Desde hace más de 50 años, las sociedades científicas realizan un considerable esfuerzo por mejorar la atención prestada al paciente con parada cardiorrespiratoria. En ese tiempo, se han elaborado diversas guías clínicas de atención a la parada cardiorrespiratoria (PCR), cuya difusión e implementación han conseguido mejorar la probabilidad de revertirla y recuperar la circulación espontánea (RCE). Dichas guías se fundamentan en el concepto de la cadena de supervivencia.
Con todo, el éxito alcanzado a la hora de conseguir circulación espontánea en la parada cardiorrespiratoria (PCR) no ha evitado que la mayoría de los pacientes (aproximadamente el 70%) que llegan vivos al hospital fallezcan en los primeros días de ingreso, y esta situación no ha mejorado en los últimos años.
El resultado funcional en los supervivientes sigue siendo desalentador.
En un intento por revertir esta realidad y aumentar la supervivencia y la funcionalidad de los pacientes recuperados de una parada cardiorrespiratoria (PCR), en la última década se está realizando una revisión sistematizada de las medidas y decisiones que se adoptan en estos pacientes cuando llegan al hospital, con objeto de mejorar y protocolizar los cuidados POSTRESUCITACION.
En las guías más recientes se refuerza la importancia de que el manejo posparo cardiaco debe ser estructurado y preco), con especial foco en evitar hipoxemia/hiperoxia, mantener una ventilación adecuada, optimizar la perfusión y realizar control de temperatura centrado en la prevención activa de la fiebre en pacientes en coma tras la RCE.
- En 2025, el European Resuscitation Council (ERC) y la European Society of Intensive Care Medicine (ESICM) publican una actualización integral del cuidado posresucitación con unas recomendaciones que adoptan y operacionalizan la evidencia sintetizada por ILCOR (CoSTR 2025) para los componentes críticos del manejo posparo (oxigenación/ventilación, hemodinámica, temperatura, neuroprognosticación y donación de órganos).
Figura 21: Algoritmo de cuidados posresucitación. ERC Guidelines. 2025
5.1 RESUMEN DE LOS ASPECTOS CLAVE DE LOS CUIDADOS POSPARO CARDIACO
Los aspectos clave para cuidados posparo cardiaco son los siguientes:
Tras la recuperación de la circulación espontánea (RCE), la atención debe centrarse en un manejo integral orientado a tratar la causa desencadenante de la parada, prevenir el daño secundario y optimizar el pronóstico neurológico y vital del paciente.
La coronariografía urgente con posibilidad de intervención coronaria percutánea (ICP) constituye la opción de elección en pacientes que presentan elevación del segmento ST o signos claros de isquemia miocárdica aguda tras la RCE. En ausencia de elevación del ST, se recomienda una estrategia diferida o seleccionada, reservando la coronariografía urgente para aquellos pacientes con alta sospecha de oclusión coronaria, como la presencia de inestabilidad hemodinámica o eléctrica persistente o signos continuados de isquemia.
El manejo de la temperatura en el periodo posresucitación se centra actualmente en la prevención activa de la fiebre, estableciendo como objetivo una temperatura corporal ≤ 37,5 °C en los pacientes que permanecen en coma tras la RCE, dado su impacto en el pronóstico neurológico.
En cuanto al soporte respiratorio, se recomienda evitar tanto la hiperoxia como la hipocapnia. Una vez estabilizado el paciente, el oxígeno debe titularse para mantener saturaciones objetivo entre el 94 y el 98 % (PaO₂ aproximada de 75–100 mmHg), así como una normocapnia (PaCO₂ 35–45 mmHg), ajustando la ventilación con apoyo de gasometrías siempre que sea posible.
El control hemodinámico es otro pilar fundamental del cuidado posparo. Debe identificarse y corregirse precozmente la hipotensión, estableciendo como objetivo inicial una presión arterial media (PAM) superior a 60–65 mmHg, con una individualización posterior en función de la perfusión tisular, la respuesta clínica y las comorbilidades del paciente.
La neuroprognosticación debe abordarse mediante un enfoque multimodal y escalonado, evitando decisiones precipitadas. En pacientes que permanecen inconscientes, la valoración pronóstica formal no debe realizarse antes de las 72 horas tras la RCE, una vez excluidos posibles factores de confusión mayores como la sedación residual, la hipotermia o las alteraciones metabólicas.
