TEMA 2. CUIDADOS EN EL PACIENTE CON IRA.


La insuficiencia renal aguda (IRA) es un deterioro brusco y potencialmente reversible de la función renal que aparece en horas, días o pocas semanas y provoca acumulación de productos nitrogenados (azoemia, uremia), con frecuencia acompañado de oliguria. Se clasifica en prerrenal (la más frecuente), debida a disminución de la perfusión renal por hipovolemia, bajo gasto cardiaco o vasoconstricción renal; parenquimatosa, por lesión directa del riñón (necrosis tubular aguda, afectación glomerular, tubulointersticial o vascular); y posrenal, por obstrucción del flujo urinario a cualquier nivel de la vía urinaria. La IRA evoluciona en una fase inicial que conduce a oliguria, una fase oligúrica con hiperpotasemia, hipermagnesemia, acidosis, sobrecarga hídrica y azoemia, una fase diurética con aumento de la diuresis pero incapacidad para concentrar orina (riesgo de deshidratación y agravamiento de la uremia) y una fase de resolución, que puede finalizar con recuperación completa o progresión a insuficiencia renal crónica. Clínicamente puede detectarse de forma casual en una analítica, en el contexto de la causa desencadenante o por síntomas renales (edemas, hematuria, oliguria), asociados a elevación de urea y creatinina, manifestaciones digestivas (anorexia, náuseas, vómitos, aliento urémico), alteraciones neurológicas en uremia grave y trastornos hidroelectrolíticos y ácido-base (hiperpotasemia con riesgo de arritmias y paro cardiaco, hipermagnesemia, acidosis metabólica con respiración de Kussmaul). El diagnóstico diferencial entre IRA prerrenal y necrosis tubular aguda se apoya en la densidad urinaria, osmolaridad, sodio urinario, fracción de excreción de sodio y características del sedimento.

El abordaje de la IRA incluye la valoración clínica completa, exploración física (constantes, diuresis, auscultación cardio-pulmonar, palpación abdominal, tacto rectal, valoración del estado de hidratación) y pruebas complementarias (ECG, analítica de sangre y orina, ecografía). El tratamiento se centra en corregir la causa y las complicaciones: en la IRA prerrenal, monitorización hemodinámica, reposición de volumen, corrección de alteraciones electrolíticas y de la acidosis, tratamiento de la insuficiencia cardiaca o del síndrome nefrótico y hemodiálisis cuando esté indicada; en la parenquimatosa, reposición de volemia, uso prudente de diuréticos y manitol en fases precoces y hemodiálisis; en la posrenal, desobstrucción (sondaje, nefrostomía) y tratamiento de las alteraciones asociadas. La hiperpotasemia exige actuación urgente (gluconato cálcico si hay alteraciones en ECG, suero glucosado con insulina, bicarbonato si hay acidosis, diuréticos y, si fracasan las medidas, hemodiálisis). Además, en urgencias deben identificarse y suspenderse sustancias nefrotóxicas, hidratar y monitorizar estrechamente al paciente; en críticos, se aplican estrategias de protección renal (mantener perfusión, evitar fármacos nefrotóxicos, hidratar ante contraste, monitorizar función renal), apoyadas en biomarcadores precoces (NGAL, cistatina C, KIM-1). Las intervenciones enfermeras se centran en el manejo de la eliminación urinaria y del catéter, el control de líquidos y electrolitos, la vigilancia respiratoria, cutánea y oral, la prevención de infecciones, el manejo de náuseas y vómitos y la observación estrecha de signos de sobrecarga hídrica (cambios de peso, edemas, distensión yugular, disnea, alteraciones cardiacas), especialmente en las fases oligúrica y diurética, promoviendo el reposo y la detección precoz de complicaciones.