Las urgencias oftalmológicas comprenden un conjunto de patologías oculares de aparición súbita que pueden poner en riesgo la visión e incluso la vida ocular. Aunque representan un porcentaje reducido de las consultas en urgencias, su relevancia clínica es elevada debido a la posibilidad de provocar secuelas irreversibles. Entre las situaciones más frecuentes destacan el trauma ocular, la pérdida visual súbita, las infecciones oculares y las hemorragias oculares. La identificación temprana de signos de alarma y una actuación rápida son fundamentales para preservar la función visual y evitar complicaciones graves.
La evaluación inicial en urgencias oftalmológicas debe realizarse de forma rápida, sistemática y orientada a detectar alteraciones que requieran atención inmediata. Sus objetivos principales son determinar el grado de compromiso visual, identificar signos de gravedad y priorizar la derivación urgente a oftalmología. Para ello, se emplean herramientas como la medición de la agudeza visual mediante la cartilla de Snellen, la valoración de los reflejos pupilares y la tonometría para medir la presión intraocular. Hallazgos como disminución súbita de visión, pupilas no reactivas o aumento de la presión ocular pueden indicar patologías graves como glaucoma agudo, desprendimiento de retina o lesiones neurológicas.
Los principales signos de alarma ocular incluyen dolor ocular intenso, pérdida súbita de visión, diplopía, anisocoria, secreción purulenta importante y traumatismos penetrantes o cuerpos extraños intraoculares. Ante estas situaciones, el manejo inicial debe centrarse en proteger el ojo afectado, evitar manipulaciones innecesarias y realizar una derivación inmediata a oftalmología. Además, en casos de trauma ocular se deben aplicar medidas de protección como parches o gafas de seguridad y monitorizar constantemente el estado del paciente para prevenir daños irreversibles y complicaciones mayores.
