El triaje enfermero constituye el primer acto clínico en las urgencias musculoesqueléticas y tiene como objetivo identificar de forma precoz lesiones potencialmente graves, priorizar la atención e iniciar medidas terapéuticas tempranas. La valoración debe ser rápida y estructurada, integrando aspectos como el mecanismo lesional, la intensidad del dolor, la capacidad funcional, las comorbilidades y la presencia de signos de alarma. Entre estos destacan el compromiso neurovascular, el dolor desproporcionado, los traumatismos de alta energía, las fracturas inestables, las luxaciones y la sospecha de síndrome compartimental. Además, desde el propio triaje pueden iniciarse intervenciones como la analgesia precoz, la inmovilización provisional, la elevación del miembro afectado y la aplicación de frío local.
La valoración del paciente con una urgencia musculoesquelética debe comenzar siempre con una exploración general siguiendo el algoritmo XABCDE, priorizando el control de hemorragias graves, la vía aérea, la respiración, la circulación y la valoración neurológica antes de centrarse en la lesión osteomuscular. Posteriormente, la exploración específica incluye inspección, palpación, valoración de la movilidad, evaluación funcional y exploración neurovascular distal, que debe repetirse tras cualquier inmovilización o manipulación. La identificación precoz de alteraciones sensitivas, motoras o vasculares es fundamental para prevenir complicaciones y mejorar el pronóstico funcional del paciente.
Las escalas clínicas y las reglas de decisión permiten objetivar la valoración y optimizar el uso de pruebas complementarias. Entre las herramientas más utilizadas destacan las escalas de valoración del dolor (END y EVA), las Reglas de Ottawa para tobillo, pie y rodilla, y los criterios CCR y NEXUS para la valoración de lesiones cervicales. Estas herramientas ayudan a decidir cuándo es necesaria una radiografía o una exploración más avanzada, reduciendo pruebas innecesarias sin comprometer la seguridad del paciente. No obstante, el juicio clínico continúa siendo el elemento más importante, especialmente ante signos de alarma, pacientes politraumatizados o situaciones en las que exista sospecha de lesiones graves ocultas.
