TEMA 2: VALORACIÓN Y EXPLORACIÓN EN URGENCIAS MUSCULOESQUELÉTICAS


2.1 TRIAJE ENFERMERO EN EL PACIENTE CON URGENCIA MUSCULOESQUELÉTICA

2.1.1 El triaje como primer acto clínico en las urgencias musculoesqueléticas

El triaje enfermero constituye el primer acto clínico en la atención al paciente que acude a un servicio de urgencias. En el ámbito de las urgencias musculoesqueléticas, este proceso adquiere una relevancia especial, ya que una parte importante de estas lesiones no presentan inicialmente compromiso vital, pero sí pueden asociarse a riesgos funcionales, neurológicos o vasculares si no se identifican de forma precoz.

 

El triaje no debe entenderse como un procedimiento administrativo, sino como una intervención clínica enfermera orientada a:

  • Priorizar la atención de forma segura.
  • Detectar lesiones potencialmente graves.
  • Iniciar medidas terapéuticas precoces.
  • Optimizar el flujo asistencial.

 

Una valoración incorrecta en esta fase puede retrasar el diagnóstico de lesiones graves, aumentar el dolor del paciente y favorecer la aparición de complicaciones.

 

2.1.2 Objetivos del triaje enfermero en las urgencias musculoesqueléticas

Los objetivos fundamentales del triaje enfermero en este tipo de urgencias son:

  1. Determinar el nivel de prioridad asistencial en función de la gravedad clínica y el riesgo asociado.
  2. Identificar signos de alarma que indiquen una lesión grave o potencialmente grave.
  3. Iniciar cuidados enfermeros precoces, especialmente en relación con el dolor y la inmovilización.
  4. Garantizar la seguridad del paciente desde su llegada al servicio de urgencias.
  5. Favorecer la continuidad asistencial, facilitando información clara y estructurada al resto del equipo sanitario.

 

2.1.3 Sistemas de triaje y su aplicación a las urgencias musculoesqueléticas

Los sistemas de triaje estructurado utilizados en los servicios de urgencias permiten clasificar a los pacientes según niveles de prioridad asistencial, en función de la gravedad clínica, el riesgo vital y la necesidad de intervención precoz. En España, los modelos más implantados son el Sistema Español de Triaje (SET) y el Manchester Triage System (MTS), ambos basados en cinco niveles de urgencia, validados científicamente y aplicados mayoritariamente por personal de Enfermería específicamente entrenado.

En el ámbito de las urgencias musculoesqueléticas, la aplicación del triaje estructurado requiere una adaptación clínica específica, ya que la mayoría de estas patologías no comprometen inicialmente la vida del paciente, pero pueden asociarse a riesgos funcionales, neurológicos o vasculares relevantes si no se identifican de forma precoz. El triaje debe valorar no solo la intensidad del dolor o el mecanismo lesional, sino también la presencia de signos de alarma como deformidad evidente, compromiso neurovascular distal, sospecha de síndrome compartimental, fractura abierta, traumatismos de alta energía, imposibilidad funcional absoluta o dolor desproporcionado.

En este contexto, tanto el SET como el MTS incorporan discriminadores específicos relacionados con traumatismos, dolor agudo, alteración funcional y compromiso circulatorio, permitiendo priorizar adecuadamente a pacientes con lesiones musculoesqueléticas potencialmente graves, aunque hemodinámicamente estables. Una correcta aplicación del triaje en estas situaciones resulta clave para reducir retrasos diagnósticos, optimizar circuitos asistenciales (radiología, analgesia precoz, inmovilización) y mejorar los resultados clínicos y funcionales, especialmente en pacientes traumatológicos.

Por tanto a diferencia de otras urgencias, la intensidad del dolor no siempre se correlaciona con la gravedad de la lesión, por lo que el triaje debe integrar otros factores clínicos relevantes, como:

  • El mecanismo lesional.
  • La edad del paciente.
  • La capacidad funcional.
  • La presencia de comorbilidades.
  • La existencia de signos neurológicos o vasculares.

 

La valoración enfermera en el triaje debe ser rápida, sistemática y orientada a la detección de riesgo.

 

2.1.4 Valoración inicial dirigida en el triaje musculoesquelético

Durante el triaje, la enfermería debe realizar una valoración clínica breve pero focalizada, que permita identificar de forma precoz situaciones que requieran atención prioritaria.

 

Anamnesis orientada

La recogida de información debe centrarse en:

  • Mecanismo del traumatismo (caída, impacto directo, torsión, aplastamiento).
  • Momento de aparición de la lesión.
  • Evolución del dolor.
  • Limitación funcional inmediata.
  • Antecedentes relevantes (osteoporosis, tratamiento anticoagulante, diabetes, cirugía previa).

 

Esta información aporta datos clave para estimar el riesgo de lesión grave.

 

Exploración rápida orientada a gravedad

La exploración física en el triaje no pretende ser exhaustiva, sino dirigida a la detección de signos de alarma, incluyendo:

  • Deformidad evidente del segmento afectado.
  • Edema progresivo o tensión de los tejidos.
  • Cambios de coloración cutánea.
  • Dolor desproporcionado al estímulo.
  • Incapacidad para la carga o el movimiento.

 

Valoración neurovascular básica

La valoración neurovascular distal debe realizarse de forma sistemática, incluso en la fase de triaje, e incluir:

  • Sensibilidad distal.
  • Movilidad distal.
  • Presencia y simetría de pulsos.
  • Relleno capilar.

 

La alteración de cualquiera de estos parámetros constituye un criterio de prioridad elevada.

