La litiasis urinaria es la formación de cálculos de sales minerales en el riñón y en las vías urinarias, capaces de irritar, inflamar u obstruir el tracto urinario. Afecta sobre todo a adultos jóvenes y a mujeres postmenopáusicas (por hipercalciuria secundaria a mayor resorción ósea), siendo rara en la edad pediátrica, donde suele asociarse a alteraciones metabólicas hereditarias. La mayoría de los cálculos renales contienen calcio (≈70%), seguidos de estruvita (≈20%, ligada a infecciones urinarias por bacterias ureasa-positivas como Proteus) y, en menor proporción, ácido úrico y cistina. Su origen es multifactorial (edad, sexo, dieta, hidratación, anomalías anatómicas y metabólicas, pH y volumen urinario), y la litogénesis se desarrolla en cuatro fases (nucleación, agregación, crecimiento y fijación) favorecidas por la sobresaturación urinaria y la ectasia, que también facilita las infecciones. En la orina existen sustancias promotoras, inhibidoras y complejadoras (como magnesio y citrato) que modulan este proceso; la falta de inhibidores y complejadores favorece la formación de cálculos. La enfermedad presenta una elevada tasa de recidiva: hasta el 50 % de los pacientes recae a los 5 años y hasta el 90–95 % a los 25 años, con un riesgo vital acumulado de litiasis renal del 20 % en hombres y del 5–10 % en mujeres.
Clínicamente, la litiasis puede ser asintomática o manifestarse por hematuria micro o macroscópica y, cuando el cálculo desciende por el uréter, por cólico nefrítico: dolor lumbar unilateral de tipo cólico, de inicio agudo, que irradia a ingle, genitales o extremidad inferior, no mejora con el reposo y suele acompañarse de náuseas, vómitos, disuria, polaquiuria y hematuria por el efecto abrasivo del cálculo. Si obstruye el flujo urinario puede desencadenar infecciones (cistitis, nefritis intersticial) e incluso fracaso renal. El tratamiento persigue aliviar el dolor, resolver la obstrucción, prevenir la infección y evitar recurrencias. En urgencias se prioriza el control analgésico (AINEs, y opioides si es necesario), antieméticos e hidratación intravenosa en pacientes que no toleran vía oral, con derivación urgente a Urología ante fiebre, dolor refractario, anuria/IRA, riñón único o pacientes de riesgo (embarazo, inmunodeprimidos). Según el tamaño, localización y composición del cálculo se recurrirá a técnicas mínimamente invasivas como litotricia extracorpórea (LEOC), ureteroscopia flexible con láser, mini-nefrolitotomía percutánea o cirugía laparoscópica/robótica. Desde enfermería, son esenciales la monitorización de constantes, la valoración y manejo del dolor, la administración segura de analgésicos y fluidoterapia (con acceso venoso de buen calibre), la comprobación de alergias, la observación de efectos adversos (hipotensión, aumento de vómitos) y la educación al alta: explicar la posible hematuria transitoria y recomendar aumento de la ingesta hídrica solo cuando haya remitido la fase aguda, ya que la sobrehidratación precoz puede empeorar los síntomas.
