensidad, localización y características del dolor utilizando escalas estandarizadas.
- Administrar los analgésicos prescritos según indicación médica, vigilando posibles efectos adversos o reacciones.
- Observar la respuesta del paciente al medicamento, registrar cambios en la intensidad del dolor y notificar al equipo de salud cualquier efecto no esperado.
- Monitorización de diuresis y signos vitales (6680)
- Vigilar de manera continua la cantidad, frecuencia y características de la orina. Controlar signos vitales periódicamente, incluyendo presión arterial, frecuencia cardíaca y temperatura.
- Observar signos de distensión vesical o malestar abdominal, documentando cualquier cambio y notificando al equipo médico de forma inmediata.
11.2.9 Observaciones enfermeras
Registrar cambios en el prolapso tras reducción, función vesical, edema, dolor y signos de necrosis o infección. Garantizar reposo y confort del paciente. Educar sobre seguimiento médico, medidas de higiene, ejercicios de fortalecimiento del suelo pélvico y prevención de recurrencias, asegurando continuidad de cuidados y seguridad de la paciente.
11.3 CISTITIS ENFISEMATOSA
11.3.1 Concepto
Se define como una infección grave de la vejiga caracterizada por la presencia de gas en la pared vesical, producido por bacterias anaerobias o facultativas, que puede comprometer la función urinaria y generar complicaciones potencialmente mortales.
Esta patología se diferencia de la cistitis común por la formación de gas intramural y la rápida progresión clínica que puede derivar en sepsis y perforación vesical.
11.3.2 Etiología
Entre las causas y factores de riesgo más importantes destacan:
- Infección por bacterias productoras de gas: principalmente Escherichia coli, Klebsiella pneumoniae y otras enterobacterias.
- Diabetes mellitus no controlada: hiperglucemia que facilita crecimiento bacteriano y producción de gas.
- Obstrucción urinaria previa: litiasis, estenosis uretral o tumores que generan estasis de orina.
- Inmunosupresión: pacientes con VIH, trasplantes o tratamiento inmunosupresor.
- Factores adicionales: edad avanzada, cateterización crónica o antecedentes de infecciones urinarias recurrentes.
11.3.3 Fisiopatología
Los mecanismos que conducen a la cistitis enfisematosa incluyen:
- Proliferación bacteriana en la pared vesical, con producción de gas como subproducto metabólico.
- Inflamación vesical que provoca dolor, hematuria y disfunción del detrusor.
- Distensión vesical y compromiso mucoso, facilitando irritación y dolor suprapúbico.
- Riesgo de sepsis si la infección progresa y las bacterias ingresan al torrente sanguíneo.
- Compromiso sistémico por bacteriemia, pudiendo generar hipotensión, choque séptico e insuficiencia orgánica múltiple.
- Debilidad del soporte ligamentario y muscular pélvico, que permite el descenso
11.3.4 Manifestaciones clínicas
Los signos y síntomas característicos incluyen:
- Dolor suprapúbico intenso y sensación de presión vesical.
- Disuria, polaquiuria y hematuria macroscópica o microscópica.
- Fiebre, escalofríos y malestar general.
- Náuseas, vómitos o síntomas sistémicos si hay progresión a sepsis.
- Irritación perineal o sensación de urgencia constante.
11.3.5 Exploración física
La evaluación física permite identificar hallazgos clínicos que orientan al diagnóstico:
- Dolor a la palpación suprapúbica y sensibilidad abdominal baja.
- Distensión vesical detectable en algunos casos.
- Evaluación de signos vitales: fiebre, hipotensión, taquicardia.
- Valoración general de estado de conciencia, coloración de piel y signos de deshidratación.
- Crepitación suprapúbica: en casos avanzados, la palpación de la pared abdominal baja o suprapúbica puede revelar sensación de burbujeo o crepitación, debido a la presencia de gas dentro de la pared vesical.
- Posible detección de edema o signos de compromiso sistémico.
11.3.6 Complicaciones
- Sepsis y choque séptico por bacteriemia.
- Necrosis de la pared vesical o perforación con riesgo de peritonitis.
