TEMA 5: TRATAMIENTO GENERAL DE LA INSUFICIENCIA RESPIRATORIA AGUDA Y SOPORTE VENTILATORIO


El tratamiento de la insuficiencia respiratoria aguda se basa en asegurar la vía aérea, corregir la hipoxemia y la hipercapnia, y proporcionar el soporte respiratorio más adecuado según la gravedad del paciente. La oxigenoterapia constituye la primera medida terapéutica y debe administrarse de forma individualizada mediante dispositivos de bajo flujo o alto flujo, ajustando la FiO₂ según la respuesta clínica y los resultados de la pulsioximetría y la gasometría arterial. En este contexto, el papel de enfermería es esencial para la detección precoz del deterioro, la monitorización continua, la administración segura de oxígeno y la prevención de complicaciones asociadas al tratamiento.

Cuando la oxigenoterapia convencional resulta insuficiente, puede ser necesario recurrir a la ventilación mecánica no invasiva (VMNI) mediante modalidades como CPAP o BiPAP, especialmente en pacientes con EPOC reagudizado, edema agudo de pulmón o determinadas situaciones de insuficiencia respiratoria hipercápnica. La VMNI mejora el intercambio gaseoso, reduce el trabajo respiratorio y puede evitar la intubación si se aplica de forma precoz y con una monitorización adecuada. El personal de enfermería desempeña un papel fundamental en la preparación del equipo, la colocación de las interfaces, la vigilancia clínica, el cuidado de la piel y la detección temprana de signos de fracaso terapéutico.

En los casos más graves, cuando existe fracaso respiratorio, alteración del nivel de conciencia, inestabilidad hemodinámica o agotamiento muscular, está indicada la ventilación mecánica invasiva (VMI) mediante intubación endotraqueal. Esta técnica permite asegurar una ventilación eficaz y controlar parámetros como el volumen tidal, la frecuencia respiratoria, la PEEP y la FiO₂, adaptándolos a cada patología. Tras la intubación, los cuidados de enfermería incluyen la vigilancia continua del ventilador y del paciente, la prevención de la neumonía asociada a ventilación mecánica, la higiene bronquial, el control de la sedación y la correcta fijación del tubo endotraqueal. Todo ello contribuye a mejorar la seguridad, reducir complicaciones y optimizar la evolución clínica del paciente crítico.