TEMA 6: DOLOR, E INTERVENCIÓN ENFERMERA EN URGENCIAS MUSCULOESQUELÉTICAS


6.1 DOLOR MUSCULOESQUELÉTICO AGUDO EN URGENCIAS Y FARMACOLOGÍA APLICADA

6.1.1 Introducción y alcance clínico

El dolor musculoesquelético agudo es uno de los motivos de consulta más frecuentes en urgencias y, a la vez, uno de los ámbitos donde la actuación enfermera avanzada tiene mayor impacto en resultados clínicos: confort, recuperación funcional, seguridad, estancia en urgencias y prevención de cronificación. En la práctica actual, el estándar de calidad no es eliminar el dolor de forma inespecífica, sino aplicar un manejo multimodal, escalonado, seguro y orientado a la función, minimizando efectos adversos y evitando iatrogenia como sedación no deseada, delirium, hipoventilación, náuseas, retención urinaria, caídas, sangrado digestivo o daño renal.

En el dolor musculoesquelético, la intensidad no siempre se correlaciona con la gravedad, pero la persistencia, progresión, desproporción o asociación con signos neurovasculares obliga a priorizar y reevaluar. El manejo del dolor debe integrarse en la valoración inicial y secundaria, y nunca retrasar decisiones críticas como inmovilización, reducción, pruebas de imagen o control hemorrágico.

 

6.1.2 Fisiopatología operativa del dolor musculoesquelético en urgencias

Desde un punto de vista clínico-operativo, el dolor musculoesquelético agudo en urgencias suele ser el resultado de la combinación de varios mecanismos fisiopatológicos, cuya identificación orienta de forma directa la estrategia analgésica:

  • Dolor nociceptivo somático (periostio, cápsula articular, ligamentos, fascia): dolor bien localizado, de carácter mecánico, que se incrementa con el movimiento, la carga o la palpación. Responde habitualmente a paracetamol, AINE y a una inmovilización adecuada.
  • Dolor inflamatorio (edema y liberación de mediadores inflamatorios): dolor continuo o progresivo, con sensación de rigidez y aumento de la sensibilidad local. Es característico de esguinces, contusiones y fases iniciales del traumatismo, y responde a AINE, crioterapia y elevación del segmento afectado.
  • Dolor neuropático (lesión o irritación nerviosa): se manifiesta como quemazón, descargas eléctricas, alodinia, parestesias o dolor mal localizado. Presenta peor respuesta a opioides aislados y obliga a descartar compromiso neurológico o causas estructurales subyacentes.
  • Espasmo muscular protector: frecuente en cervicalgia, lumbalgia y fracturas, contribuye a perpetuar el dolor y la limitación funcional. Mejora con analgesia adecuada, inmovilización, corrección postural y medidas físicas.
  • Factores psicosociales (ansiedad, miedo, catastrofismo, experiencias previas): modulan y amplifican la percepción del dolor, aumentan el consumo de recursos y pueden interferir con la respuesta analgésica si no se abordan de forma adecuada.

 

Implicación práctica: en el contexto de urgencias, el control eficaz del dolor musculoesquelético rara vez se consigue con un único fármaco; requiere un enfoque multimodal que combine tratamiento farmacológico, medidas físicas, inmovilización correcta y educación breve al paciente.

 

6.1.3 Objetivos terapéuticos y criterios de calidad

Los objetivos clínicos van más allá de la simple reducción de la escala numérica del dolor:

  • Reducir el dolor a un nivel tolerable que permita exploración, movilización segura o realización de procedimientos necesarios.
  • Prevenir complicaciones como hipoventilación por dolor, delirium, inmovilidad, trombosis y úlceras por presión.
  • Minimizar efectos adversos farmacológicos.
  • Facilitar un alta segura con plan analgésico, instrucciones claras y signos de alarma.

 

Indicadores prácticos de respuesta incluyen descenso de al menos dos puntos en la escala numérica o mejoría funcional, estabilidad hemodinámica y respiratoria, ausencia de sedación excesiva y reevaluación documentada tras cada intervención.

 

6.1.4 Valoración clínica del dolor en urgencias: lo que cambia conductas

 

Medición y reevaluación

Se utilizan escalas validadas según el paciente: escala numérica 0–10 o EVA en adultos colaboradores, escalas pediátricas o escalas observacionales en pacientes con deterioro cognitivo. La reevaluación es obligada tras analgesia, inmovilización, reducción, bloqueos regionales, cambios posturales o aplicación de frío o calor.

 

Alertas analgésicas

Determinadas combinaciones de dolor en urgencias obligan a detener la escalada analgésica, reevaluar al paciente y replantear el diagnóstico, ya que pueden indicar patología grave subyacente:

  • Dolor intenso y desproporcionado, asociado a dolor al estiramiento pasivo y aumento de la tensión del compartimento, es altamente sugestivo de síndrome compartimental agudo.
  • Dolor lumbar acompañado de retención urinaria, incontinencia o anestesia en silla de montar obliga a descartar síndrome de cola de caballo.
  • Dolor severo tras traumatismo, asociado a hipotensión, taquicardia o signos de hipoperfusión, puede indicar hemorragia oculta hasta demostrar lo contrario.
  • Dolor torácico de origen traumático con disnea progresiva, taquipnea o deterioro respiratorio obliga a descartar complicaciones respiratorias graves (neumotórax, hemotórax, contusión pulmonar).
  • Dolor en extremidad asociado a déficit neurovascular distal (frialdad, palidez, ausencia de pulso, parestesias o déficit motor) sugiere compromiso vascular y/o neurológico agudo.
  • Ante una red flag analgésica, el objetivo no es “subir analgesia”, sino identificar y tratar la causa de forma urgente.

