Las reacciones cutáneas adversas a fármacos incluyen distintos cuadros clínicos que van desde manifestaciones leves hasta reacciones graves potencialmente mortales. Entre ellas destacan el síndrome DRESS, la pustulosis exantematosa generalizada aguda (AGEP) y la urticaria. Estas reacciones suelen desencadenarse por medicamentos como antibióticos, anticonvulsivantes o alopurinol, y se producen por mecanismos inmunológicos que provocan inflamación cutánea y, en algunos casos, afectación de órganos internos. Su reconocimiento precoz es fundamental para evitar complicaciones graves y mejorar el pronóstico.
El síndrome DRESS es una reacción grave caracterizada por fiebre alta, erupción cutánea extensa, eosinofilia y afectación de órganos como hígado, riñón o pulmón. Suele aparecer entre 2 y 8 semanas tras iniciar el fármaco responsable y tiene una mortalidad aproximada de hasta el 10 %. El diagnóstico se basa en criterios clínicos y analíticos (como los criterios RegiSCAR). El tratamiento principal consiste en suspender el medicamento causal y, en los casos moderados o graves, administrar corticoides sistémicos y medidas de soporte. Aunque la mayoría de los pacientes se recuperan, pueden aparecer recaídas o secuelas a largo plazo.
La AGEP y la urticaria representan otras formas de reacción cutánea. La AGEP es una erupción aguda caracterizada por pústulas estériles sobre una base eritematosa acompañada de fiebre y leucocitosis, que generalmente se resuelve en 1-2 semanas tras retirar el fármaco desencadenante. La urticaria, en cambio, es una reacción más frecuente caracterizada por habones pruriginosos transitorios que pueden acompañarse de angioedema. Su manejo incluye antihistamínicos y, en casos graves, corticoides o adrenalina si existe riesgo de anafilaxia. En todas estas reacciones, la identificación del fármaco responsable, la suspensión inmediata y el seguimiento clínico son medidas clave para el manejo adecuado.