Finalmente, debe contemplarse de forma sistemática la donación de órganos, tanto en pacientes que evolucionan a muerte encefálica tras la RCE como en aquellos casos de donación tras parada circulatoria, cuando no se logra la RCE o tras la retirada de medidas de soporte vital, siempre conforme a la legislación vigente y a los circuitos locales establecidos.
En los siguientes apartados vamos a ir analizando estas recomendaciones de cuidados posresucitación.
5.1.1. Soporte respiratorio
Se recomienda un manejo de la oxigenación y la ventilación dirigido a objetivos en el periodo posresucitación.
De forma inicial, se aconseja comenzar con una FiO₂ elevada hasta disponer de una medición fiable de la oxigenación; una vez estabilizado el paciente, el oxígeno debe titularse de manera progresiva para mantener saturaciones de oxígeno entre el 94 y el 98 %, lo que se corresponde con una PaO₂ aproximada de 75–100 mmHg, evitando tanto la hipoxemia como la hiperoxia.
En relación con la ventilación, no existe evidencia que demuestre la superioridad de un modo ventilatorio sobre otro en este contexto. Lo prioritario es mantener una ventilación eficaz que evite alteraciones significativas del CO₂. La hiperventilación provoca hipocapnia, lo que reduce el flujo sanguíneo cerebral y puede agravar el daño neurológico; por el contrario, la hipoventilación conduce a hipercapnia y acidosis, con efectos igualmente perjudiciales.
Por este motivo, tras la estabilización inicial se recomienda ajustar la ventilación para mantener normocapnia, con valores de PaCO₂ entre 35 y 45 mmHg. Este ajuste debe realizarse de forma guiada mediante capnografía con forma de onda, siempre que esté disponible, y confirmarse mediante gasometría arterial.
La hiperoxia mantenida se ha asociado a un mayor daño por reperfusión tras la parada cardiorrespiratoria; por ello, una vez obtenida una medición fiable, es fundamental reducir progresivamente la FiO₂, evitando valores persistentemente elevados y manteniendo los objetivos de oxigenación recomendados.
Tips enfermeros en oxigenación tras la RCE
- Inmediatamente después de la recuperación de la circulación espontánea (RCE), administrar oxígeno al 100 % (o la FiO₂ máxima disponible) hasta disponer de una medición fiable de la oxigenación, ya sea mediante pulsioximetría o gasometría arterial.
- Tan pronto como la SpO₂ pueda medirse de forma fiable, o se disponga de valores de PaO₂, ajustar progresivamente la FiO₂ para alcanzar una saturación arterial de oxígeno objetivo del 94–98 %, o una PaO₂ de 75–100 mmHg (10–13 kPa), evitando tanto la hipoxemia como la hiperoxia.
- Tener en cuenta que la pulsioximetría puede sobreestimar la saturación real de oxígeno en personas con tonos de piel más oscuros, y que los estados de bajo flujo (shock, vasoconstricción, hipotermia) pueden asociarse a señales de baja calidad o lecturas poco fiables.
- Ante dudas sobre la fiabilidad de la SpO₂, priorizar la valoración clínica, la capnografía y la gasometría arterial para guiar el ajuste de la oxigenoterapia
5.1.2. Manejo cardiovascular posresucitación: reperfusión, diagnóstico etiológico y prevención secundaria
Manejo de la cardiopatía isquémica en el paciente posparada cardiaca:
Angiografía coronaria e intervención coronaria percutánea (ICP)
En pacientes adultos con recuperación de circulación espontánea (RCE) tras parada cardiaca extrahospitalaria (PCR-EH) de probable origen cardíaco, se recomienda realizar evaluación urgente en sala de hemodinámica con angiografía e intervención coronarias percutánea primaria (ICPP) cuando exista:
- Elevación persistente del segmento ST en el ECG.
- Alta sospecha clínica de oclusión coronaria aguda (inestabilidad hemodinámica y/o eléctrica).
En pacientes con RCE tras PCR-EH sin elevación del ST, se recomienda diferir la angiografía coronaria si el contexto clínico no sugiere alta probabilidad de oclusión coronaria aguda.