 

6.1.5 Principios del tratamiento: analgesia multimodal y enfoque opioid-sparing

La evidencia actual prioriza una analgesia escalonada y multimodal:

  • Paracetamol combinado con AINE si no existen contraindicaciones, como base analgésica.
  • Opioides únicamente en dolor moderado-severo o refractario, a la dosis mínima eficaz y durante el menor tiempo posible, con monitorización estrecha.
  • Bloqueos regionales cuando estén disponibles, que reducen consumo de opioides y complicaciones asociadas.
  • En trauma, integrar la analgesia con las prioridades vitales sin interferir con el ABCDE.

 

6.1.6 Tratamiento no farmacológico

El tratamiento no farmacológico forma parte del analgésico:

  • Inmovilización correcta mediante férulas, cabestrillos o vendajes funcionales cuando proceda.
  • Crioterapia en fase aguda inflamatoria, aplicada de forma intermitente y con protección cutánea.
  • Elevación y compresión si no existe compromiso vascular.
  • Colocación en posición antálgica.
  • Educación breve al paciente sobre expectativas, uso de analgesia y signos de alarma.

 

6.1.7 Farmacología del dolor musculoesquelético agudo: selección razonada y dosis habituales

Nota docente: las dosis dependen de edad, peso, función renal y hepática, comorbilidad y protocolos locales. En urgencias, la seguridad exige prescripción individualizada, especialmente en el paciente anciano frágil.

 

Paracetamol

Rol terapéutico: analgésico de base con buen perfil de seguridad si se respetan las dosis máximas.

  • Vía oral: 500–1.000 mg cada 6–8 horas.
  • Vía intravenosa: 1 g cada 6–8 horas, ajustando según peso y fragilidad.
  • Dosis máxima en adulto general: 3–4 g/día; reducir en bajo peso, hepatopatía, consumo de alcohol o desnutrición.
  • Ventaja clínica: su combinación con AINE y/o opioide reduce la necesidad de analgesia de rescate.

 

Antiinflamatorios no esteroideos (AINES)

(ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco, ketorolaco, entre otros)

Rol terapéutico: dolor con claro componente inflamatorio (esguinces, contusiones, lumbalgia mecánica, fracturas con inflamación asociada).

Criterios de cautela o evitación:

  • Insuficiencia renal o deshidratación.
  • Insuficiencia cardiaca descompensada.
  • Úlcera o hemorragia digestiva previa.
  • Anticoagulación de alto riesgo.
  • Cirrosis avanzada.
  • Embarazo avanzado.

 

Estrategia de uso seguro:

  • Utilizar la menor dosis eficaz durante el menor tiempo posible.
  • Valorar gastroprotección si existe riesgo digestivo.
  • Reevaluar diuresis y función renal en pacientes frágiles.

 

Metamizol (dipirona)

Rol terapéutico: alternativa o coadyuvante cuando se desea evitar AINE u opioides.

Precauciones:

  • Riesgo de hipotensión si se administra por vía intravenosa rápida.
  • Riesgo infrecuente pero grave de agranulocitosis; considerar contexto clínico y normativas locales.

 

Opioides

(morfina, fentanilo, oxicodona, tramadol)

Principio general: el opioide es útil cuando está indicado, pero debe emplearse a la dosis mínima eficaz, y durante el menor tiempo posible. Las recomendaciones actuales insisten en reevaluar de forma continua el balance riesgo-beneficio incluso en dolor agudo.

a) Morfina (IV)

  • Indicada en dolor traumático severo.
  • Administración mediante bolos pequeños con reevaluación frecuente.
  • Riesgos: hipotensión, náuseas y vómitos, depresión respiratoria, retención urinaria y delirium (especialmente en ancianos).

b) Fentanilo (IV o intranasal)

  • Inicio de acción rápido y menor liberación histamínica.
  • Especialmente útil en procedimientos breves y dolorosos.
  • Riesgo de depresión respiratoria si se acumula o se asocia a sedantes.

c) Tramadol

  • Útil en dolor moderado cuando se desea evitar opioides potentes.
  • Riesgos: náuseas, vértigo, delirium, convulsiones en pacientes predispuestos y síndrome serotoninérgico en combinación con determinados antidepresivos.

 

d) Oxicodona (VO)

  • Indicada en dolor moderado-severo de corta duración con plan de alta bien estructurado.
  • Evitar tratamientos prolongados y reevaluar riesgos.

 

Seguridad clave con opioides:

  • Monitorizar frecuencia respiratoria, saturación de oxígeno, nivel de sedación y presión arterial.
  • Evitar combinación con benzodiacepinas salvo indicación muy justificada.
  • Conocer y disponer de protocolo de naloxona, administrada de forma titulada para revertir depresión respiratoria sin provocar dolor intenso o abstinencia brusca.

 

Ketamina a dosis analgésica (subdisociativa)

Rol terapéutico: alternativa o coadyuvante cuando existe dolor severo con riesgo de depresión respiratoria por opioides, en politrauma, hipotensión relativa o necesidad de analgesia rápida manteniendo reflejos protectores.

La evidencia en urgencias muestra eficacia comparable a opioides a dosis bajas en determinados contextos, con perfiles de efectos adversos distintos.

Precauciones:

  • Posible disforia, nistagmo o náuseas.
  • Vigilancia de presión arterial y frecuencia cardiaca.
  • Evitar en psicosis aguda no controlada.

 

Anestésicos locales y analgesia regional

Bloqueo de fascia ilíaca o femoral (fractura de cadera)

  • Reduce dolor, facilita movilización y disminuye consumo de opioides y delirium.
  • Recomendado de forma consistente en guías ortogeriátricas y de trauma cuando existe disponibilidad y competencia técnica.

 

Bloqueos para miembro superior

  • Selección según lesión y disponibilidad técnica.
  • Proporcionan analgesia potente con menor necesidad de opioides sistémicos.

 

Infiltración local

  • Indicada en heridas, procedimientos menores y suturas.

 

Rol de la enfermería avanzada:

  • Preparación del procedimiento y monitorización.
  • Uso de checklist de seguridad (alergias, anticoagulación, infección local, consentimiento).
  • Vigilancia de toxicidad sistémica por anestésicos locales y disponibilidad de tratamiento específico.

