Los conceptos básicos de obstetricia permiten valorar adecuadamente a la gestante y comprender la evolución del embarazo y el parto. La atención obstétrica incluye la recogida de antecedentes mediante la fórmula obstétrica (GAP), la valoración de la edad gestacional, la exploración física y el seguimiento del bienestar materno-fetal. Entre las exploraciones más importantes destacan la medición de la altura uterina, la auscultación de la frecuencia cardiaca fetal, las maniobras de Leopold y la exploración vaginal para valorar el estado del cuello uterino. Además, el conocimiento de la anatomía de la pelvis, el útero, los ovarios, las trompas de Falopio y la vagina es esencial para comprender los procesos fisiológicos y las posibles complicaciones obstétricas.
La estática fetal y la evolución del parto son elementos fundamentales para garantizar un nacimiento seguro. La valoración de la situación, posición, presentación y actitud fetal permite anticipar posibles dificultades durante el parto. Este proceso se divide en tres etapas: dilatación, expulsivo y alumbramiento, cada una con características específicas y una vigilancia estrecha del bienestar fetal mediante el registro cardiotocográfico (RCTG). Dependiendo de la evolución clínica, el parto puede ser eutócico, instrumentado o requerir una cesárea. Asimismo, el control adecuado del dolor mediante analgesia epidural, anestesia raquídea u otras técnicas contribuye a mejorar la experiencia materna y la seguridad durante el nacimiento.
El puerperio es el periodo que transcurre desde la expulsión de la placenta hasta la recuperación del estado previo al embarazo, caracterizado por la involución uterina, los loquios y la adaptación física y emocional de la madre. Durante esta etapa es fundamental vigilar posibles complicaciones como la hemorragia posparto, las infecciones, los desgarros perineales y los fenómenos tromboembólicos. La lactancia materna desempeña un papel clave tanto para el recién nacido como para la madre, aportando beneficios nutricionales, inmunológicos y emocionales, además de favorecer la recuperación uterina mediante la liberación de oxitocina. La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida y su mantenimiento junto con alimentación complementaria hasta, al menos, los dos años.
