TEMA 3: LESIONES MUSCULOESQUELÉTICAS FRECUENTES


Las fracturas, luxaciones y esguinces constituyen algunas de las lesiones más frecuentes en las urgencias musculoesqueléticas y requieren una valoración sistemática para prevenir complicaciones funcionales, neurológicas y vasculares. Las fracturas se caracterizan por la pérdida de continuidad ósea y suelen manifestarse con dolor intenso, impotencia funcional, edema y, en ocasiones, deformidad. Su abordaje inicial se basa en el control precoz del dolor, la inmovilización adecuada, la valoración neurovascular distal y la detección de signos de alarma como fracturas abiertas, alteraciones de pulsos o sospecha de síndrome compartimental. Asimismo, es fundamental vigilar posibles complicaciones como el embolismo graso, las infecciones, la pseudoartrosis o la necrosis avascular.

Las luxaciones consisten en la pérdida completa del contacto entre las superficies articulares y suelen provocar dolor intenso, deformidad visible e incapacidad funcional. La prioridad terapéutica es la reducción precoz de la articulación para restaurar la congruencia articular y evitar secuelas permanentes. Antes y después de la reducción resulta imprescindible realizar una exploración neurovascular completa, ya que pueden existir lesiones nerviosas o vasculares asociadas. Entre las más frecuentes destaca la luxación de hombro, especialmente la anterior, cuyo manejo actual prioriza técnicas de reducción suaves acompañadas de analgesia o sedación adecuadas, seguidas de inmovilización y rehabilitación progresiva.

Los esguinces, las lesiones ligamentarias, las lesiones musculares y tendinosas, así como los traumatismos de partes blandas, representan un amplio grupo de lesiones que pueden generar dolor, edema y limitación funcional significativa. La valoración clínica debe incluir el mecanismo lesional, la exploración física, la evaluación funcional y la vigilancia neurovascular. El tratamiento actual de los esguinces se basa en el modelo PEACE & LOVE, que promueve la protección relativa, la compresión, la educación del paciente y la recuperación funcional precoz. Del mismo modo, las lesiones musculares y tendinosas requieren medidas orientadas al control del dolor, la protección del tejido lesionado y la prevención de secuelas, mientras que los traumatismos de partes blandas exigen una adecuada valoración de heridas, hematomas y lesiones por aplastamiento para evitar complicaciones infecciosas o vasculares.