No obstante, debe considerarse una estrategia invasiva precoz cuando exista:
- Shock cardiogénico.
- Inestabilidad hemodinámica persistente.
- Arritmias ventriculares recurrentes.
- Evidencia clínica o electrocardiográfica de isquemia persistente.
Integración de tomografía computarizada en el diagnóstico etiológico
En pacientes posparo con etiología no aclarada, especialmente en ausencia de elevación del ST o signos claros de causa coronaria, se recomienda realizar tomografía computarizada (TC) corporal en fase dual, incluyendo:
- TC craneal
- TC de cuello, tórax, abdomen y pelvis
- Angiografía pulmonar por TC
La TC puede realizarse antes o después de la coronariografía según la probabilidad clínica de etiología coronaria.
El objetivo es identificar causas potencialmente reversibles como:
- Tromboembolismo pulmonar masivo
- Hemorragia intracraneal
- Disección aórtica
- Complicaciones traumáticas secundarias a la RCP
Las Guías ERC 2025 incorporan de forma explícita esta estrategia de TC corporal sistemática precoz cuando la presentación no es típicamente coronaria, priorizándola en ausencia de IAMCEST.
Desfibrilador automático implantable (DAI)
Se recomienda considerar la implantación de un desfibrilador automático implantable (DAI) en pacientes con cardiopatía isquémica y disfunción ventricular izquierda significativa que hayan sido resucitados de una arritmia ventricular ocurrida más de 24–48 horas después de un evento coronario primario.
Esta indicación debe individualizarse según:
- Fracción de eyección ventricular izquierda
- Reversibilidad de la causa desencadenante
- Evolución clínica y estabilidad hemodinámica
- Evaluación cardiológica especializada
5.1.3. Manejo hemodinámico
No existen objetivos universales óptimos de soporte hemodinámico aplicables a todos los pacientes tras la recuperación de la circulación espontánea (RCE).
La recomendación de las guías más recientes es evitar la hipotensión y mantener una perfusión sistémica adecuada, estableciendo como objetivo inicial una presión arterial media (PAM) > 60–65 mmHg, con individualización según antecedentes del paciente, situación clínica y objetivos terapéuticos.
Objetivos hemodinámicos:
El objetivo práctico es mantener:
- PAM > 60–65 mmHg
- Diuresis adecuada (≈ 0,5–1 mL/kg/h)
- Lactato normal o en descenso progresivo
- Estabilidad eléctrica y ausencia de signos de hipoperfusión
Estos parámetros deben interpretarse de forma integrada y ajustarse al contexto clínico (edad, hipertensión crónica, shock cardiogénico, comorbilidad vascular, etc.).
La evidencia observacional en pacientes posparada cardiaca muestra que:
- Una presión arterial sistólica < 90 mmHg o una PAM < 65 mmHg se asocian a mayor mortalidad y peor recuperación neurológica.
- Presiones sistólicas ≥ 100 mmHg se han asociado a mejor recuperación funcional.
No obstante, los ensayos clínicos no han identificado un objetivo óptimo específico de presión arterial, ya que las intervenciones estudiadas combinan múltiples estrategias terapéuticas. Además, los requerimientos de perfusión son variables entre pacientes, por lo que los objetivos deben individualizarse.
Monitorización recomendada:
- Monitorización invasiva continua de la presión arterial mediante línea arterial en todos los pacientes posparo.
- Considerar la monitorización del gasto cardiaco en pacientes hemodinámicamente inestables.
- Determinaciones seriadas de lactato.
- Monitorización de diuresis horaria.
- Vigilancia estrecha del ritmo cardíaco y alteraciones electrolíticas.
Recomendaciones de acceso vascular:
- Es razonable disponer de acceso venoso central cuando se requiera administración continua de vasopresores/inotrópicos, monitorización hemodinámica avanzada o manejo complejo del volumen.
- La colocación de vía central debe realizarse valorando riesgos/beneficios y estabilidad del paciente.
Tratamiento del compromiso hemodinámico:
La inestabilidad hemodinámica tras la PCR puede deberse a:
- Disfunción miocárdica posparada (stunning miocárdico)
- Vasoplejía
- Hipovolemia relativa o absoluta
- Shock cardiogénico
Se recomienda:
- Fluidoterapia guiada por objetivos, evitando sobrecarga.