 

Relajantes musculares

Su uso debe ser muy selectivo. Aunque pueden reducir el espasmo muscular en lumbalgia aguda o contracturas, aumentan el riesgo de sedación y caídas, especialmente en el anciano.

 

Recomendaciones:

  • Evitar en pacientes frágiles o polimedicados.
  • Si se emplean, hacerlo durante periodos muy cortos y con advertencias claras de seguridad.

 

Dolor neuropático agudo

En urgencias, ante dolor neuropático o radiculalgia significativa:

  • Priorizar la identificación de la causa (compresión, déficit motor, síndrome de cola de caballo).
  • Evitar iniciar tratamientos crónicos sin plan de seguimiento.
  • En lumbociatalgia, se recomienda prudencia con gabapentinoides y opioides, priorizando un enfoque escalonado y reevaluación clínica.

 

6.1.8 Algoritmo terapéutico práctico según intensidad y contexto

Dolor leve (0–3/10):

  • Paracetamol con o sin AINE, junto a medidas físicas e inmovilización o descarga.

Dolor moderado (4–6/10):

  • Paracetamol más AINE si procede. Analgesia de rescate según protocolo y consideración de bloqueo regional si el dolor limita la función.

Dolor severo (7–10/10) o procedimental:

  • Titulación intravenosa de opioides o ketamina analgésica, bloqueo regional si está disponible y monitorización estrecha con reevaluación frecuente.

Contextos especiales:

  • Politrauma: analgesia integrada con control de hemorragia, vía aérea, ventilación y perfusión.
  • Anciano frágil: iniciar con dosis bajas, escalar lentamente, evitar fármacos deliriogénicos y priorizar bloqueos y multimodalidad.

 

6.1.9 Consideraciones de seguridad y poblaciones especiales

Paciente anciano

Mayor riesgo de delirium, depresión respiratoria, hipotensión y caídas. Se recomienda priorizar paracetamol, bloqueos regionales y, si es imprescindible, opioides a dosis bajas tituladas.

 

Pacientes anticoagulados o antiagregados

Los AINE aumentan el riesgo hemorrágico y deben valorarse alternativas. Los bloqueos regionales requieren evaluación individual del riesgo según técnica y fármaco anticoagulante.

 

Insuficiencia renal o hepática

En la insuficiencia renal, los AINE deben evitarse por su efecto sobre las prostaglandinas renales y el riesgo de precipitar fracaso renal agudo.

El paracetamol es el analgésico de primera línea en estos pacientes, ajustando dosis según fragilidad y función renal.

Los opioides en insuficiencia renal deben usarse con precaución por acumulación de metabolitos activos, especialmente morfina y tramadol, requiriendo titulación y monitorización estrechas.

En la insuficiencia hepática, el paracetamol puede emplearse a dosis reducidas y con intervalos ampliados, evitando dosis máximas por riesgo de hepatotoxicidad.

Los AINE están generalmente contraindicados en hepatopatía avanzada por aumento del riesgo hemorrágico y deterioro renal asociado.

En ambos contextos, la analgesia debe ser multimodal, con dosis bajas, reevaluación frecuente y preferencia por técnicas no farmacológicas o bloqueos regionales cuando estén disponibles.

 

Embarazo y lactancia

La selección farmacológica debe ser especialmente cuidadosa y coordinada con obstetricia en caso de traumatismo.

 

6.1.10 Plan de alta analgésica

Un alta de calidad debe incluir una pauta fija inicial, analgesia de rescate condicionada, duración corta del tratamiento —especialmente si incluye opioides—, advertencias claras de seguridad y signos de alarma, así como indicación de revisión y rehabilitación cuando proceda.

 

6.1.11 Intervenciones enfermeras (NIC) recomendadas

Valoración y monitorización

  • Monitorización del dolor.
  • Monitorización de los signos vitales (6680).
  • Monitorización respiratoria (3350).
  • Monitorización neurológica (2620) cuando proceda.
  • Vigilancia (6650).

 

Manejo del dolor

  • Manejo del dolor (1400).
  • Administración de analgésicos (2210).
  • Administración de medicación intravenosa (2314).
  • Manejo de la sedación (2260).
  • Disminución de la ansiedad (5820).

 

Medidas no farmacológicas y funcionales

  • Cuidados en caso de inmovilización o tracción (0940).
  • Aplicación de frío o calor terapéutico.
  • Prevención de caídas.
  • Prevención de úlceras por presión (3540).
  • Vigilancia de la piel (3590).

Seguridad y complicaciones

  • Precauciones para evitar la aspiración (3200).
  • Oxigenoterapia (3320) si precisa.
  • Educación sanitaria y enseñanza del proceso de la enfermedad (5602).

 

6.1.12 Mensaje clave del capítulo

El manejo del dolor musculoesquelético agudo en urgencias exige un enfoque multimodal y orientado a la función. La combinación de medidas físicas, inmovilización adecuada y farmacología escalonada, junto con la reevaluación enfermera sistemática y la prevención activa de complicaciones, determina la calidad analgésica real y el pronóstico funcional del paciente.

 

6.2 INMOVILIZACIÓN, FÉRULAS, YESOS Y VENDAJES FUNCIONALES EN URGENCIAS

6.2.1 Introducción clínica: por qué inmovilizamos y qué buscamos

La inmovilización en urgencias es una intervención terapéutica tiempo-dependiente que persigue cuatro objetivos mayores:

  1. Analgesia mecánica inmediata

El movimiento de un foco de fractura o de estructuras capsuloligamentosas lesionadas incrementa la nocicepción y el espasmo muscular. La inmovilización reduce los micromovimientos, disminuye el dolor y facilita la exploración clínica y la realización de pruebas diagnósticas.

  1. Prevención de daño secundario

Una lesión inicialmente cerrada puede evolucionar a compromiso neurovascular por desplazamiento óseo, edema progresivo o inmovilización inadecuada. La estabilización correcta, junto con una vigilancia neurovascular seriada, reduce el riesgo de complicaciones graves.