 

2.1.5 Signos de alarma en el triaje de urgencias musculoesqueléticas

Durante el triaje, deben considerarse signos de alarma los siguientes:

  • Mecanismo de alta energía.
  • Dolor intenso no controlable.
  • Déficit neurológico.
  • Alteración o ausencia de pulsos.
  • Aumento progresivo del dolor o del edema.
  • Sospecha de síndrome compartimental.
  • Sospecha de infección osteoarticular (dolor, calor local, fiebre).
  • Sospecha de lesión vertebral o medular.

 

La identificación de cualquiera de estos signos obliga a aumentar el nivel de prioridad, iniciar medidas inmediatas y comunicar la situación al equipo médico.

 

2.1.6 Asignación de prioridad asistencial

Desde una perspectiva práctica, las urgencias musculoesqueléticas pueden agruparse en tres grandes niveles de prioridad:

 

Alta prioridad

  • Sospecha de compromiso neurovascular.
  • Fracturas inestables.
  • Luxaciones.
  • Sospecha de síndrome compartimental.
  • Traumatismos de alta energía.

 

Prioridad intermedia

  • Fracturas estables.
  • Esguinces dolorosos con limitación funcional.
  • Dolor intenso sin signos claros de alarma.

 

 Baja prioridad

  • Contusiones leves.
  • Dolor musculoesquelético sin traumatismo.
  • Reagudización de patología musculoesquelética crónica sin criterios de gravedad.

 

2.1.7 Intervenciones enfermeras precoces desde el triaje

El triaje enfermero permite iniciar actuaciones que mejoran de forma significativa la calidad asistencial, entre ellas:

  • Analgesia precoz según protocolos establecidos.
  • Inmovilización provisional del segmento afectado.
  • Elevación del miembro lesionado.
  • Aplicación de frío local cuando esté indicado.
  • Información inicial y tranquilización del paciente.

 

Estas intervenciones reducen el dolor, mejoran la experiencia del paciente y favorecen una atención posterior más eficaz.

 

2.1.8 Registro y comunicación de la información de triaje

Una adecuada documentación enfermera en el triaje debe reflejar:

  • El mecanismo lesional.
  • Los hallazgos clínicos relevantes.
  • El nivel de prioridad asignado.
  • Las intervenciones realizadas.

 

La comunicación clara y estructurada con el resto del equipo sanitario es fundamental para garantizar la continuidad asistencial y la seguridad del paciente.

 

2.1.9 Mensaje clave

En las urgencias musculoesqueléticas, el triaje enfermero no solo clasifica pacientes, sino que detecta riesgo, inicia cuidados y condiciona el pronóstico funcional.

 

2.2 VALORACIÓN INICIAL Y SECUNDARIA DEL PACIENTE CON URGENCIA MUSCULOESQUELÉTICA

2.2.1 Principios generales de la valoración clínica en urgencias musculoesqueléticas

La valoración del paciente con una urgencia musculoesquelética debe realizarse siempre desde una perspectiva clínica integral. Independientemente de que el motivo de consulta aparente sea una lesión localizada del aparato locomotor, ningún paciente debe ser valorado sin una evaluación general previa orientada a descartar situaciones de riesgo vital.

En el contexto de urgencias, las lesiones musculoesqueléticas pueden:

  • Formar parte de un traumatismo de mayor entidad.
  • Asociarse a lesiones ocultas inicialmente no evidentes.
  • Presentarse en pacientes vulnerables (ancianos, polimedicados, anticoagulados).

Por ello, la valoración musculoesquelética nunca debe preceder a la valoración general inicial estructurada.

 

2.2.2 Valoración general inicial: enfoque XABCDE en urgencias

La valoración general inicial del paciente en urgencias debe seguir un algoritmo secuencial y sistemático, ampliamente aceptado en la atención al trauma y a las urgencias graves. En la actualidad, este enfoque se expresa como XABCDE, incorporando una etapa previa destinada al control inmediato de la hemorragia exanguinante.

Este enfoque está respaldado por recomendaciones internacionales de sociedades científicas como el European Resuscitation Council, la American Heart Association y el ILCOR.

 

Figura 2. Algoritmo de valoración inicial XABCDE en urgencias

 

Secuencia estructurada para la valoración inicial del paciente en urgencias, priorizando el control de la hemorragia exanguinante (X) antes de la evaluación de la vía aérea, respiración, circulación, estado neurológico y exposición, como paso previo a la valoración musculoesquelética específica.

 

X – Control de la hemorragia exanguinante

La “X” hace referencia a la identificación y control inmediato de la hemorragia externa masiva, que puede provocar la muerte en pocos minutos si no se trata de forma precoz.

Debe priorizarse esta etapa cuando exista:

  • Sangrado activo abundante.
  • Empapamiento rápido de ropa o apósitos.
  • Amputación traumática.
  • Hemorragia no controlable con medidas básicas iniciales.

 

Medidas de control hemorrágico (en orden de aplicación):

  1. Exposición rápida del foco de sangrado.
  2. Compresión directa firme.
  3. Vendaje compresivo.
  4. Uso de torniquete en hemorragias amenazantes para la vida de una extremidad.

 

Figura 3. Torniquete tipo CAT® de 7.ª generación, dispositivo comercial homologado para el control de la hemorragia externa grave en traumatismos de extremidades, ampliamente utilizado en los servicios de urgencias y emergencias.

 

Uso correcto del torniquete en el control de la hemorragia

El torniquete debe utilizarse como medida de control de la hemorragia externa grave, especialmente en el contexto de traumatismos de extremidades, siguiendo criterios estrictos de seguridad. Debe colocarse proximal al foco de sangrado, directamente sobre la extremidad afectada, evitando articulaciones siempre que sea posible y preferentemente a una distancia aproximada de 5–7 cm por encima de la lesión, sobre piel o ropa ajustada.

