En el contexto de la enfermería de urgencias, es fundamental conocer las vías de administración de medicamentos, ya que su elección influye directamente en la rapidez, eficacia y seguridad del tratamiento. Estas se clasifican en vías indirectas (como la oral, rectal, sublingual, intranasal o inhalatoria), en las que el fármaco debe atravesar barreras fisiológicas antes de llegar a la circulación, y vías directas (intravenosa, intramuscular, subcutánea, intraósea, entre otras), que permiten una acción inmediata al evitar el metabolismo de primer paso. Cada vía tiene indicaciones específicas según el estado del paciente, la urgencia del tratamiento, el tipo de fármaco y las condiciones clínicas, siendo clave dominar sus ventajas, limitaciones y técnica correcta.
La vía intravenosa destaca por su uso habitual en urgencias por su efecto rápido y dosificación precisa, pudiéndose administrar en bolo, infusión continua o intermitente. Otras vías como la intraósea son vitales cuando no se consigue acceso venoso, y las vías transdérmica, sublingual o inhalatoria ofrecen alternativas efectivas no invasivas. En situaciones especiales, como pacientes con sondas digestivas o con catéteres centrales, es esencial tener en cuenta factores farmacocinéticos, posibles interacciones con nutrición enteral y técnicas de administración seguras para evitar complicaciones como obstrucciones o infecciones.
Por último, existen excepciones clínicas donde se utilizan formulaciones intravenosas por vía oral (como vancomicina en infección por C. difficile) debido a su baja absorción sistémica. Estas decisiones requieren conocimiento del perfil del fármaco y supervisión por parte del equipo farmacéutico. La administración segura también exige comprender las formas de infusión intravenosa (bolo, continua, intermitente, microdosis) y aplicar técnicas como el "flush" para asegurar la completa administración del fármaco y el mantenimiento de la vía.