  1. Contención del edema sin estrangulación

El edema postraumático aumenta de forma progresiva durante las primeras horas. Por este motivo, en la fase aguda se priorizan férulas no circunferenciales frente al yeso cerrado, que podría incrementar el riesgo de compresión y síndrome compartimental.

  1. Facilitar traslado, procedimientos o alta segura

La inmovilización debe permitir un traslado seguro, ser reevaluable y estar correctamente documentada, registrando siempre la situación neurovascular distal antes y después de su colocación.

 

6.2.2 Inmovilización como parte del tratamiento y de la curación

Más allá del contexto inmediato de urgencias, la inmovilización constituye una herramienta terapéutica clave en el proceso de curación tisular y recuperación funcional, siempre que se aplique de forma adecuada, individualizada y durante el tiempo estrictamente necesario.

 

Objetivos biológicos de la inmovilización

Desde el punto de vista fisiopatológico, la inmovilización busca:

  • Favorecer la consolidación ósea mediante la reducción del movimiento interfragmentario excesivo, manteniendo una estabilidad suficiente para la formación del callo óseo.
  • Permitir la cicatrización de ligamentos, cápsula articular y tejidos blandos, evitando tensiones repetidas sobre estructuras en reparación.
  • Disminuir la respuesta inflamatoria mantenida, limitando el dolor y el edema secundarios al microtraumatismo repetido.
  • Facilitar la revascularización y la reparación tisular en un entorno mecánicamente protegido.

 

Equilibrio entre estabilidad e inmovilización excesiva

La evidencia actual muestra que la inmovilización excesiva y prolongada puede ser tan perjudicial como la ausencia de estabilización. Una inmovilización inadecuadamente prolongada se asocia a:

  • Rigidez articular y pérdida de rango de movilidad.
  • Atrofia muscular y pérdida de fuerza.
  • Retraso en la recuperación funcional.
  • Mayor riesgo de trombosis, úlceras por presión y dolor crónico.

 

Por ello, el objetivo no es inmovilizar “todo y siempre”, sino proporcionar la estabilidad mínima necesaria para la curación, permitiendo movilización precoz y controlada cuando la lesión lo permita.

 

Inmovilización rígida, semirrígida y funcional

La elección del tipo de inmovilización debe basarse en el tipo de lesión, la fase evolutiva y las características del paciente:

  • Inmovilización rígida (yeso circular): indicada cuando se requiere estabilidad máxima, habitualmente tras la fase aguda y con edema controlado.
  • Inmovilización semirrígida (férulas, yesos bivalvados): útil en fases iniciales o cuando se prevé evolución del edema.
  • Vendaje funcional: permite movimiento controlado y carga progresiva, indicado en lesiones ligamentarias estables y fases avanzadas de recuperación.

 

6.2.3 Materiales: qué usar y para qué

 

Material de protección cutánea

  • Algodón tubular / stockinette: protege piel, facilita retirada.
  • Guata / acolchado: evita úlceras por presión y “cortes” en bordes.
  • Fieltro en prominencias (maléolos, talón) si alto riesgo.
  • Férulas prefabricadas (neopreno, walker, inmovilizadores de rodilla): rápidas, útiles en esguinces/lesiones estables.
  • Férula posterior / “sugar tong” con material rígido (yeso/fibra preformada): estándar en urgencias.
  • Yeso tradicional: buen moldeado, más pesado, seca lento.
  • Fibra de vidrio: más ligera, endurece rápido; requiere técnica para moldear sin puntos de presión.
  • Venda elástica/cohesiva: fijación sin estrangular, permite edema.
  • Tape rígido / elástico: para vendaje funcional.

 

Material de inmovilización

No existe un material “mejor” en términos absolutos. En urgencias, el material óptimo es aquel que estabiliza sin comprimir, protege la piel, permite reevaluación y minimiza complicaciones, adaptándose a la evolución del edema y a las características del paciente.

 

6.2.4 Errores frecuentes en la inmovilización en urgencias

  • Yeso circunferencial en fase aguda: aumenta el riesgo de compresión y de síndrome compartimental. En muchos pacientes es preferible una férula no circunferencial o un yeso bivalvado/valvulado, ajustando la técnica al edema esperado.
  • Protección cutánea insuficiente: favorece úlceras por presión y necrosis cutánea. Recomendación: acolchado homogéneo y refuerzo específico en prominencias óseas.
  • Vendaje excesivamente compresivo: puede comprometer el retorno venoso o la perfusión arterial distal. Recomendación: fijar sin estrangular y comprobar perfusión distal de forma sistemática.
  • Ausencia de valoración neurovascular documentada: retrasa la detección de complicaciones. Recomendación: registrar el estado neurovascular antes y después de la inmovilización.
  • Inmovilización incorrecta de articulaciones: genera inestabilidad del foco lesional y dolor persistente. Recomendación: inmovilizar las articulaciones indicadas (proximal y distal cuando corresponda).
  • Inmovilización rígida mantenida más tiempo del necesario: se asocia a rigidez, atrofia muscular y retraso funcional. Recomendación: reevaluar y transicionar a inmovilización funcional cuando esté indicado.
  • No adaptar la técnica al tipo de paciente: incrementa el riesgo de complicaciones en ancianos y pacientes frágiles. Recomendación: individualizar material, acolchado y fijación.
  • Falta de educación al paciente: facilita reconsultas tardías y complicaciones evitables. Recomendación: explicar cuidados, límites de actividad y signos de alarma.

 

6.2.5 Férulas en urgencias: principios “no negociables”

Reglas prácticas de férula segura

  • Inmovilizar siempre la articulación proximal y distal cuando exista fractura diafisaria o inestabilidad articular.
  • Colocar la extremidad en posición funcional antes de fijar la férula, evitando posiciones forzadas o antálgicas inestables.
  • Acolchar de forma sistemática las prominencias óseas para prevenir lesiones cutáneas y puntos de presión.
  • Fijar con venda elástica o cohesiva sin estrangular, permitiendo la expansión del edema (regla práctica: debe poder introducirse un dedo).
  • Reevaluar y documentar el estado neurovascular distal antes y después de la colocación de la férula.