Debe ajustarse hasta lograr un control efectivo de la hemorragia, lo que implica el cese completo del sangrado visible y, si es posible, la desaparición del pulso distal, evitando ajustes insuficientes que puedan incrementar el sangrado venoso. Es imprescindible registrar de forma visible y documentada la hora exacta de colocación, tanto en el propio paciente (etiqueta, rotulador en piel o en el propio dispositivo) como en la historia clínica, dado el impacto del tiempo de isquemia en la toma de decisiones posteriores.

El torniquete debe reevaluarse periódicamente, comprobando la eficacia del control hemorrágico, la estabilidad hemodinámica del paciente y la aparición de posibles complicaciones locales, sin aflojarlo de forma rutinaria en el entorno prehospitalario o de urgencias. Asimismo, debe informarse explícitamente en los relevos asistenciales, asegurando la correcta transmisión del tiempo de colocación, el motivo de uso y la extremidad afectada, especialmente durante traslados intrahospitalarios o interhospitalarios.

En la práctica clínica, los torniquetes comerciales homologados son los dispositivos de elección para el control de la hemorragia traumática grave, destacando los torniquetes con sistema de molinete (como CAT® o SOFTT-W®) por su rapidez de aplicación y elevada eficacia. Los torniquetes neumáticos se emplean fundamentalmente en el ámbito quirúrgico ortopédico programado y no están indicados como primera opción en la hemorragia traumática aguda..

 

A – Vía aérea y control cervical

Se debe comprobar:

  • Permeabilidad de la vía aérea.
  • Capacidad para hablar.
  • Presencia de obstrucciones, secreciones o sangrado.

 

En pacientes traumatizados, debe mantenerse la protección de la columna cervical hasta descartar lesión vertebral, especialmente ante caídas, accidentes de tráfico o traumatismos de alta energía.

 

B – Respiración

Incluye la valoración de:

  • Frecuencia y esfuerzo respiratorio.
  • Saturación de oxígeno.
  • Simetría de la expansión torácica.

 

Las alteraciones respiratorias tienen prioridad absoluta, incluso si coexiste una lesión musculoesquelética evidente.

 

C – Circulación y control de la perfusión

Debe evaluarse:

  • Frecuencia cardíaca y tensión arterial.
  • Perfusión periférica.
  • Presencia de hemorragias externas.

 

En el contexto musculoesquelético, esta fase es clave para:

  • Detectar sangrado asociado a fracturas abiertas.
  • Sospechar hemorragias internas en fracturas de huesos largos o pelvis.

 

D – Estado neurológico

La valoración neurológica inicial incluye:

  • Nivel de conciencia.
  • Respuesta verbal y motora.
  • Cambios neurológicos agudos.

 

E – Exposición y exploración completa

La exposición permite:

  • Identificar lesiones ocultas.
  • Detectar traumatismos múltiples.
  • Valorar deformidades, hematomas o heridas no evidentes inicialmente.

 

En esta fase se integra de forma directa la identificación de las urgencias traumatológicas musculoesqueléticas graves, especialmente en:

  • Politraumatizados.
  • Traumatismos de alta energía.
  • Pacientes con disminución del nivel de conciencia.

 

La exposición debe realizarse garantizando la intimidad y previniendo la hipotermia.

 

2.2.3 Transición a la valoración musculoesquelética específica

Una vez completada la valoración XABCDE y descartadas situaciones de riesgo vital inmediato, se procede a la valoración musculoesquelética inicial, adaptada al estado clínico del paciente.

 

Esta transición debe ser:

  • Ordenada.
  • Segura.
  • Documentada.

 

Tabla 2. Integración del algoritmo XABCDE en el abordaje del paciente traumatizado con urgencia musculoesquelética

 

2.2.4 Valoración inicial musculoesquelética

La valoración inicial musculoesquelética tiene como objetivo identificar lesiones graves o potencialmente graves mediante:

  • Inspección rápida del segmento afectado.
  • Detección de deformidad evidente.
  • Valoración del dolor y de la función.
  • Evaluación neurovascular distal.

 

La presencia de signos de alarma obliga a priorizar la atención y extremar la vigilancia.

 

2.2.5 Valoración neurovascular distal sistemática

Debe realizarse:

  • Al inicio de la atención musculoesquelética.
  • Tras cualquier maniobra de inmovilización.
  • De forma periódica durante la estancia en urgencias.

 

Incluye:

  • Sensibilidad.
  • Movilidad.
  • Pulsos periféricos.
  • Relleno capilar.

 

Cualquier alteración constituye una urgencia prioritaria.

 

2.2.6 Valoración secundaria musculoesquelética

Una vez descartadas situaciones de riesgo inmediato, se realiza una valoración secundaria más detallada que incluye:

  • Anamnesis dirigida.
  • Inspección comparativa.
  • Palpación progresiva.
  • Valoración de la movilidad y de la función.

 

2.2.7 Reevaluación clínica y seguimiento

La reevaluación es obligatoria en:

  • Dolor progresivo.
  • Cambios neurovasculares.
  • Tras analgesia o inmovilización.
  • Empeoramiento clínico.

 

La valoración enfermera es dinámica y continua.

 

2.2.8 Registro clínico y comunicación

Debe documentarse de forma clara:

  • Valoración XABCDE.
  • Hallazgos musculoesqueléticos.
  • Intervenciones realizadas.
  • Evolución clínica.

 

Una comunicación eficaz garantiza la continuidad asistencial y la seguridad del paciente.