- Uso de noradrenalina como vasopresor de primera línea en hipotensión vasodilatadora.
- Dobutamina cuando exista disfunción miocárdica con bajo gasto.
- Considerar soporte circulatorio mecánico en shock cardiogénico refractario en pacientes seleccionados.
Ecocardiografía
Se recomienda realizar ecocardiografía precoz en todos los pacientes tras la RCE para:
- Detectar disfunción ventricular izquierda o derecha.
- Identificar causas estructurales (taponamiento, disfunción valvular, etc.).
- Guiar la estrategia hemodinámica (volumen, inotropía, vasopresión).
La disfunción miocárdica posparada es frecuente y puede contribuir significativamente a la inestabilidad hemodinámica temprana.
5.1.4. Optimización de la recuperación neurológica
5.1.4.1 Manejo de temperatura
En el paciente que permanece en coma tras la recuperación de la circulación espontánea (RCE), el objetivo prioritario es prevenir activamente la fiebre, ya que la hipertermia aumenta el metabolismo cerebral, favorece la liberación de neurotransmisores excitotóxicos, incrementa el consumo de oxígeno y puede agravar la lesión cerebral hipóxico-isquémica secundaria.
Objetivo térmico
- Mantener temperatura ≤ 37,5 ºC durante al menos 72 horas.
- Evitar hipertermia en todo momento.
- Individualizar objetivos según situación clínica.
Conducta práctica
- Monitorizar temperatura de forma continua (preferiblemente central).
- Iniciar medidas físicas y farmacológicas ante temperatura ≥ 37,5 ºC.
- Si se emplean dispositivos de control de temperatura:
- Pueden utilizarse sistemas de superficie o endovasculares.
- Deben contar con sistema de retroalimentación automática.
- Puede seleccionarse un objetivo entre 32–36 ºC según criterio clínico.
- No inducir hipotermia de forma rutinaria.
- No utilizar infusión rápida de sueros fríos en el ámbito prehospitalario.
- Si el paciente presenta hipotermia leve espontánea (32–36 ºC) tras la RCE:
- No realizar recalentamiento activo salvo indicación específica.
Consideraciones clínicas
- Valorar riesgo de sangrado, inestabilidad hemodinámica o coagulopatía antes de plantear objetivos más bajos.
- Prevenir y tratar escalofríos.
- Ajustar sedación si se utiliza control activo de temperatura.
5.1.4.2 Control glucémico
Las alteraciones glucémicas son frecuentes tras la parada cardiaca y tienen impacto directo sobre la lesión cerebral secundaria.
Importancia fisiológica del control glucémico
Tras la isquemia cerebral global la hiperglucemia:
- Favorece la glucólisis anaerobia y la producción de lactato.
- Aumenta la acidosis intracelular.
- Potencia el estrés oxidativo y la disfunción mitocondrial.
- Se asocia a mayor edema cerebral y peor recuperación neurológica.
Por otro lado no debemos olvidar que la hipoglucemia:
- Compromete el sustrato energético cerebral.
- Puede agravar la lesión neuronal ya establecida.
- Puede pasar desapercibida en pacientes sedados o en coma.
El cerebro posisquémico es especialmente vulnerable tanto al déficit como al exceso de glucosa; por ello, el objetivo es la normoglucemia prudente, evitando extremos.
Objetivos prácticos
- Evitar hipoglucemia.
- Mantener glucemia ≤ 180 mg/dL.
- Monitorización seriada cada 1–4 horas según estabilidad.
Conducta
- Utilizar protocolos estándar de UCI.
- Iniciar perfusión de insulina si hiperglucemia persistente.
- Evitar estrategias de control intensivo que aumenten riesgo de hipoglucemia.
5.1.4.3 Sedación y control de convulsiones
La sedación tras la recuperación de la circulación espontánea (RCE) no debe considerarse automática ni protocolaria. Su indicación depende del estado neurológico del paciente y de las necesidades terapéuticas asociadas.
¿Cuándo puede no ser necesaria?
En pacientes que recuperan la conciencia, obedecen órdenes y mantienen ventilación espontánea eficaz, no está indicada la sedación rutinaria. La sedación innecesaria en este contexto:
- Interfiere con la valoración neurológica.