 

6.2.6 Yesos: técnica detallada en urgencias

Indicaciones operativas

  • Lesiones estables o fase subaguda con edema controlado.
  • Inmovilización tras reducción estable, cuando se decide cierre circunferencial.

 

En fase aguda con edema significativo se prefiere férula o yeso bivalvado/valvulado, evitando el yeso cerrado precoz.

 

Procedimiento paso a paso (yeso tradicional o fibra de vidrio)

  1. Preparación del paciente
  • Explicar el procedimiento.
  • Analgesia previa si dolor moderado–alto.
  • Extremidad elevada y en posición funcional.
  1. Medición en el lado sano
  • Longitud aproximada.
  • Contorno y referencias anatómicas.
  1. Inspección cutánea previa
  • Valorar heridas, maceración, humedad o riesgo de úlceras por presión.
  • Retirar anillos, pulseras y objetos compresivos.
  1. Protección cutánea
  • Algodón tubular (stockinette) con margen proximal y distal suficiente para doblar bordes.
  • Guata o acolchado homogéneo, con refuerzo en prominencias óseas.
  • Evitar pliegues, “bolas” o zonas de exceso.
  1. Activación del material
  • Yeso tradicional: agua templada.
  • Fibra de vidrio: activación rápida según fabricante.
  1. Aplicación del material
  • Vueltas solapadas aproximadamente al 50%.
  • Iniciar de distal a proximal.
  • Evitar tracción excesiva durante la colocación.
  1. Moldeado
  • Moldear siempre con las palmas de las manos, nunca con los dedos.
  • Los dedos crean surcosgenerando puntos de presión y provocando riesgo de úlceras.
  1. Acabado de bordes
  • Doblar el stockinette y la guata hacia fuera.
  • Cubrir con la última vuelta del material para bordes suaves y seguros.
  1. Comprobación final inmediata
  • Movilidad distal.
  • Sensibilidad.
  • Relleno capilar.
  • Dolor comparativo pre/post.
  1. Secado y recomendaciones iniciales
  • Yeso tradicional: fragua en horas, secado completo 24–48 h.
  • Fibra de vidrio: endurece rápidamente, pero el edema puede seguir aumentando.
  • Elevar la extremidad y vigilar dolor progresivo.

 

Ventanas y bivalvado: técnicas de seguridad

  • Yeso bivalvado o valvulado
    • Indicado ante edema evolutivo, dolor progresivo o sospecha de compromiso compresivo.
    • Permite expansión del yeso sin perder alineación.
  • Ventana en yeso
    • Indicada para inspección de heridas o curas.
    • Requiere técnica cuidadosa para evitar bordes cortantes y puntos de presión.

 

Un yeso en urgencias debe ser seguro, reevaluable y tolerable. Ante la duda entre cerrar o no cerrar, la opción más segura es no cerrar.

 

6.2.7 Férula antebraquial (antebraquio-palmar) para lesiones de muñeca

La férula antebraquial, en su modalidad más habitual antebraquio-palmar, es el método de inmovilización preferente en urgencias durante la fase aguda de la mayoría de las lesiones traumáticas de muñeca y carpo. Su carácter no circunferencial permite controlar el dolor y proteger la lesión sin comprometer la expansión del edema, reduciendo el riesgo de complicaciones por compresión neurovascular. Esta ventaja es especialmente relevante tras reducciones cerradas y en traumatismos con edema progresivo.

En sospecha o confirmación de fractura de escafoides, la férula debe incluir el primer radio (férula antebraquio-palmar con pulgar tipo espica), para limitar los movimientos que aumentan la micromovilidad del escafoides.

 

Indicaciones y contraindicaciones

Indicaciones (urgencias):

  • Fracturas distales de radio (desplazadas o no), como inmovilización inicial.
  • Sospecha o confirmación de fractura de escafoides (incluyendo pulgar).
  • Fracturas estables del carpo.
  • Esguinces moderados-graves de muñeca (grado II–III).
  • Lesiones ligamentarias carpianas en fase aguda (inmovilización puente).
  • Postreducción de luxaciones carpianas estables (temporal).
  • Inmovilización transitoria hasta control radiológico/traumatología.

 

¿Cuándo férula y cuándo yeso completo en las fracturas típicas de muñeca?

Criterios prácticos

Elegir férula (fase aguda) cuando:

  • Traumatismo reciente con edema en evolución (primeras 48–72 h).
  • Tras reducción cerrada (por edema postreducción).
  • Fractura estable o pendiente de confirmación de estabilidad.
  • Lesión con necesidad de reevaluación (clínica o imagen).
  • Riesgo aumentado de compresión (dolor desproporcionado, edema, comorbilidades).

 

Elegir yeso completo cuando:

  • Edema ya ha disminuido (típicamente ≥5–7 días).
  • Se ha decidido tratamiento conservador definitivo.
  • La reducción es estable y se mantiene en controles.
  • No hay signos neurovasculares comprometidos.

 

Aplicación por fractura

  • Fractura distal de radio no desplazada (estable): se recomienda férula en urgencias como inmovilización inicial. El yeso completo puede considerarse de forma diferida, habitualmente entre los 5 y 7 días, una vez confirmada la estabilidad y con el edema controlado.
  • Fractura distal de radio desplazada (Colles/Smith): se indica férula previa a la reducción. Tras una reducción cerrada satisfactoria, se mantiene férula —o férula tipo sugar-tong en caso de inestabilidad—, valorando la colocación de yeso completo de forma diferida según evolución clínica y radiológica.
  • Sospecha o fractura confirmada de escafoides: se debe utilizar siempre una férula antebraquio-palmar que incluya el pulgar. El yeso completo se reserva para los casos en los que se confirma el diagnóstico y se establece un plan conservador prolongado.
  • Otras fracturas del carpo y lesiones ligamentarias: se recomienda férula inicial en urgencias como medida de protección y control del dolor. El yeso completo solo está indicado cuando se decide como tratamiento definitivo tras valoración especializada.

