Los problemas obstétricos intraparto requieren una identificación precoz y una actuación rápida para garantizar la seguridad materno-fetal. Entre las situaciones más relevantes se encuentran el parto precipitado, los pródromos de parto dolorosos, la bradicardia fetal intraparto y las alteraciones del cordón umbilical. La valoración inicial debe incluir anamnesis, exploración obstétrica y monitorización fetal, permitiendo diferenciar situaciones fisiológicas de aquellas que pueden comprometer el bienestar fetal. En casos como la bradicardia fetal mantenida o el prolapso de cordón, la coordinación inmediata del equipo obstétrico y la preparación para una finalización urgente del parto son fundamentales para reducir la morbimortalidad perinatal.
Entre las complicaciones obstétricas más graves destacan la distocia de hombros, la embolia de líquido amniótico y el parto de nalgas. La distocia de hombros constituye una urgencia obstétrica que requiere maniobras específicas para liberar los hombros fetales y prevenir lesiones como la afectación del plexo braquial. La embolia de líquido amniótico, aunque poco frecuente, presenta una elevada mortalidad y se caracteriza por insuficiencia respiratoria aguda, hipotensión y alteraciones de la coagulación, precisando medidas inmediatas de soporte vital. Por su parte, el parto de nalgas supone un mayor riesgo obstétrico y exige una asistencia especializada, minimizando las manipulaciones y utilizando maniobras específicas solo cuando sean necesarias.
El parto extrahospitalario puede producirse cuando no es posible el traslado a un centro sanitario antes del nacimiento. En estas situaciones, la prioridad es proporcionar un entorno seguro, mantener el bienestar materno y neonatal y favorecer un parto lo más fisiológico posible. Tras el nacimiento, se recomienda el contacto piel con piel, la valoración inicial del recién nacido mediante el test de APGAR, la vigilancia del sangrado materno y el traslado conjunto de madre e hijo a un centro sanitario. En todo este proceso, el papel de enfermería es esencial mediante el apoyo emocional, la monitorización continua, la detección precoz de complicaciones y la coordinación de las actuaciones necesarias para garantizar una atención segura y de calidad.