 

2.2.9 Mensaje clave del capítulo

En urgencias, la valoración musculoesquelética solo debe realizarse tras completar una valoración general estructurada, integrando el control de la hemorragia, el trauma y la exploración específica en un proceso clínico único y seguro.

 

2.3 EXPLORACIÓN FÍSICA Y DIAGNÓSTICO CLÍNICO EN LAS URGENCIAS MUSCULOESQUELÉTICAS

2.3.1 Importancia de la exploración física en las urgencias musculoesqueléticas

La exploración física constituye uno de los pilares fundamentales del abordaje clínico en las urgencias musculoesqueléticas. Tras la valoración general inicial y la estabilización del paciente, la exploración dirigida permite identificar lesiones relevantes, orientar el diagnóstico clínico inicial y guiar la toma de decisiones enfermeras.

En el contexto de urgencias, la exploración física debe ser:

  • Sistemática.
  • Reproducible.
  • Adaptada al dolor y al estado del paciente.
  • Orientada a la función y a la detección de signos de gravedad.

 

La finalidad no es establecer un diagnóstico definitivo, sino detectar lesiones potencialmente graves, identificar complicaciones y decidir la conducta asistencial inicial, incluyendo la necesidad de inmovilización, reevaluación o pruebas complementarias.

 

2.3.2 Principios generales de la exploración musculoesquelética en urgencias

Antes de realizar la exploración por segmentos, deben respetarse una serie de principios básicos:

  • Comparar siempre con el lado contralateral sano.
  • Explorar primero la movilidad activa y después la pasiva, si el dolor lo permite.
  • Evitar maniobras dolorosas innecesarias.
  • Priorizar la valoración funcional frente a la exploración exhaustiva.
  • Reevaluar tras analgesia o inmovilización cuando sea necesario.
  • Integrar siempre la valoración neurovascular distal.

 

Estos principios garantizan una exploración segura, eficiente y centrada en la clínica relevante.

 

2.3.3 Secuencia sistemática de exploración física

Inspección

La inspección permite obtener información clínica inmediata y debe realizarse de forma comparativa.

 Se valoran:

  • Deformidades evidentes.
  • Alteraciones de la alineación anatómica.
  • Edema o aumento de volumen.
  • Hematomas o equimosis.
  • Heridas, abrasiones o lesiones cutáneas.
  • Posturas antálgicas o protección del segmento afectado.

 

La inspección orienta sobre la gravedad de la lesión y ayuda a decidir la prudencia en los siguientes pasos de la exploración.

 

Palpación

La palpación debe realizarse de forma progresiva, suave y dirigida, comenzando lejos del punto de máximo dolor y avanzando hacia él.

Permite identificar:

  • Dolor óseo localizado.
  • Dolor periarticular.
  • Crepitación.
  • Aumento de temperatura local.
  • Tensión de los tejidos blandos.

 

Palpación dolorosa localizada como signo de alerta.

La palpación dolorosa claramente localizada, especialmente sobre un punto óseo concreto, constituye un signo de alerta en urgencias. Puede indicar:

  • Fractura o fisura ósea, incluso sin deformidad evidente.
  • Lesión periostal.
  • Fractura oculta no visible en pruebas iniciales.
  • Infección osteoarticular en contextos no traumáticos.

 

En urgencias, el dolor bien localizado:

  • Tiene mayor valor diagnóstico que el dolor difuso.
  • Justifica una actitud conservadora y prudente.
  • Obliga a considerar inmovilización y seguimiento adecuado.

 

La ausencia de deformidad o de hallazgos radiológicos iniciales no excluye lesión relevante si existe dolor localizado claro a la palpación.

 

Valoración de la movilidad

La valoración de la movilidad aporta información esencial sobre la integridad estructural y funcional del segmento afectado y debe realizarse de forma escalonada.

 

a) Movilidad activa

Evalúa la capacidad del paciente para mover voluntariamente el segmento afectado.

Permite valorar:

  • Función muscular.
  • Dolor asociado al movimiento.
  • Grado de limitación funcional.

 

La imposibilidad para realizar movilidad activa debe considerarse un signo de gravedad, especialmente si es brusca tras el traumatismo.

 

b) Movilidad pasiva

Se explora únicamente si el dolor lo permite y cuando no exista sospecha clara de lesión grave.

Aporta información sobre:

  • Integridad articular.
  • Bloqueos mecánicos.
  • Diferenciación entre dolor muscular y articular.

 

Nunca debe forzarse en urgencias.

 

c) Movilidad contra resistencia

Se reserva para situaciones seleccionadas y permite valorar:

  • Lesiones musculares.
  • Lesiones tendinosas.

 

No es prioritaria en la valoración inicial de urgencias y debe evitarse si provoca dolor significativo.

 

Valoración funcional

La valoración funcional es uno de los elementos más importantes de la exploración musculoesquelética en urgencias.

Incluye:

  • Capacidad para la carga.
  • Uso funcional del segmento afectado.
  • Repercusión en actividades básicas (deambulación, prensión, autonomía).

 

La incapacidad funcional completa, especialmente tras un traumatismo, constituye un criterio de alarma, incluso en ausencia de deformidad o dolor intenso.

En el paciente anciano, la pérdida funcional puede ser el único signo clínico relevante de una lesión grave.

 

2.3.4 Exploración neurovascular distal

La exploración neurovascular distal es un elemento obligatorio, sistemático e ineludible en la valoración de cualquier urgencia musculoesquelética. Su objetivo es detectar precozmente compromiso neurológico o vascular, que puede condicionar de forma decisiva el pronóstico funcional del paciente.