 

Técnica de colocación paso a paso

Valoración previa obligatoria (antes de inmovilizar)

  1. Neurovascular distal documentado.
  2. Retirar anillos, pulseras y objetos compresivos.
  3. Analgesia adecuada previa: mejora cooperación y permite una posición correcta.

 

Posición exacta del miembro (clave para evitar secuelas)

Objetivo: “posición funcional” + protección del foco de lesión

  • Codo: flexión ~90° (comodidad y control).
  • Antebrazo: neutro (o ligera supinación si mejora tolerancia).
  • Muñeca:
    • Extensión 15–20° (funcional).
    • Desviación cubital 5–10° (útil en escafoides y confort general).
  • Dedos II–V: semiflexión fisiológica (no extensión completa).
    • “Cascada digital” visible: índice menos flexionado que meñique.
  • Pulgar (si escafoides – espica):
    • Abducción palmar ligera (como sujetar un vaso).
    • Metacarpofalángica en flexión moderada.
    • Incluir primer metacarpiano y, habitualmente, falange proximal (dejando libre la interfalángica si es posible para higiene y función).

 

Nota: inmovilizar la muñeca en flexión o en hiperextensión aumenta rigidez y dolor; los dedos extendidos favorecen rigidez y edema distal.

 

Medición y preparación de la férula

Longitud estándar:

  • Desde 2–3 cm distal al pliegue del codo (para permitir flexión completa).
  • Hasta la cabeza de los metacarpianos (dejando libres las metacarpofalángicas y falanges).
  • En escafoides: prolongación para pulgar.

Anchura:

  • Debe cubrir aproximadamente la mitad a dos tercios del perímetro del antebrazo (para estabilidad sin circunferencialidad).

Capas y rigidez:

  • Suficiente para mantener forma sin deformarse (en yeso, varias capas; en sintético, según fabricante). Evitar “sobredimensionar” por peso y presión.

Acolchado (donde se ganan o pierden complicaciones)

  1. Colocar acolchado uniforme desde tercio proximal del antebrazo hasta palma.
  2. Refuerzo dirigido en prominencias óseas:
  • Estiloides radial y cubital.
  • Dorso de la muñeca si hay tendencia a roce.
  • Eminencias tenar/hipotenar (palma).
  1. Evitar pliegues: son causa frecuente de ampollas y úlceras por presión.
  2. No “estrangular” con el acolchado: debe ser mullido, no compresivo.
  3. Situar la férula en la cara palmar del antebrazo y mano.
  4. Mantener la posición funcional con ambas manos (una estabiliza antebrazo, otra mano-muñeca).
  5. Moldear de forma suave y amplia (con la palma, no con los dedos) para evitar puntos de presión.
  6. En escafoides (espica): moldear el canal del pulgar en abducción ligera, sin comprimir la base.

 

Colocación y moldeado de la férula

Error típico: comprimir estiloides radial provocando dolor, parestesias, lesiones cutáneas.

Fijación con venda

  1. Fijar con venda elástica/crepé de distal a proximal.
  2. Tensión mínima necesaria para mantener la férula estable.
  3. Confirmar que:
  • La férula no “baila”.
  • Los dedos quedan móviles.
  • No hay incremento inmediato de dolor por compresión.

 

Controles inmediatos tras la colocación (imprescindibles)

Reevaluación neurovascular.

Comprobaciones de seguridad:

  • Bordes acolchados, sin aristas.
  • Ausencia de puntos dolorosos localizados (puntos de presión).
  • Pulgar libre de compresión (si espica).

 

Educación sanitaria y seguimiento

Indicar al paciente:

  • Elevación de la extremidad 48–72 h.
  • Movilización activa frecuente de dedos (bomba venosa).
  • Mantener férula seca y no manipularla.
  • Signos de alarma para acudir de inmediato:
    • Dolor creciente que no cede con analgesia.
    • Hormigueo, adormecimiento, frialdad o cambio de color.
    • Incapacidad nueva para mover dedos.
    • Aumento marcado de edema distal.
  • Revisión clínica/radiológica según circuito del centro.
  • Conversión a yeso completo solo si se pauta como tratamiento definitivo y el edema lo permite.

 

6.2.8 Cabestrillo

El cabestrillo es un dispositivo terapéutico. Su objetivo es descargar el peso del miembro superior, reducir el dolor y evitar tracción sobre estructuras lesionadas (hombro, codo y clavícula). Puede ser un dispositivo comercial (habitual en servicios de urgencias) o textil.

 

Técnica paso a paso (cabestrillo estándar)

  1. Posición inicial: paciente sentado o de pie, con hombros alineados y relajados.
  2. Ángulo del codo: idealmente a 90° o al máximo tolerado sin dolor.
  3. Altura de la mano: la mano debe quedar ligeramente más alta que el codo para reducir edema distal y evitar tracción.
  4. En caso de pañuelo triangular: situar el centro del cabestrillo bajo el antebrazo, con el vértice apuntando hacia el codo.
  5. Ajuste de los extremos: un extremo pasa por encima del hombro lesionado y el otro por delante del tórax.
  6. Nudo cervical: realizar el nudo de forma lateral al cuello, nunca sobre la columna cervical; acolchar si es necesario.
  7. Ajuste final: antebrazo horizontal y muñeca en posición neutra.
  8. Revisión distal obligatoria: dedos calientes, relleno capilar normal y ausencia de parestesias.

 

Errores frecuentes en el uso del cabestrillo

  • Mano por debajo del nivel del codo, lo que favorece edema de la mano, dolor y rigidez.
  • Nudo situado sobre las apófisis espinosas cervicales, provocando dolor cervical y mala tolerancia.
  • Codo excesivamente extendido, que aumenta la tracción sobre bíceps y húmero y empeora la analgesia.

 

Cabestrillo con banda torácica (inmovilización superior reforzada)

Indicado cuando se requiere una mayor limitación del movimiento del hombro, como en luxaciones reducidas con inestabilidad, fracturas de clavícula o lesiones de escápula.

