La diálisis es una terapia sustitutiva de la función renal indicada en la enfermedad renal crónica avanzada, que permite eliminar líquidos y productos de desecho cuando el riñón no puede hacerlo. Existen dos modalidades principales: hemodiálisis, que utiliza un acceso vascular (fístula arteriovenosa o catéter venoso central) y un “riñón artificial” donde se depura la sangre mediante difusión, ósmosis y ultrafiltración; y diálisis peritoneal, en la que el peritoneo actúa como membrana de diálisis a través de un catéter abdominal, generalmente gestionada por el propio paciente en domicilio. Los pacientes dializados pueden presentar urgencias frecuentes: en hemodiálisis, complicaciones del acceso vascular (trombosis, hemorragia, infección), hiperpotasemia y sobrecarga hídrica con edema pulmonar o insuficiencia cardiaca; en diálisis peritoneal, el principal problema agudo es la peritonitis. La hiperpotasemia suele deberse a exceso de ingesta de potasio o incumplimiento terapéutico, y también a fármacos o desplazamiento del K al espacio extracelular; produce alteraciones cardiacas (arritmias, fibrilación ventricular, paro cardiaco) y neuromusculares (debilidad, parestesias), se diagnostica con ECG y analítica, y su tratamiento definitivo es la hemodiálisis, asociando medidas temporales como insulina con suero glucosado, gluconato cálcico y resinas de intercambio, con una vigilancia de enfermería muy estrecha de constantes, glucemia y monitorización cardiaca.
El acceso vascular es crítico y debe protegerse: en la extremidad con FAVI están contraindicados manguitos de tensión, venopunciones o vendajes compresivos, ya que la trombosis del acceso compromete la continuidad de la terapia y puede obligar a crear una nueva fístula o colocar un catéter central. La trombosis se sospecha por pérdida de thrill, soplo o latido y requiere estudio (eco-doppler, fistulografía) y tratamiento con trombolíticos o angioplastia; el sangrado postpunción se maneja con presión local estéril (sin vendajes compresivos) y, si persiste, hemostáticos, vitamina K y valoración por cirugía vascular. La sobrecarga hídrica por incumplimiento de la restricción de líquidos provoca edemas, disnea grave, hipoxia y riesgo de edema agudo de pulmón o fallo cardiaco, y se trata con hemodiálisis/ultrafiltración, oxígeno y soporte cardiaco. En diálisis peritoneal, la complicación clave es la peritonitis, que se manifiesta con líquido turbio, dolor y rigidez abdominal, fiebre y deterioro general, y se trata con antibióticos intraperitoneales, soporte respiratorio, reposo digestivo y estricto control del líquido drenado, insistiendo en la importancia de la técnica aséptica domiciliaria. Además, pueden aparecer otras urgencias metabólicas (hipocalcemia, acidosis, anemia urémica), infecciones de catéter, rotura o sangrado masivo del acceso y complicaciones intradiálisis como hipotensión, calambres, síndrome de desequilibrio dialítico o reacciones al dializador, que exigen actuación inmediata y coordinada del equipo de salud.