Debe realizarse:

  • En la valoración inicial.
  • Tras cualquier maniobra de inmovilización, reducción o vendaje.
  • De forma periódica durante la estancia en urgencias.

 

Valoración neurológica distal

Incluye la evaluación de:

a) Sensibilidad

Se valora la percepción táctil y dolorosa distal al foco lesional, comparando con el lado contralateral.

Alteraciones sensitivas pueden indicar:

  • Lesión nerviosa directa.
  • Compresión nerviosa por edema o hematoma.
  • Lesión radicular o medular en traumatismos vertebrales.

 

b) Movilidad distal

Se valora la capacidad para realizar movimientos activos distales, observando:

  • Fuerza.
  • Simetría.
  • Coordinación.

 

La pérdida de movilidad distal puede deberse a:

  • Lesión nerviosa.
  • Dolor intenso.
  • Lesión estructural grave.

 

La aparición de déficit neurológico nuevo o progresivo obliga a priorizar la atención de forma inmediata.

 

Valoración vascular distal

Debe incluir de forma sistemática:

  • Palpación de pulsos distales.
  • Comparación bilateral.
  • Valoración del relleno capilar.
  • Observación de la coloración y temperatura cutánea.

 

Las alteraciones vasculares pueden sugerir:

  • Lesión arterial asociada a fractura o luxación.
  • Compresión vascular por edema, hematoma o vendaje.
  • Inicio de un síndrome compartimental.

 

 Reevaluación neurovascular y seguridad del paciente

La exploración neurovascular no es un acto único, sino un proceso dinámico.

Debe repetirse:

  • Ante aumento del dolor.
  • Tras analgesia.
  • Tras inmovilización o manipulación.
  • Si el paciente refiere cambios sensoriales.

 

La detección precoz de cambios neurovasculares es una responsabilidad clave de la enfermería de urgencias.

 

2.3.5 Exploración en situaciones especiales

Paciente anciano

En el paciente anciano:

  • Las lesiones pueden producirse por traumatismos de baja energía.
  • El dolor puede ser menos intenso de lo esperado.
  • La pérdida funcional puede ser el principal signo de alarma.

 

Paciente politraumatizado

En el paciente politraumatizado:

  • La exploración musculoesquelética puede ser incompleta inicialmente.
  • Debe repetirse tras la estabilización.
  • La reevaluación sistemática es fundamental para detectar lesiones ocultas.

 

2.3.6 Papel de las pruebas complementarias

En urgencias musculoesqueléticas, las pruebas complementarias no sustituyen a la valoración clínica, pero sí reducen incertidumbre, aceleran decisiones (inmovilizar, reducir, derivar, operar), optimizan circuitos (radiología/trauma/quirófano) y ayudan a descartar lesiones “ocultas” (fracturas no evidentes, lesión ligamentosa grave, infección profunda, compromiso vascular). En la práctica avanzada, la clave es seleccionar la prueba adecuada para la pregunta clínica concreta: ¿hay lesión ósea? ¿hay lesión de partes blandas? ¿hay complicación neurovascular/infecciosa? ¿cambia la conducta terapéutica?

 

Radiografía simple (RX): “primera línea” para hueso y alineación

Qué aporta

  • Confirma o descarta gran parte de fracturas y luxaciones, valora alineación, desplazamiento, conminución y afectación articular.
  • Permite control post-reducción y seguimiento inmediato de inmovilizaciones.
  • Qué puede pasar por alto.
  • Fracturas ocultas (escafoides, cuello femoral, platillo tibial, costillas, algunas fracturas por estrés) y lesiones osteocondrales sutiles.
  • Lesión de partes blandas relevante (ligamentos/tendones) salvo signos indirectos.

 

Uso racional

  • Recomendable integrar reglas clínicas validadas (p. ej., Ottawa) para reducir RX innecesarias manteniendo alta capacidad de exclusión.

 

Ecografía musculoesquelética (US): “partes blandas + procedimientos”

Qué aporta (alto rendimiento en urgencias)

  • Tendones y músculos: roturas (p. ej., Aquiles), desgarros, hematomas.
  • Líquido: derrames articulares, bursitis, colecciones.
  • Infección de partes blandas: puede ayudar a diferenciar celulitis vs colección drenables (si hay ventana acústica).
  • Guía de procedimientos: artrocentesis, infiltración/analgesia regional, drenajes superficiales, bloqueo de hematomas (según capacitación y protocolo).

Limitaciones

  • Dependiente de operador, menor rendimiento en estructuras profundas/obesidad/gas.
  • No excluye lesión intraarticular compleja o fractura sutil en localizaciones difíciles (puede sugerir, no “descartar” con seguridad).

 

Tomografía computarizada (TC): “detalle óseo y decisiones quirúrgicas”

Qué aporta

  • Superior para fracturas complejas (articulares, pelvis, columna, calcáneo), planificación quirúrgica y valoración de desplazamientos mínimos.
  • Útil cuando la RX es negativa o dudosa pero la sospecha clínica es alta (dolor focal intenso, mecanismo de alta energía, incapacidad funcional marcada) o cuando se requiere caracterización rápida en politrauma.

 

Qué puede no resolver

  • Lesión ligamentosa/tendinosa sin correlato óseo relevante (aunque puede mostrar signos indirectos).
  • Contusión ósea/lesiones osteocondrales iniciales mejor valoradas con RM.

 

Resonancia magnética (RM): “tejidos blandos + lesión oculta”

Qué aporta

  • Máxima sensibilidad para ligamentos, meniscos, tendones, cartílago, músculo y médula ósea.
  • Detecta fracturas ocultas y contusión ósea con RX/TC no concluyentes; útil en dolor persistente con radiografía normal.
  • En sospecha de infección osteoarticular o complicaciones profundas puede aportar extensión y afectación de tejidos.