- Puede retrasar la identificación de complicaciones.
- Aumenta el riesgo de depresión respiratoria.
- Prolonga estancia en UCI de forma evitable.
En estos pacientes, el objetivo debe ser mantener confort y vigilancia estrecha, evitando intervenciones que dificulten la evaluación clínica.
Indicaciones de la sedacion:
La mayoría de los pacientes que permanecen en coma tras la RCE requerirán sedación como parte del manejo integral. Las indicaciones más frecuentes aparecen resumidas en la siguiente tabla:

Manejo práctico de la sedación y del bloqueo neuromuscular
En el paciente posparada cardiaca, la sedación debe entenderse como una herramientaajustable y orientada a objetivos, no como una medida fija.
El principio general es administrar la mínima sedación necesaria para garantizar estabilidad clínica, ventilación adecuada y confort, evitando interferir innecesariamente con la evaluación neurológica.
Se prefieren sedantes de acción corta porque permiten una valoración neurológica más precoz y fiable. Su perfil farmacocinético facilita la interrupción programada, reduce el riesgo de acumulación —especialmente relevante en pacientes con disfunción hepática o renal transitoria tras la pcr— y disminuye la probabilidad de prolongar la ventilación mecánica por exceso de sedación. Además, evitan confusión en la interpretación del estado neurológico, algo fundamental en las primeras 72 horas.
La sedación debe:
- Titularse según el objetivo clínico (sincronía ventilatoria, control de temperatura, manejo de agitación o crisis).
- Monitorizarse mediante escalas validadas.
- Reevaluarse de forma periódica.
- Suspenderse temporalmente (pausas de sedación) cuando la situación hemodinámica y respiratoria lo permitan, con el fin de valorar el nivel real de conciencia.
Bloqueantes neuromusculares:
El uso de relajantes musculares no está indicado de forma rutinaria en el paciente posparo cardiaco. Su empleo sistemático puede ocultar signos neurológicos relevantes y dificulta la valoración clínica.
Deben reservarse para situaciones concretas:
- Distrés respiratorio grave, cuando exista asincronía ventilatoria no controlable con sedación adecuada.
- Escalofríos refractarios durante estrategias de control de temperatura que comprometan la estabilidad hemodinámica o aumenten significativamente el consumo metabólico.
Siempre que se administren bloqueantes neuromusculares, es imprescindible asegurar sedación y analgesia adecuadas, así como monitorización estrecha.
En resumen, la estrategia debe orientarse a un equilibrio: suficiente sedación para garantizar estabilidad fisiológica y seguridad, pero lo más ligera posible para permitir evaluación neurológica precoz y evitar complicaciones asociadas a la sobre-sedación.
Control de convulsiones y mioclonías
Las crisis epilépticas son una complicación relativamente frecuente tras la parada cardiaca, especialmente en pacientes que permanecen en coma. Su aparición no es un fenómeno benigno: la actividad epileptiforme incrementa el consumo cerebral de oxígeno, eleva el metabolismo neuronal y puede aumentar la presión intracraneal, favoreciendo la progresión de la lesión cerebral hipóxico-isquémica secundaria.
Por este motivo, la detección y el tratamiento precoz de las convulsiones forman parte esencial de la estrategia de neuroprotección.
Monitorización
Todo paciente comatoso tras la rce debe someterse a registro electroencefalográfico (eeg) desde el primer día. El eeg permite:
- Detectar crisis electrográficas no evidentes clínicamente.
- Identificar estatus epiléptico no convulsivo.
- Contribuir a la valoración pronóstica.
En pacientes con alto riesgo o hallazgos sugestivos, es recomendable la monitorización continua. Además, debe repetirse el eeg si aparecen cambios clínicos, movimientos anormales o mioclonías.
Principios terapéuticos
El manejo debe ser activo pero selectivo.
- No está indicada la profilaxis anticonvulsivante rutinaria.
- Solo deben tratarse crisis confirmadas, ya sean clínicas o electrográficas.
- Ante un estatus epiléptico, la intervención debe ser inmediata y protocolizada.
El objetivo no es suprimir de forma indiscriminada la actividad cerebral, sino controlar la actividad epileptiforme que pueda agravar la lesión neuronal.
