El tema presenta la anafilaxia como una urgencia vital pediátrica de inicio brusco y potencialmente mortal, caracterizada por una reacción multisistémica que compromete sobre todo los aparatos respiratorio y cardiovascular. Se explica su base fisiopatológica (activación mastocitaria/basofílica, mediada o no por IgE) y se subraya la variabilidad clínica —incluida la posible ausencia de lesiones cutáneas—, lo que obliga a un diagnóstico esencialmente clínico siguiendo los criterios WAO/NIAID-FAAN. Se revisan factores de riesgo (asma no controlada, adolescencia, cofactores como ejercicio o AINEs, antecedentes de anafilaxia) y los desencadenantes más frecuentes en niños (alimentos, himenópteros y fármacos).
Desde el enfoque de soporte vital y ABCDE, la prioridad es tratar primero la mayor amenaza sin demoras diagnósticas. La adrenalina intramuscular (0,01 mg/kg, máx. 0,5 mg, vasto lateral) es el tratamiento de elección y debe administrarse de forma precoz y repetirse a los 5–15 min si no hay respuesta adecuada. Se añaden medidas coadyuvantes según la clínica: oxígeno a alto flujo, expansión con cristaloides en hipotensión, broncodilatadores si broncoespasmo, y adrenalina nebulizada en estridor; corticoides y antihistamínicos se reservan como tratamiento complementario de síntomas cutáneos/recurrencia, nunca como sustitutos de la adrenalina.
El documento incorpora un algoritmo operativo (SEUP) que escalona triaje, primera/segunda/tercera línea y define la observación mínima (4–6 h; 12–24 h si grave) por riesgo de reacciones bifásicas. Se describen complicaciones (edema laríngeo, broncoespasmo severo, shock, arritmias, PCR) y se enfatiza la preparación para RCP avanzada si hay deterioro. En conjunto, el capítulo ofrece un marco práctico y seguro para reconocer, tratar y vigilar la anafilaxia pediátrica, con un papel central de enfermería en la administración temprana de adrenalina, la monitorización estrecha y la educación para el alta (incluida prescripción de autoinyector y derivación a Alergología).