- Insuficiencia renal secundaria a obstrucción o infección sistémica.
- Alteraciones hemodinámicas graves y fallo orgánico múltiple.
11.3.7 Tratamiento
El manejo clínico se centra en el control de la infección, descompresión vesical y prevención de complicaciones:
- Antibióticos de amplio espectro ajustados según cultivo y sensibilidad.
- Cateterización vesical para descompresión de la vejiga y evacuación de orina infectada.
- Cirugía en casos de necrosis, perforación o fracaso del tratamiento médico.
- Medidas de soporte: hidratación, analgesia, monitorización de signos vitales y corrección de comorbilidades como diabetes.
11.3.8 Intervenciones enfermeras
- Control de signos vitales y estado general (6680)
- Vigilar de manera continua presión arterial, frecuencia cardíaca, temperatura y saturación de oxígeno. Detectar signos de sepsis o compromiso hemodinámico.
- Mantenimiento de catéter y asepsia (1600)
- Garantizar higiene estricta del catéter urinario, controlar permeabilidad y prevenir infecciones secundarias. Documentar cantidad y características de la orina.
- Vigilancia de respuesta a antibióticos y signos de sepsis (2300)
- Observar evolución clínica, temperatura, dolor y laboratorio cuando esté disponible. Registrar efectividad del tratamiento antibiótico y cualquier reacción adversa.
11.3.9 Observaciones enfermeras
Controlar dolor, diuresis, color y características de la orina. Observar signos de infección, fiebre o deterioro sistémico. Mantener reposo, confort y monitorización continua. Educar al paciente sobre higiene, importancia de cumplimiento de antibióticos y seguimiento médico para prevenir recurrencias y complicaciones graves.
11.4 HEMATOMA VULVAR POSTPARTO
11.4.1 Concepto
Se define como la acumulación de sangre en los tejidos vulvares debido a ruptura de vasos sanguíneos durante el parto, que provoca dolor intenso, edema, aumento de volumen y posible compromiso funcional temporal de la región perineal.
Este tipo de hematoma puede variar desde pequeño y autolimitado hasta masivo, requiriendo intervención quirúrgica urgente para drenaje y control de hemorragia.
Imagen: https://sintesis.med.uchile.cl/programas-ministeriales/14590-2-desgarros-vaginales-y-hematomas
11.4.2 Etiología
Entre las causas más frecuentes destacan:
- Parto vaginal complicado o prolongado.
- Uso de instrumentos obstétricos (fórceps, ventosa).
- Episiotomía o manipulación obstétrica durante el parto.
- Distensión excesiva de tejidos vulvares por parto de feto macrosómico.
- Fragilidad vascular o presencia de coagulopatías maternas.
- Historia previa de hematomas posparto.
11.4.3 Fisiopatología
Los mecanismos que conducen a la formación del hematoma incluyen:
- Traumatismo tisular durante el parto → ruptura de vasos sanguíneos superficiales y profundos de la vulva.
- Acumulación de sangre en los tejidos subcutáneos → hematoma visible o palpable, que puede aumentar progresivamente de tamaño.
- Inflamación local → dolor, enrojecimiento y edema de la zona afectada.
- Riesgo de infección secundaria si hay contaminación bacteriana.
- Hemorragia significativa → posible anemia aguda, hipotensión y malestar general.
- Compromiso funcional temporal → dolor y limitación para caminar, sentarse o realizar micción.
11.4.4 Manifestaciones clínicas
Los signos y síntomas característicos incluyen:
- Dolor intenso localizado en la vulva o región perineal, a veces irradiado a la parte inferior del abdomen.
- Masa palpable o visible en la vulva, con tensión y cambios en la coloración (violácea o azulada).
- Edema significativo que puede dificultar la deambulación.
- Malestar general, palidez o mareo si el sangrado es importante.
- Sensación de presión en la uretra o dificultad para orinar en casos de hematomas grandes.
11.4.5 Exploración física
La evaluación física permite identificar hallazgos clave para el diagnóstico y la gravedad:
- Inspección de la vulva: hematoma, aumento de volumen, cambios de coloración y extensión del área afectada.
