La valoración enfermera en urgencias es un proceso dinámico, estructurado y continuo dirigido a detectar precozmente situaciones de riesgo y priorizar la atención. En pacientes potencialmente graves se utiliza la valoración ABCDE para identificar amenazas vitales relacionadas con la vía aérea, respiración, circulación, estado neurológico y exposición; en traumatismos con hemorragia externa grave puede aplicarse el xABCDE, priorizando el control del sangrado. La valoración incluye una impresión inicial, valoración primaria y valoración secundaria, y debe repetirse ante cualquier cambio clínico.
La monitorización permite vigilar la evolución mediante el ECG, pulsioximetría, tensión arterial, frecuencia respiratoria, temperatura, glucemia y capnografía, pero nunca sustituye a la observación clínica ni a la reevaluación enfermera. El soporte inicial debe adaptarse al problema detectado e incluye medidas como oxígeno, control de hemorragias, acceso venoso, monitorización, analgesia y preparación de material crítico. Una vez controladas las amenazas vitales, se realiza la valoración secundaria, utilizando herramientas como SAMPLE para la anamnesis y OPQRST para valorar el dolor.
La exploración física y las pruebas complementarias permiten detectar signos de gravedad y orientar el tratamiento, incluyendo análisis, ECG y pruebas de imagen. El ECG debe realizarse precozmente ante sospecha de síndrome coronario agudo, mientras que el traslado de pacientes inestables requiere comprobar la monitorización, el oxígeno y el acceso venoso. Tras cada intervención es imprescindible reevaluar la respuesta del paciente y volver al ABCDE si existe deterioro. Finalmente, el registro enfermero debe ser claro, cronológico y clínicamente útil, documentando las constantes, intervenciones, respuesta, avisos y cambios en la evolución.