Técnica: añadir una segunda venda transversal tipo cincha que fija el brazo al tórax y limita la abducción.

 

Tiempo orientativo de uso del cabestrillo según la lesión

El tiempo de uso es orientativo y debe individualizarse según dolor, estabilidad, edad y evolución clínica. En la mayoría de los casos el cabestrillo se utiliza por confort, favoreciendo la movilización precoz segura.

  • Luxación glenohumeral anterior reducida y estable: 1–3 semanas.
  • Esguince acromioclavicular tipo I: 1–2 semanas.
  • Esguince acromioclavicular tipo II: 3–4 semanas.
  • Fractura de clavícula tratada de forma conservadora: 2–4 semanas, con movilización precoz de mano, muñeca y codo.
  • Fractura de escápula (cuerpo o cuello) sin indicación quirúrgica: 2–3 semanas.
  • Fractura proximal de húmero sin tratamiento quirúrgico: 1–3 semanas, retirando progresivamente según dolor.
  • Lesiones capsuloligamentosas o contusiones de hombro: uso corto, de días a 1 semana, evitando inmovilización prolongada.
  • Situaciones postquirúrgicas de hombro: duración variable según técnica y protocolo específico; no extrapolable desde urgencias.

 

El cabestrillo debe utilizarse el menor tiempo posible compatible con la estabilidad y el control del dolor. La inmovilización prolongada sin indicación aumenta el riesgo de rigidez y retrasa la recuperación funcional.

 

6.2.9 Vendaje en “ocho de guarismo” y sistemas alternativos de retropulsión escapular

El vendaje en “ocho de guarismo”, también denominado vendaje cruzado posterior, es una técnica clásica de inmovilización funcional de la cintura escapular cuyo objetivo principal es mantener los hombros en retropulsión, favoreciendo de forma indirecta la alineación de los extremos óseos en las fracturas de clavícula, especialmente en las localizadas en el tercio medio. Al inducir una corrección postural mantenida, limita de forma parcial la movilidad del hombro, sobre todo la antepulsión, reduciendo la tracción anterior que ejercen los músculos pectorales sobre el foco de fractura.

Desde el punto de vista enfermero, este tipo de vendaje no actúa como una inmovilización rígida, sino como un dispositivo postural activo, cuya eficacia depende en gran medida de una aplicación correcta, de un seguimiento periódico y de la educación sanitaria del paciente.

 

Consideraciones clínicas y cuidados asociados

Uno de los principales riesgos del vendaje en ocho es la compresión excesiva a nivel axilar. Una tensión inadecuada puede comprometer el retorno venoso de los miembros superiores e incluso provocar compresión neurovascular, manifestándose con parestesias, frialdad, dolor irradiado o edema distal. Por este motivo, es imprescindible un acolchado adecuado de ambas axilas y la comprobación sistemática del estado neurovascular tras la colocación y en cada revisión.

La aparición de hormigueo o edema en las manos suele mejorar con la elevación de los brazos, pero si persiste debe considerarse un signo de alarma que obliga a aflojar el vendaje y reevaluar al paciente. Estos aspectos refuerzan el papel clave de la Enfermería en la detección precoz de complicaciones.

Asimismo, debe vigilarse la aparición de lesiones cutáneas en las axilas, como dermatitis por fricción, maceración o úlceras por presión, especialmente en pacientes con sudoración abundante, obesidad o piel frágil. La inspección cutánea periódica y la educación del paciente sobre la higiene local son intervenciones fundamentales.

 

Particularidades según el grupo de edad

En la población pediátrica, es frecuente la aparición de un callo óseo prominente en la zona de fractura durante el proceso de consolidación. Este hallazgo es fisiológico y suele resolverse de forma espontánea en los meses siguientes. Es responsabilidad del profesional de Enfermería informar y tranquilizar a los padres, evitando interpretaciones erróneas o consultas innecesarias.

Por el contrario, los pacientes ancianos suelen tolerar mal el vendaje en ocho, ya que exige una postura forzada mantenida de retropulsión escapular, lo que puede incrementar el dolor cervical y dorsal, favorecer la rigidez articular y disminuir la adherencia al tratamiento. En este grupo etario, el balance entre beneficio y riesgo suele ser desfavorable, por lo que deben considerarse alternativas más confortables.

 

Anillas u ortesis de retropulsión escapular

Las anillas son una ortesis prefabricada que cumple la misma función biomecánica que el vendaje en ocho de guarismo, manteniendo los hombros en retropulsión y favoreciendo la alineación indirecta de la clavícula. En la práctica clínica actual, este sistema está desplazando progresivamente al vendaje tradicional, debido a su menor tasa de complicaciones y mayor facilidad de uso.

Presentan como principales ventajas una aplicación sencilla, una mejor tolerancia por parte del paciente y la posibilidad de regular la tensión de forma autónoma por el propio paciente o sus cuidadores, sin necesidad de acudir a un centro sanitario para cada reajuste. Esto las convierte en una opción especialmente útil en tratamientos ambulatorios y en pacientes de edad avanzada.

Desde el punto de vista enfermero, el uso de anillas exige una educación sanitaria estructurada, orientada a enseñar cómo ajustar correctamente la tensión y cómo identificar signos de alarma que obliguen a consultar. La evidencia actual sugiere que, aunque no existen diferencias significativas en términos de consolidación ósea frente a otros sistemas de inmovilización simple, la mejor tolerancia y adherencia al tratamiento justifican su preferencia en muchos casos.

 

Enfoque basado en la evidencia actual

La literatura reciente indica que el vendaje en ocho no ha demostrado una superioridad clínica clara frente a alternativas más simples, como el cabestrillo o las ortesis tipo anillas, en términos de resultados funcionales o tiempo de consolidación. Sin embargo, sí se ha observado una mayor incidencia de molestias cutáneas, compresión axilar e intolerancia, especialmente en adultos y ancianos. Por ello, las recomendaciones actuales abogan por una elección individualizada del sistema de inmovilización, priorizando la seguridad, el confort y la adherencia al tratamiento.

