Las enfermedades ampollosas autoinmunes incluyen el pénfigo vulgar, el penfigoide ampolloso y la dermatitis herpetiforme, caracterizándose por la formación de ampollas en la piel y, en algunos casos, mucosas. El pénfigo vulgar se produce por autoanticuerpos contra desmogleínas (Dsg1 y Dsg3), provocando ampollas flácidas que se rompen fácilmente y erosiones dolorosas, con afectación frecuente de la mucosa oral y signo de Nikolsky positivo. Su diagnóstico se basa en hallazgos clínicos, biopsia, inmunofluorescencia y ELISA, mientras que el tratamiento incluye corticosteroides sistémicos, inmunosupresores y cuidados tópicos. Las intervenciones de enfermería se centran en manejo del dolor, cuidado de la piel erosionada, soporte nutricional, educación sobre la enfermedad crónica y apoyo emocional debido al impacto psicosocial.
El penfigoide ampolloso afecta principalmente a ancianos y se caracteriza por ampollas tensas sobre piel eritematosa, con prurito intenso y afectación mucosa poco frecuente. La patogenia involucra autoanticuerpos contra proteínas de la membrana basal (BP180 y BP230) que activan el complemento y reclutan neutrófilos. El diagnóstico se realiza por hallazgos clínicos, biopsia con infiltrado eosinofílico e inmunofluorescencia, mientras que el manejo incluye corticosteroides tópicos o sistémicos, inmunosupresores y terapias biológicas en casos refractarios. Las intervenciones de enfermería son similares a las del pénfigo vulgar, enfocándose en el control de prurito y dolor, prevención de complicaciones, adherencia al tratamiento y soporte emocional.
La dermatitis herpetiforme se asocia a enfermedad celíaca y se manifiesta con pápulas y vesículas pruriginosas, generalmente localizadas en codos, rodillas y glúteos, acompañadas de síntomas gastrointestinales en algunos casos. La fisiopatología involucra autoanticuerpos contra la transglutaminasa epidérmica (TG3) y depósitos de IgA en la dermis papilar. El diagnóstico combina hallazgos clínicos, biopsia, y serología para anticuerpos antitransglutaminasa y antiendomisio. El tratamiento fundamental es la dieta sin gluten, complementada con dapsona o corticoides tópicos para las lesiones cutáneas. El rol de enfermería incluye manejo del prurito y dolor, cuidado de la piel, educación sobre adherencia a la dieta, soporte nutricional y apoyo emocional ante el impacto estético y psicosocial de la enfermedad.
