El tema define la parada cardiorrespiratoria (PCR) pediátrica como el cese súbito y potencialmente reversible de la función cardíaca y respiratoria, y explica que, aunque es menos frecuente que en adultos, exige una respuesta inmediata y estructurada. La PCR se identifica por inconsciencia, apnea o respiración agónica y ausencia de pulso o signos de vida, con toma de pulso adaptada a la edad (braquial/femoral en lactantes; carótida en niños mayores). Se subraya que en pediatría predominan las causas respiratorias o circulatorias secundarias (hipoxia progresiva), por lo que muchas PCR son potencialmente prevenibles si se detecta el deterioro a tiempo.
En prevención y reconocimiento precoz, se enumeran signos de alarma respiratorios (taquipnea persistente, cianosis, tiraje/quejido/disociación, alteración del nivel de conciencia) y cardiovasculares (taqui/bradicardia inadecuada, piel marmórea/fría, pulso débil, hipotensión, relleno capilar >3 s, oliguria, alteración neurológica). La “cadena de supervivencia pediátrica” integra: prevención, reconocimiento y activación de emergencias, RCP de calidad con desfibrilación precoz si procede, soporte vital avanzado y traslado a UCI, y cuidados postresucitación. Se insiste en la capacitación del personal, disponibilidad de equipos pediátricos y acceso rápido a emergencias.
El documento describe el soporte vital pediátrico (ERC 2025) como un proceso escalonado: SVB, manejo de OVACE, SVA y cuidados postresucitación. En SVB se enfatizan la llamada precoz al 112, 5 ventilaciones iniciales (prioridad por etiología hipóxica), compresiones de 100–120/min con profundidad ~1/3 del tórax (≈4 cm lactantes, 5 cm niños) y ratios 30:2 (legos) o 15:2 (entrenados); el DEA puede usarse a cualquier edad. En OVACE, lactantes: golpes interescapulares y compresiones torácicas (no Heimlich); >1 año: golpes y compresiones abdominales; si inconsciente, RCP con inspección visual sin barrido digital a ciegas. En SVA, se detallan ritmos desfibrilables (FV/TVSP, descarga inicial 4 J/kg, adrenalina y amiodarona/lidocaína) y no desfibrilables (asistolia/AESP/bradicardia extrema, adrenalina precoz y búsqueda de H y T), manejo avanzado de vía aérea con capnografía y acceso IV/IO (IO temprano si falla IV). Tras ROSC, los cuidados se centran en estabilización hemodinámica, SatO₂ 94–98% y normocapnia, control neurológico, evitar hipertermia y mantener glucemia 80–180 mg/dL; se incluye un caso clínico de OVACE y se añade un bloque de reanimación neonatal (prioridad absoluta: ventilación efectiva, control térmico, objetivos de SpO₂ por minuto de vida y consideraciones del pinzamiento del cordón).
