Las urgencias urológicas y ginecológicas en la mujer abarcan cuadros agudos que afectan vejiga, uretra, útero, vulva y periné, con riesgo de deterioro de la función urinaria, sexual y reproductiva. La retención urinaria femenina se manifiesta como incapacidad brusca para vaciar la vejiga, con distensión suprapúbica dolorosa, urgencia miccional inefectiva y posible compromiso renal; suele deberse a obstrucción mecánica (tumores, litiasis, prolapsos), fármacos anticolinérgicos, infecciones o situaciones posquirúrgicas, y su tratamiento inicial es la descompresión inmediata mediante cateterización vesical, analgesia y estudio etiológico. El prolapso uterino incarcerado se presenta como una masa irreductible en vagina o vulva, con dolor pélvico, edema del tejido prolapsado y a menudo retención urinaria; exige reducción manual precoz (bajo analgesia), sondaje vesical si hay retención y, si no es reducible o hay necrosis, corrección quirúrgica. La cistitis enfisematosa es una infección vesical grave por bacterias productoras de gas (frecuente en diabéticas y pacientes con obstrucción o inmunosupresión) que cursa con dolor suprapúbico intenso, disuria, hematuria, fiebre y riesgo de sepsis; requiere antibióticos de amplio espectro, sondaje vesical, soporte hemodinámico y, en casos complicados, cirugía.
En el contexto obstétrico, el hematoma vulvar posparto es la colección de sangre en tejidos vulvares tras un parto traumático o instrumental, que ocasiona dolor intenso, masa vulvar violácea, edema y, si es grande, compromiso hemodinámico o dificultad para orinar; su manejo va desde observación y analgesia en hematomas pequeños hasta drenaje quirúrgico, antibióticos y monitorización estrecha en los grandes o progresivos. Los desgarros perineales posparto son roturas de la mucosa vaginal, piel perineal, musculatura e incluso esfínter anal (grados I–IV), que provocan dolor, sangrado, edema y, en lesiones graves, incontinencia fecal o urinaria; requieren reparación inmediata con sutura en condiciones de asepsia, analgesia adecuada, profilaxis antibiótica en desgarros profundos, cuidados higiénicos locales y posterior rehabilitación del suelo pélvico. En todas estas urgencias, el papel de enfermería es clave: valoración sistemática del dolor y signos vitales, control de la diuresis, manejo y cuidado de catéteres, vigilancia de signos de infección, hemorragia o necrosis, apoyo emocional y educación sobre autocuidados, signos de alarma y medidas preventivas para evitar recurrencias y secuelas.
