Las enfermedades neurológicas autoinmunes e inflamatorias pueden evolucionar rápidamente hacia insuficiencia respiratoria, afectación bulbar, disautonomía o déficit neurológico grave. La miastenia gravis es una enfermedad autoinmune de la unión neuromuscular que provoca debilidad fluctuante, empeora con el esfuerzo y mejora con el reposo, afectando principalmente a la musculatura ocular, facial, bulbar y cervical. Los principales signos de alarma son la ptosis, diplopía, disfagia, disartria, voz nasal, tos débil, mala gestión de secreciones y respiración fatigosa. La complicación más grave es la crisis miasténica, caracterizada por insuficiencia respiratoria o afectación bulbar importante, que requiere monitorización respiratoria estrecha y valoración precoz de la vía aérea. Las infecciones, el estrés, el cansancio, la cirugía, la suspensión del tratamiento y determinados fármacos pueden actuar como desencadenantes.
El síndrome de Guillain-Barré es una polirradiculoneuropatía inflamatoria aguda que afecta a los nervios periféricos y suele aparecer después de una infección respiratoria o gastrointestinal. Se caracteriza por debilidad bilateral progresiva y ascendente, parestesias y arreflexia o hiporreflexia, pudiendo producir dificultad para caminar, afectación facial, disfagia o disartria. Los principales signos de gravedad son la disnea, debilidad bulbar, tos ineficaz, dificultad para manejar secreciones y disautonomía, que puede manifestarse mediante oscilaciones de la presión arterial, taquicardia, bradicardia o retención urinaria. El tratamiento de la fase aguda incluye inmunoglobulina intravenosa o intercambio plasmático, siendo fundamental la vigilancia respiratoria, hemodinámica y de la progresión neurológica.
La esclerosis múltiple es una enfermedad inflamatoria y desmielinizante del sistema nervioso central que puede producir alteraciones visuales, sensitivas, motoras, cerebelosas, medulares o esfinterianas. Un brote consiste en la aparición de síntomas neurológicos nuevos o el empeoramiento de síntomas previos durante más de 24 horas, sin que exista fiebre, infección u otra causa intercurrente. Es importante diferenciarlo del pseudobrote, en el que factores como la fiebre, las infecciones o el calor empeoran síntomas ya existentes sin nueva actividad inflamatoria. El rol de enfermería es esencial para detectar la progresión del déficit, el compromiso respiratorio, la afectación bulbar y la disautonomía, vigilando especialmente la respiración, la voz, la deglución y la tos. Los principales errores son infravalorar una debilidad progresiva, una disfagia o una voz nasal y considerar cualquier empeoramiento de la esclerosis múltiple como un brote sin descartar previamente causas intercurrentes.