 

Limitaciones operativas en urgencias

  • Disponibilidad/tiempo, artefactos, contraindicaciones (implantes no compatibles, claustrofobia), y logística de monitorización del paciente.

 

Medicina nuclear (gammagrafía ósea / PET según contexto): “sensibilidad alta, urgencia baja”

Qué aporta

  • Alta sensibilidad para procesos difusos (p. ej., fracturas por estrés o patología multifocal), pero hoy suele reservarse para escenarios subagudos o cuando RM no es posible.

 

Limitaciones

  • Menor especificidad, menor utilidad inmediata en decisión urgente.

 

Pruebas complementarias que no sean de imagen con impacto en urgencias musculoesqueléticas:

  • Analítica básica y biomarcadores (según sospecha)
    • Infección: hemograma, PCR (y procalcitonina según protocolo local), hemocultivos si fiebre/sepsis; orienta gravedad y seguimiento, no confirma por sí sola artritis séptica u osteomielitis.
    • Rabdomiólisis / aplastamiento: CK, función renal, electrolitos.
    • Hemorragia / trauma mayor: Hb, coagulación, gasometría/lactato según contexto.

 

  • Artrocentesis
    • En sospecha de artritis séptica o cristalina, el análisis de líquido sinovial (recuento celular, Gram/cultivo, cristales) es decisivo para conducta. (La imagen puede apoyar, pero el diagnóstico definitivo suele depender del líquido.)

 

2.3.7 Mensaje clave

En las urgencias musculoesqueléticas, la exploración física sistemática, con especial atención a la movilidad, la función y la valoración neurovascular, es esencial para detectar lesiones relevantes y prevenir complicaciones. Esto sumado a las pruebas de imagen conforman elementos esenciales para el diagnóstico y tratamiento.

 

2.4 ESCALAS CLÍNICAS Y REGLAS DE DECISIÓN EN URGENCIAS MUSCULOESQUELÉTICAS

2.4.1 Introducción

Las escalas clínicas y las reglas de decisión constituyen herramientas fundamentales en los servicios de urgencias, ya que permiten objetivar la valoración clínica, homogeneizar la toma de decisiones y mejorar la seguridad del paciente. En el ámbito de las urgencias musculoesqueléticas, su uso resulta especialmente relevante debido a la elevada frecuencia de estas lesiones, la variabilidad de presentación clínica y la necesidad de optimizar el uso de pruebas complementarias.

En las urgencias musculoesqueléticas, el reto no es “poner una etiqueta diagnóstica”, sino tomar decisiones seguras en poco tiempo: priorizar la atención, detectar signos de gravedad, decidir la necesidad de inmovilización y determinar cuándo es necesaria una prueba de imagen.

 

El uso adecuado de escalas clínicas y reglas de decisión aporta tres ventajas esenciales:

  1. Estandariza la valoración clínica, reduciendo la variabilidad entre profesionales.
  2. Mejora la seguridad del paciente, disminuyendo falsos negativos.
  3. Optimiza recursos diagnósticos, evitando radiografías innecesarias.

 

2.4.2 Escalas clínicas en urgencias musculoesqueléticas

Las escalas clínicas son instrumentos estandarizados que permiten medir de forma objetiva diferentes dimensiones del estado del paciente, como el dolor, la función o la gravedad de la lesión. En urgencias musculoesqueléticas, su utilización mejora la comunicación entre profesionales, facilita la reevaluación clínica y contribuye a una toma de decisiones más homogénea.

 

2.4.3 Escalas de valoración del dolor

La valoración del dolor es obligatoria en urgencias, ya que guía la indicación analgésica, la reevaluación clínica y la eficacia del tratamiento. Debe registrarse de forma sistemática al inicio de la atención y tras cada intervención (analgesia, inmovilización, reducción, etc.).

 

Escala Numérica del Dolor (END 0–10)

  • 0: ausencia de dolor.
  • 10: peor dolor imaginable.

 

Es la escala más utilizada en urgencias por su rapidez, sencillez y buena reproducibilidad.

 

Escala Visual Analógica (EVA 0–10)

Tiene un objetivo similar a la END y resulta útil cuando el paciente comprende bien el formato. Su uso es recomendable cuando el servicio la emplea de forma estandarizada.

 

Escalas de dolor en población pediátrica

  • Wong-Baker FACES: útil desde edad escolar.
  • FLACC (Face, Legs, Activity, Cry, Consolability): indicada en niños pequeños o no colaboradores.

 

Escalas de dolor en pacientes con deterioro cognitivo

  • PAINAD (Pain Assessment in Advanced Dementia): útil en pacientes con demencia avanzada, basada en la observación del comportamiento.

 

 

Tabla 3. Escalas de dolor recomendadas según el tipo de paciente

 

2.4.4 Criterios funcionales rápidos en urgencias musculoesqueléticas

La valoración funcional inmediata es un elemento clave para estimar la gravedad real de una lesión musculoesquelética, incluso antes de disponer de pruebas de imagen. Estos criterios permiten una toma de decisiones ágil, reproducible y centrada en la capacidad real del paciente para utilizar la extremidad afectada.

 

Capacidad de carga y uso funcional

Los criterios funcionales rápidos más utilizados incluyen:

  • Capacidad para cargar peso en extremidades inferiores.
  • Capacidad para utilizar el miembro superior de forma funcional (prensión, elevación, alcance).
  • Capacidad para deambular de forma autónoma.
  • Capacidad para realizar movimientos básicos sin dolor invalidante.