Tratamiento farmacológico
Como tratamiento de primera línea se recomiendan:
- Levetiracetam
- Valproato sódico
Ambos pueden administrarse precozmente ante crisis confirmadas.
En caso de estatus epiléptico o refractariedad, pueden emplearse:
- Benzodiacepinas.
- Propofol.
- Otros fármacos según protocolo de uci y evolución clínica.
La elección debe individualizarse según estabilidad hemodinámica y comorbilidad.
Mioclonías
Las mioclonías son frecuentes tras la pcr y pueden generar incertidumbre pronóstica. Es importante recordar que:
- La presencia de mioclonías no implica por sí sola mal pronóstico.
- Deben valorarse siempre en conjunto con el eeg y la exploración clínica.
- El clonazepam puede utilizarse para control sintomático si son persistentes o generan inestabilidad.
Cuando el eeg muestra un fondo benigno, deben realizarse pruebas de despertar diferidas antes de establecer conclusiones pronósticas.
5.2 VALORACIÓN DEL PRONÓSTICO NEUROLÓGICO
El pronóstico neurológico tras la recuperación de la circulación espontánea (RCE) debe realizarse de forma multimodal, secuencial y libre de confusores mayores (sedación/analgesia residual, hipotermia, bloqueantes neuromusculares, alteraciones metabólicas/respiratorias, sepsis, hipotensión grave o hipoxemia, hipoglucemia ).
No existe un único parámetro con valor predictivo absoluto. La estimación pronóstica debe integrar exploración clínica, neurofisiología, biomarcadores y neuroimagen.
La evaluación pronóstica formal debe realizarse en pacientes que permanecen inconscientes tras la RCE (es decir, que no despiertan ni obedecen órdenes; respuesta motora < 6 en la escala de Glasgow) a partir de las ≥ 72 horas, una vez descartada la presencia de factores confusores previamente descritos (p. ej., sedación residual, hipotermia, alteraciones metabólicas).
Las pruebas realizadas antes de este momento pueden aportar información orientativa, pero la interpretación pronóstica definitiva debe basarse en la valoración realizada a partir de ese intervalo temporal.
Secuencia práctica de valoración
1-Exploración clínica
Primer paso del algoritmo.
En pacientes inconscientes a ≥ 72 h deben evaluarse:
- Reflejo pupilar a la luz.
- Reflejo corneal.
- Respuesta motora.
- Presencia de mioclonías.
La ausencia bilateral de reflejos pupilares y corneales a ≥ 72 h, en ausencia de confusores, es un hallazgo de mal pronóstico cuando se asocia a otros predictores.
2️-Neurofisiología
EEG
Debe realizarse desde el primer día.
Permite:
- Detectar crisis electrográficas.
- Identificar patrones altamente malignos (supresión, supresión con ráfagas).
- Contribuir a la estimación pronóstica.
Un EEG altamente maligno persistente > 24 h es predictor desfavorable cuando se integra en el conjunto de hallazgos.
Potenciales Evocados Somatosensoriales (SSEP)
Los SSEP evalúan la integridad funcional de la vía somatosensorial desde el nervio periférico hasta la corteza cerebral.
Tras estimulación del nervio mediano, se registra la respuesta cortical denominada onda N20, que refleja la activación de la corteza somatosensorial primaria.
- La presencia bilateral de N20 indica llegada del estímulo a la corteza.
- La ausencia bilateral de la onda N20 a ≥ 24 h sugiere lesión cortical grave y constituye un predictor robusto de mal pronóstico cuando se interpreta en contexto multimodal.
3️-Biomarcadores
Enolasa neuronal específica (NSE)
La NSE es una enzima intracelular presente en neuronas que se libera al torrente sanguíneo cuando existe daño neuronal significativo.
- Niveles elevados reflejan lesión cerebral extensa.
- Valores > 60 µg/L a 48 y/o 72 horas apoyan mal pronóstico cuando se integran con otros predictores.
- Debe interpretarse con cautela y nunca de forma aislada.
4️-Pruebas de neuroimagen
Apoya la valoración clínica.
Hallazgos sugestivos de mal pronóstico:
- Edema cerebral difuso.
- Reducción marcada del cociente sustancia gris/blanca en TAC.
- Restricción extensa en difusión en RM.
