El dolor abdominal-pélvico agudo es un motivo frecuente de consulta en urgencias y puede tener origen ginecológico, gastrointestinal, urinario, vascular o musculoesquelético. Su valoración requiere una historia clínica detallada, exploración física y pruebas complementarias adecuadas, siendo fundamental realizar un test de embarazo en toda mujer en edad fértil. Entre las causas ginecológicas más importantes destacan el embarazo ectópico, la torsión ovárica, la enfermedad inflamatoria pélvica, la rotura de quistes ováricos y la endometriosis. La identificación precoz de signos de gravedad y de situaciones que comprometan la estabilidad hemodinámica es esencial para evitar complicaciones potencialmente mortales.
La torsión ovárica constituye una urgencia quirúrgica causada por la rotación del ovario o de los anexos sobre sus ligamentos, provocando congestión vascular, edema e incluso isquemia y necrosis. Se manifiesta típicamente con dolor pélvico agudo, náuseas y vómitos, siendo más frecuente en mujeres jóvenes y en presencia de masas ováricas. Por otro lado, los miomas uterinos son tumores benignos dependientes de estrógenos que pueden provocar sangrado menstrual abundante, dolor pélvico, anemia e infertilidad. Aunque suelen ser asintomáticos, en algunos casos requieren tratamiento médico o quirúrgico según la sintomatología y los deseos reproductivos de la paciente.
La endometriosis, la adenomiosis, la dismenorrea y el síndrome de hiperestimulación ovárica (SHO) son causas relevantes de dolor ginecológico agudo o crónico. La endometriosis se caracteriza por la presencia de tejido endometrial fuera del útero, produciendo dismenorrea intensa, dolor pélvico crónico e infertilidad, mientras que la adenomiosis implica la infiltración del endometrio en el miometrio, generando dolor menstrual progresivo y sangrado abundante. La dismenorrea puede ser primaria, relacionada con la producción de prostaglandinas, o secundaria, asociada a patologías ginecológicas subyacentes. El SHO, vinculado a tratamientos de fertilidad, puede ocasionar ascitis, hipovolemia y complicaciones tromboembólicas, requiriendo vigilancia estrecha y tratamiento de soporte para prevenir complicaciones graves.