- Palpación: dolor a la presión, tensión, tamaño y consistencia del hematoma.
- Evaluación hemodinámica: signos vitales, estimación de pérdida sanguínea, palidez o taquicardia.
- Valoración funcional: dificultad para orinar, deambular o sentarse debido al dolor o tamaño del hematoma.
- Detección de signos de infección: calor local, eritema, secreción o mal olor.
11.4.6 Complicaciones
- Hemorragia significativa → anemia posparto, mareos y riesgo de hipovolemia.
- Infección local o sistémica → celulitis o sepsis.
- Dolor intenso y limitación funcional temporal.
- Retardo en la recuperación posparto y dificultad para la lactancia o cuidados neonatales.
11.4.7 Tratamiento
El manejo clínico se centra en el control del hematoma, prevención de complicaciones y alivio del dolor:
- Drenaje quirúrgico de hematomas grandes o progresivos para controlar sangrado y presión sobre tejidos circundantes.
- Analgesia efectiva mediante fármacos prescritos y medidas de confort (compresas frías, reposo).
- Antibióticos profilácticos en caso de riesgo de infección.
- Monitorización hemodinámica para prevenir hipotensión o shock.
- Reposo absoluto o relativo, evitando deambulación intensa hasta resolución del hematoma.
- Educación a la paciente sobre signos de alarma y cuidados de la zona afectada.
11.4.8 Intervenciones enfermeras
- Evaluación y monitorización (6680)
- Vigilar evolución del hematoma, dolor, color, tamaño y signos vitales.
- Observar aparición de edema adicional o cambios en la vulva que indiquen complicación.
- Registrar volumen estimado de sangrado y signos de anemia.
- Administración de analgésicos (2210)
- Suministrar medicación según indicación médica.
- Evaluar respuesta al tratamiento y ajustar medidas de confort (compresas frías, posición adecuada).
- Apoyo emocional (5270)
- Brindar contención y seguridad, reduciendo ansiedad y preocupación por la recuperación.
11.4.9. Observaciones enfermeras
Registrar tamaño, dolor, color y signos de infección. Observar tolerancia al reposo, respuesta a analgesia y signos de hemorragia. Asegurar higiene, confort y reposo adecuado, y reforzar educación sobre seguimiento posparto, cuidados locales y detección temprana de complicaciones.
11.5 DESGARROS PERINEALES POSPARTO
11.5.1 Concepto
Se define como la ruptura de los tejidos del periné que ocurre durante el parto, afectando en diferentes grados la mucosa vaginal, piel perineal, músculos subyacentes o el esfínter anal, lo cual provoca dolor, hemorragia y riesgo de infección, requiriendo reparación inmediata y cuidados especializados."
Los desgarros perineales se clasifican en cuatro grados:
- Grado I: afecta solo la mucosa vaginal y la piel del periné.
- Grado II: compromete los músculos del periné, pero no el esfínter anal.
- Grado III: involucra la rotura parcial o completa del esfínter anal.
- Grado IV: se extiende hasta la mucosa rectal, generando una comunicación directa entre vagina y recto.
Imagen: https://physicalmed.es/episiotomia-o-desgarro-obstetrico/
11.5.2 Etiología
Las causas más comunes son:Parto vaginal instrumental (uso de fórceps o ventosa).
- Episiotomía previa o cicatrices perineales rígidas.
- Distensión excesiva del periné por macrosomía fetal.
- Expulsión fetal rápida o control deficiente de los pujos.
- Parto prolongado o malposiciones fetales.
- Primiparidad (mayor rigidez de los tejidos).
- Alteraciones del tejido conjuntivo o antecedentes de desgarros previos.
11.5.3 Fisiopatología
Los mecanismos que producen desgarros perineales incluyen:
- Estiramiento excesivo de los tejidos blandos del canal del parto durante la expulsión fetal.
- Rotura de fibras musculares y de mucosa vaginal, especialmente del músculo bulbocavernoso, transverso superficial y esfínter anal externo.
- Hemorragia local secundaria a la rotura vascular, con formación posible de hematoma.