 

Una limitación funcional marcada o desproporcionada al mecanismo lesional debe considerarse un signo de alerta.

 

El criterio de los cuatro pasos como estándar funcional

El criterio de los cuatro pasos es uno de los indicadores funcionales más utilizados y validados en urgencias musculoesqueléticas, especialmente dentro de las Reglas de Ottawa. Se considera positivo cuando el paciente no es capaz de dar cuatro pasos completos (dos con cada pie), tanto inmediatamente tras la lesión como durante la valoración en urgencias.

Este criterio evalúa de forma indirecta el dolor funcional, la estabilidad articular y la capacidad de carga real, y su incumplimiento se asocia a una mayor probabilidad de lesión ósea significativa.

 

Valoración funcional en el paciente anciano: funcionalidad y seguridad

En el paciente anciano, la valoración funcional debe ampliarse para valorar la seguridad global del paciente. Deben considerarse la funcionalidad previa, la capacidad actual para deambular de forma segura, el equilibrio, el riesgo de caídas y la necesidad de apoyos sociales o técnicos.

Una lesión aparentemente leve puede condicionar una pérdida funcional relevante, por lo que la toma de decisiones debe integrar el contexto global del paciente, no solo el diagnóstico anatómico.

 

2.4.5 Reglas de decisión clínica en urgencias musculoesqueléticas

Las reglas de decisión clínica son herramientas basadas en la evidencia que combinan hallazgos clínicos específicos para determinar la probabilidad de lesión significativa y orientar la necesidad de pruebas complementarias, especialmente radiografías.

Su objetivo principal es maximizar la seguridad del paciente, evitando tanto la infrautilización como la sobreutilización de recursos diagnósticos.

 

Fundamentos de las reglas de decisión

Estas reglas se desarrollan a partir de estudios poblacionales amplios e identifican signos clínicos con alta sensibilidad. Se basan fundamentalmente en:

  • Dolor óseo localizado.
  • Limitación funcional objetiva.
  • Mecanismo lesional.
  • Edad y factores de riesgo.

 

Las reglas de decisión no sustituyen el juicio clínico, sino que lo apoyan.

 

2.4.6 Reglas de Ottawa: definición y aplicación clínica

Las Reglas de Ottawa para tobillo y pie son un conjunto de criterios clínicos validados cuyo objetivo es optimizar la indicación de radiografía simple en pacientes con traumatismo agudo de tobillo o pie. Su aplicación permite reducir radiografías innecesarias sin aumentar el riesgo de pasar por alto fracturas clínicamente relevantes, manteniendo una sensibilidad cercana al 100 % para la detección de fracturas.

Estas reglas se basan en la combinación de dos elementos clave:

  1. Dolor localizado en regiones anatómicas específicas, asociado a mayor probabilidad de lesión ósea.
  2. Limitación funcional, evaluada mediante la capacidad para realizar la carga (criterio de los cuatro pasos).

 

Se consideran aplicables en traumatismos agudos, generalmente dentro de las primeras 24–48 horas, en pacientes conscientes y colaboradores, sin alteraciones neurológicas que interfieran en la valoración del dolor o la marcha.

 

Reglas de Ottawa para tobillo y pie

Estas reglas combinan dolor localizado en zonas anatómicas específicas con limitación funcional evaluada mediante el criterio de los cuatro pasos.

Indicada radiografía de tobillo si:

Existe dolor en la zona maleolar asociado a al menos uno de los siguientes criterios:

  • Dolor óseo a la palpación en el borde posterior o en la punta del maléolo lateral, en los 6 cm distales.
  • Dolor óseo a la palpación en el borde posterior o en la punta del maléolo medial, en los 6 cm distales.
  • Incapacidad para dar cuatro pasos, definida como la imposibilidad de apoyar el peso y realizar al menos cuatro pasos consecutivos, tanto en el momento de la valoración en urgencias como inmediatamente tras el traumatismo.

 

Estos criterios buscan identificar fracturas maleolares clínicamente significativas, excluyendo lesiones leves de partes blandas que no requieren estudio radiológico inicial.

 

Indicada radiografía de pie si:

Existe dolor en la zona del mediopié asociado a al menos uno de los siguientes criterios:

  • Dolor óseo a la palpación en la base del quinto metatarsiano.
  • Dolor óseo a la palpación en el escafoides (navicular).
  • Incapacidad para dar cuatro pasos, en los mismos términos descritos previamente.

 

Estos puntos anatómicos se asocian a fracturas de mayor relevancia funcional y riesgo de complicaciones si no se diagnostican precozmente.

 

Figura 3. Reglas de Ottawa para tobillo y pie

 

Reglas de Ottawa para rodilla

Está indicada la realización de radiografía de rodilla tras traumatismo agudo si existe cualquiera de los siguientes criterios:

  • Edad ≥55 años.
  • Dolor aislado en rótula.
  • Dolor en la cabeza del peroné.
  • Incapacidad para flexionar la rodilla a 90°.
  • Incapacidad para dar cuatro pasos.

 

Consideraciones enfermeras en la aplicación de Ottawa

  • Aplicar tras inspección y palpación ósea dirigida.
  • Documentar el criterio positivo exacto.
  • Priorizar seguridad y valoración médica si existen signos de alarma, aunque no se cumplan los criterios.

 

2.4.7 Otras reglas y criterios de decisión en urgencias musculoesqueléticas

Reglas y criterios en miembro superior

En el miembro superior no existen reglas tan universalmente validadas como Ottawa. No obstante, se utilizan criterios clínicos basados en dolor óseo localizado, deformidad, limitación funcional marcada y mecanismo lesional para orientar la indicación de radiografía en muñeca, mano, codo y hombro.