Si el paciente continúa inconsciente a 72–96 h y la primera TAC fue normal, se recomienda repetirla.
Criterio práctico de mal pronóstico probable
En un paciente inconsciente a ≥ 72 horas, sin confusores, puede considerarse mal pronóstico probable cuando coexisten dos o más de los siguientes:
- Ausencia bilateral de reflejos pupilar y corneal.
- Ausencia bilateral de onda N20 en SSEP.
- EEG altamente maligno persistente.
- NSE > 60 µg/L.
- Estatus mioclónico precoz.
- Lesión anóxica difusa en neuroimagen.
Principio fundamental
La decisión pronóstica nunca debe basarse en un único hallazgo.
El enfoque debe ser estructurado, multimodal y prudente, especialmente ante resultados discordantes.
Tabla resumen de valoración pronóstico neurológico
5.3 REHABILITACIÓN
Enfoque integral en el paciente post-ROSC
La rehabilitación del paciente que ha sobrevivido a una parada cardiaca comienza en la fase hospitalaria precoz y debe entenderse como parte del tratamiento global posresucitación. No se limita a la recuperación motora, sino que incluye la dimensión neurológica, cognitiva, funcional, psicológica y cardiovascular.
Las guías actuales recomiendan una planificación estructurada del seguimiento tras el alta, con detección activa de secuelas físicas y neuropsicológicas
5.3.1 Objetivos de la rehabilitación post-ROSC
- Maximizar la recuperación neurológica.
- Prevenir deterioro funcional secundario a inmovilización.
- Detectar déficit cognitivo precoz.
- Reducir complicaciones físicas.
- Favorecer reintegración social y calidad de vida.
- Apoyar emocionalmente al paciente y su familia.
5.3.2 Rehabilitación en fase hospitalaria
A) Fase precoz (UCI / Unidad de críticos)
Prioridades
- Movilización precoz cuando sea hemodinámicamente posible.
- Prevención de debilidad adquirida en UCI.
- Valoración neurológica seriada.
- Detección de delirium.
- Prevención de úlceras por presión y complicaciones tromboembólicas.
Actuaciones enfermeras
- Cambios posturales protocolizados.
- Movilización pasiva y activa asistida.
- Sedación mínima necesaria para permitir interacción.
- Monitorización del nivel de conciencia.
- Control del dolor.
- Evaluación sistemática de delirium.
- Educación a familia sobre evolución esperable.
La movilización precoz reduce debilidad muscular y favorece recuperación funcional.
B) Fase intermedia (planta de hospitalización)
Valoración funcional
Debe evaluarse:
- Fuerza muscular.
- Marcha.
- Equilibrio.
- Capacidad para actividades básicas de la vida diaria.
Valoración cognitiva
Es frecuente la presencia de:
- Déficit de memoria.
- Alteraciones atencionales.
- Lentitud en procesamiento.
- Cambios conductuales.
Se recomienda derivación precoz a rehabilitación física y neuropsicológica si se detectan alteraciones.
Manejo enfermero
- Fomentar autonomía progresiva.
- Supervisar deambulación.
- Educación en autocuidados.
- Detección de signos de depresión o ansiedad.
- Coordinación con fisioterapia y terapia ocupacional.
5.3.3 Rehabilitación tras el alta
Los supervivientes de PCR pueden presentar síndrome post-parada cardiaca, que incluye:
- Secuelas cognitivas.
- Trastornos emocionales (ansiedad, depresión, estrés postraumático).
- Fatiga persistente.
- Limitación funcional.
Se recomienda:
- Programar seguimiento estructurado.
- Evaluación cardiológica.
- Rehabilitación cardíaca si está indicada.
- Apoyo psicológico.
- Valoración social y laboral.
5.3.4 Papel específico de enfermería en rehabilitación
El profesional de enfermería desempeña un papel central en:
1. Detección precoz de secuelas
- Cambios en memoria o conducta.
- Debilidad muscular.
- Alteraciones del ánimo.
2. Prevención de complicaciones
- Caídas.
- Desnutrición.
- Inmovilización prolongada.
- Infecciones.
3. Educación sanitaria
- Explicar evolución esperable.
- Informar sobre signos de alarma.
- Reforzar adherencia a tratamiento.
- Promover hábitos cardiosaludables.