- Respuesta inflamatoria local que genera edema, dolor y dificultad para la movilización.
- Riesgo de infección bacteriana si no se mantiene una adecuada asepsia o la sutura se dehiscencia.
- Alteraciones funcionales si la lesión compromete la integridad del esfínter anal o el tono muscular del suelo pélvico.
11.5.4 Manifestaciones clínicas
Los signos y síntomas característicos incluyen:
- Dolor intenso localizado en la región perineal, exacerbado al sentarse o caminar.
- Hemorragia vaginal visible o sangrado persistente.
- Inflamación, edema y sensibilidad local aumentada.
- Dificultad para orinar o defecar, especialmente si existe espasmo muscular o lesión esfinteriana.
- Sensación de pesadez o presión pélvica.
- En casos graves: incontinencia fecal o de gases, indicando afectación del esfínter anal.
11.5.5 Exploración física
La evaluación física permite identificar hallazgos clave para el diagnóstico:
- Inspección visual directa del periné y canal vaginal: permite determinar la extensión y grado del desgarro, presencia de sangrado activo, edema o dehiscencia de sutura.
- Palpación cuidadosa: para valorar la profundidad, compromiso muscular y posible afectación del esfínter anal o mucosa rectal.
- Exploración rectal: imprescindible en desgarros de tercer o cuarto grado para confirmar integridad del esfínter.
- Evaluación de signos vitales: control de frecuencia cardíaca, presión arterial y cuantificación de pérdida sanguínea.
- Valoración del dolor y de la función urinaria: para descartar retención o disuria asociadas.
11.5.6 Complicaciones
- Hemorragia posparto y anemia aguda.
- Infección local o dehiscencia de sutura.
- Disfunción urinaria o fecal, especialmente en desgarros de alto grado.
- Dolor crónico perineal y dispareunia persistente.
- Cicatrización deficiente con formación de tejido fibrótico o adherencias.
- Impacto psicológico y alteración en la autoestima o vida sexual posparto
11.5.7 Tratamiento
El manejo clínico se centra en la reparación adecuada y el cuidado integral de la herida:
- Sutura quirúrgica inmediata, realizada en condiciones de asepsia y bajo anestesia local o regional, utilizando material reabsorbible.
- Control del sangrado y analgesia eficaz, mediante analgésicos y antiinflamatorios según protocolo.
- Antibióticos profilácticos en casos de alto riesgo o desgarros profundos para prevenir infección.
- Cuidados higiénicos locales: lavado con agua templada, uso de compresas frías y evitar presión prolongada sobre la zona.
- Reposo relativo y vigilancia estrecha, observando signos de infección, dolor o secreción anómala.
- Rehabilitación del suelo pélvico, iniciando ejercicios de Kegel una vez cicatrizada la herida, para favorecer la recuperación muscular.
- Apoyo emocional y educación para reducir la ansiedad y mejorar la adherencia al tratamiento.
11.5.8 Intervenciones enfermeras
- Cuidado de la herida (3540)
- Mantener la zona limpia y seca, realizando curas perineales con técnica aséptica.
- Observar signos de infección, sangrado o dehiscencia de sutura.
- Promover el uso de ropa interior de algodón y evitar irritantes locales.
- Administración de analgésicos (2210)
- Suministrar medicación según indicación médica.
- Evaluar respuesta al tratamiento y ajustar medidas de confort (compresas frías, posición adecuada).
- Apoyo emocional (5270)
- Brindar contención y seguridad, reduciendo ansiedad y preocupación por la recuperación.
11.5.9 Observaciones enfermeras
El personal de enfermería debe registrar cuidadosamente la evolución del dolor, la cantidad de sangrado y la integridad de la sutura. Es fundamental mantener una comunicación constante con la paciente, evaluar su bienestar físico y emocional, y fomentar el autocuidado mediante la educación sanitaria. Además, se debe garantizar un entorno limpio y seguro, proporcionando confort y apoyo emocional durante la recuperación. La observación activa permite detectar complicaciones tempranas y asegurar una recuperación integral y sin secuelas.
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