 

Reglas de decisión en columna cervical

Las reglas de decisión para columna cervical son herramientas clínicas validadas que permiten identificar con seguridad a los pacientes traumatizados en los que NO es necesario realizar estudios de imagen, evitando pruebas innecesarias, inmovilizaciones prolongadas y exposición a radiación. Su aplicación está indicada exclusivamente en pacientes alertas, hemodinámicamente estables y colaboradores, y siempre debe integrarse en una valoración clínica estructurada.

En urgencias, las dos reglas más utilizadas y respaldadas por la evidencia científica son la Regla Canadiense de la Columna Cervical (Canadian C-Spine Rule, CCR) y los criterios NEXUS.

 

Regla Canadiense de la Columna Cervical (CCR)

La CCR es una regla de decisión jerarquizada y secuencial, diseñada para determinar de forma segura cuándo está indicada la realización de pruebas de imagen cervical. Se basa en tres pasos clínicos fundamentales:

1. Identificación de factores de alto riesgo

La presencia de cualquier factor de alto riesgo obliga a realizar estudio de imagen cervical, independientemente de otros hallazgos:

  • Edad ≥ 65 años.
  • Mecanismo de alta energía (caída desde altura, colisión a alta velocidad, accidente de bicicleta, atropello).
  • Parestesias en extremidades, sugestivas de posible afectación neurológica.

 

2. Identificación de factores de bajo riesgo

En ausencia de factores de alto riesgo, se valoran factores de bajo riesgo, que permiten continuar la evaluación clínica sin imagen inicial:

  • Colisión simple por alcance.
  • Paciente en posición sentada en urgencias.
  • Deambulación tras el accidente.
  • Dolor cervical de aparición tardía.
  • Ausencia de dolor en la línea media cervical.

 

3. Valoración de la movilidad cervical activa

Si el paciente presenta al menos un factor de bajo riesgo, se evalúa la capacidad de rotación activa del cuello:

  • Capacidad para rotar el cuello 45° a derecha e izquierda, de forma activa y sin dolor limitante.

 

Si el paciente cumple este criterio, no está indicado realizar pruebas de imagen y puede retirarse la inmovilización cervical de forma segura.

Valor clínico: la CCR presenta una sensibilidad muy elevada para lesiones cervicales clínicamente significativas y permite una reducción importante del uso de radiología.

 

Criterios NEXUS (National Emergency X-Radiography Utilization Study)

Los criterios NEXUS constituyen una regla de decisión más simple y directa, basada en la exclusión de factores de riesgo. Permiten descartar lesión cervical si el paciente cumple todos los siguientes criterios:

  • Ausencia de dolor en la línea media cervical.
  • Ausencia de déficit neurológico focal.
  • Nivel de conciencia normal.
  • Ausencia de intoxicación por alcohol o drogas.
  • Ausencia de lesiones distractoras dolorosas que puedan enmascarar el dolor cervical.

 

Si se cumplen todos los criterios, no está indicada la realización de estudios de imagen cervical.

Valor clínico: su sencillez facilita la aplicación rápida en entornos con alta carga asistencial, aunque presenta menor especificidad que la CCR.

 

Consideraciones prácticas y toma de decisiones clínicas

  • Ambas reglas están validadas para pacientes adultos, conscientes y estables.
  • No deben aplicarse en pacientes con disminución del nivel de conciencia, politraumatismo grave, dolor no evaluable o imposibilidad de colaboración.
  • La CCR es más compleja pero más específica, mientras que NEXUS es más sencilla pero menos restrictiva en la indicación de imagen.
  • Ante cualquier duda clínica, prevalece el juicio clínico y debe mantenerse la inmovilización y realizar estudio radiológico.

 

2.4.8 Integración de escalas y reglas en el flujo asistencial

Las escalas y reglas de decisión deben integrarse dentro del proceso asistencial global, habitualmente durante la valoración secundaria del paciente traumatizado, tras la estabilización inicial y la exposición completa.

 

Algoritmo práctico de actuación en urgencias musculoesqueléticas

  1. Triaje y valoración inicial del dolor (END/EVA).
  2. Exploración dirigida (inspección, palpación ósea y ligamentaria, movilidad y función).
  3. Valoración neurovascular distal documentada.
  4. Aplicación de la regla de decisión correspondiente (Ottawa, CCR, NEXUS).
  5. Decisión clínica: inmovilización, analgesia, radiografía, derivación o reevaluación.

 

2.4.9 Limitaciones y signos de alarma

Las reglas de decisión son herramientas de apoyo y no deben aplicarse de forma automática. Deben priorizarse el juicio clínico y la seguridad del paciente ante:

  • Deformidad evidente severa.
  • Dolor desproporcionado o progresivo.
  • Signos neurovasculares.
  • Sospecha de lesión abierta o infección.
  • Politraumatismo o alteración del nivel de conciencia.
  • Pacientes anticoagulados con hematomas extensos.

 

2.4.10 Papel de la enfermería

La enfermería desempeña un papel clave en la aplicación correcta de estas herramientas, la detección precoz de signos de alarma, la reevaluación clínica tras las intervenciones y la educación del paciente, contribuyendo de forma directa a la seguridad asistencial.

 

2.4.11 Mensajes clave

  • La valoración funcional es esencial en urgencias musculoesqueléticas.
  • Las reglas de Ottawa reducen radiografías innecesarias sin comprometer la seguridad.
  • CCR y NEXUS estructuran la decisión de imagen cervical en urgencias traumatológicas.
  • El juicio clínico siempre prevalece sobre cualquier escala.

 

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