4. Apoyo emocional
- Acompañar en el proceso de recuperación.
- Detectar sobrecarga familiar.
- Facilitar acceso a recursos comunitarios.
5.3.5️Enfoque multidisciplinar
La rehabilitación post-ROSC requiere coordinación entre:
- Medicina intensiva.
- Neurología.
- Cardiología.
- Rehabilitación.
- Neuropsicología.
- Enfermería.
- Trabajo social.
El objetivo final no es únicamente la supervivencia, sino la recuperación funcional con la mejor calidad de vida posible.
5.4 SINDROME POST PARADA CARDIACA
Síndrome Posparada Cardiaca (SPPC)
El síndrome posparada cardiaca (SPPC) describe el conjunto de alteraciones fisiopatológicas que aparecen tras la recuperación de la circulación espontánea (RCE) como consecuencia de la isquemia global y la posterior reperfusión sistémica.
Comprender este síndrome es esencial, ya que todas las intervenciones del capítulo de manejo post-RCE están dirigidas a limitar sus efectos.
1️- Lesión cerebral hipóxico-isquémica
Es el principal determinante del pronóstico.
Durante la parada cardiaca se produce interrupción del flujo cerebral. Tras la RCE:
- Se desencadena excitotoxicidad glutamatérgica.
- Aumenta la producción de radicales libres.
- Se activa inflamación cerebral.
- Se produce edema y disfunción mitocondrial.
Relación con el manejo post-RCE
Justifica:
- Prevención activa de la fiebre.
- Normoxemia (evitar hiperoxia).
- Normocapnia.
- Control de glucemia.
- Tratamiento precoz de convulsiones.
- Estrategia multimodal de pronóstico neurológico.
2️-Disfunción miocárdica posparada
Tras la RCE puede aparecer depresión miocárdica transitoria (“stunning”):
- Disminución del gasto cardiaco.
- Hipotensión.
- Shock cardiogénico.
Relación con el manejo post-RCE
Justifica:
- Objetivo de PAM ≥ 60–65 mmHg.
- Uso de vasopresores e inotrópicos.
- Ecocardiografía precoz.
- Monitorización invasiva.
- Evaluación coronaria si procede.
3️-Respuesta inflamatoria sistémica tipo sepsis
La reperfusión desencadena una respuesta inflamatoria generalizada:
- Vasoplejía.
- Aumento de permeabilidad capilar.
- Disfunción multiorgánica.
- Coagulopatía.
- Alteraciones metabólicas.
Relación con el manejo post-RCE
Justifica:
- Soporte hemodinámico dirigido a perfusión.
- Control estricto de lactato.
- Monitorización renal.
- Prevención de infecciones.
- Manejo metabólico y electrolítico cuidadoso.
4️-Persistencia de la causa desencadenante
La parada cardiaca suele ser consecuencia de una patología primaria:
- Síndrome coronario agudo.
- Tromboembolismo pulmonar.
- Arritmias primarias.
- Hemorragia intracraneal.
- Otras causas reversibles.
Relación con el manejo post-RCE
Justifica:
- Coronariografía urgente si está indicada.
- TC cerebral o corporal en etiología no aclarada.
- Tratamiento específico de la causa.
- Prevención secundaria (DAI, tratamiento cardiológico).
El manejo post-RCE no es por tanto una suma de intervenciones aisladas, sino una estrategia dirigida a:
- Limitar la lesión cerebral secundaria.
- Mantener perfusión sistémica adecuada.
- Controlar la respuesta inflamatoria.
- Tratar la causa precipitante.
Cada bloque del capítulo que acabamos de estudiar (hemodinámica, ventilación, temperatura, convulsiones, pronóstico, rehabilitación) responde al manejo para la prevención y tratamiento de uno o varios componentes del síndrome posparada cardiaca.
5.5 MANEJO ENFERMERO Y ACTUACIONES CLAVE en los cuidados posresucitación
El manejo enfermero en el periodo posresucitación es determinante para prevenir lesión secundaria y detectar complicaciones precozmente. la actuación debe ser sistemática, protocolizada y orientada a objetivos fisiológicos.
En la siguiente tabla se resumen las actuaciones fundamentales de los comentado a lo largo de todo el capítulo.


BIBLIOGRAFÍA
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