 

6.2.10 Collarín cervical: indicaciones, tipos, colocación segura y errores críticos

La inmovilización cervical es una medida preventiva y temporal destinada a limitar el movimiento de la columna cervical hasta descartar una lesión inestable. La evidencia actual confirma que el collarín cervical no es un tratamiento, sino un dispositivo de contención que debe emplearse de forma selectiva, correctamente técnica y reevaluable, evitando su uso indiscriminado o prolongado innecesario, que se asocia a complicaciones.

 

Indicaciones clínicas en urgencias: cuándo SÍ debe colocarse un collarín cervical

El collarín cervical está indicado cuando existe sospecha razonable de lesión cervical potencialmente inestable, especialmente en los siguientes escenarios:

  • Traumatismo de alta energía (accidentes de tráfico, atropellos, caídas de altura, zambullidas, aplastamientos).
  • Politraumatizados hasta completar valoración clínica e imagen.
  • Dolor cervical espontáneo tras traumatismo.
  • Dolor a la palpación en la línea media cervical.
  • Déficit neurológico focal tras traumatismo.
  • Alteración del nivel de conciencia (GCS < 15).
  • Intoxicación alcohólica o por drogas que impida valoración fiable.
  • Paciente no colaborador o con imposibilidad de exploración clínica adecuada.
  • Presencia de lesiones dolorosas distractoras significativas.

 

En estos casos, el collarín debe colocarse de forma inmediata tras estabilización manual inicial y mantenerse hasta completar el proceso diagnóstico.

No está indicado en dolor cervical no traumático (cervicalgia mecánica, contractura muscular, radiculopatía sin déficit progresivo), ni como medida “preventiva” o por rutina. La evidencia demuestra que su uso en estos contextos no mejora resultados y aumenta el riesgo de rigidez y dolor crónico.

 

Retirada segura del collarín

El collarín debe retirarse tan pronto como el riesgo de lesión cervical haya sido descartado mediante:

  • Exploración clínica fiable y normal.
  • Imagen cervical normal en pacientes de riesgo (TC cervical).
  • Reevaluación clínica negativa tras analgesia adecuada.

 

La retirada precoz reduce complicaciones como dolor, úlceras por presión, disfagia, aumento de presión intracraneal y delirium, especialmente en pacientes ancianos.

 

Tipos de collarines cervicales utilizados en urgencias

Collarín blando

  • Material flexible.
  • Uso analgésico y de confort.
  • No estabiliza la columna cervical.
  • No indicado en trauma agudo.

Collarín rígido

  • Limita flexión, extensión y rotación cervical.
  • Indicado en sospecha de lesión cervical traumática.
  • Collarines rígidos ajustables (más utilizados)
  • Permiten adaptación anatómica y mejor control de la alineación cervical.

 

Modelos y marcas habituales:

  • Philadelphia®.
  • Aspen®.
  • Miami J®.
  • Stifneck®.
  • Laerdal®.

 

Estos dispositivos son los recomendados actualmente en urgencias por su equilibrio entre inmovilización, tolerancia y menor riesgo de lesiones cutáneas.

 

Selección de talla: punto crítico de seguridad

La correcta selección de talla es determinante para la eficacia y seguridad del collarín:

  • Medir la distancia mentón–escotadura esternal o usar el sistema del fabricante.
  • Collarín demasiado alto: hiperextensión cervical, dolor mandibular, mala tolerancia y riesgo cutáneo.
  • Collarín demasiado bajo: permite flexión cervical y no estabiliza adecuadamente.
  • Ajustar también el contorno cervical para evitar holguras laterales.

 

Un collarín mal tallado es clínicamente peligroso aunque esté bien colocado.

 

Técnica detallada de colocación segura

  1. Estabilización manual previa de cabeza y cuello en alineación neutra, especialmente en contexto traumático.
  2. Colocar la pieza posterior centrada sobre occipucio y trapecios, evitando pliegues y puntos de presión.
  3. Colocar la pieza anterior con el mentón correctamente apoyado, sin comprimir tráquea ni tejidos blandos.
  4. Cerrar los sistemas de fijación de forma simétrica, firme pero tolerable.
  5. Comprobar respiración libre, deglución posible y ausencia de compresión yugular.
  6. Revisar puntos de apoyo cutáneo (mandíbula, occipucio), especialmente en ancianos o pacientes frágiles.
  7. Documentar colocación, tolerancia, estado neurológico y necesidad de reevaluación.

 

Errores frecuentes en el uso del collarín cervical

  • Colocar collarín sin indicación clínica clara.
  • Seleccionar talla incorrecta.
  • Colocar sin estabilización manual previa.
  • Exceso de presión sobre mandíbula o cuello.
  • No reevaluar piel ni confort.
  • Mantener el collarín tras descarte de lesión cervical.
  • Utilizar collarín blando en trauma agudo.

 

La evidencia reciente demuestra que el uso prolongado e injustificado se asocia a dolor, rigidez cervical, úlceras por presión, aumento de presión intracraneal y delirium. El collarín cervical es una herramienta de seguridad temporal, no terapéutica. Su beneficio depende de una indicación correcta, una técnica precisa, una talla adecuada y una retirada precoz cuando la lesión ha sido descartada.

6.2 .11 Tracción cutánea tipo Buck en la fractura de cadera

La tracción de Buck es una modalidad de tracción cutánea longitudinal utilizada fundamentalmente como medida temporal en la fractura de cadera, especialmente en el paciente anciano, con el objetivo de mejorar el confort, reducir el dolor y disminuir el espasmo muscular hasta la realización del tratamiento definitivo, habitualmente quirúrgico.

La evidencia actual demuestra que no mejora la alineación ni el pronóstico funcional, pero sí puede reducir el dolor en reposo y durante la movilización inicial, por lo que su uso debe ser selectivo, protocolizado y de corta duración.

 

Indicaciones actuales de la tracción de Buck

Indicada como medida puente prequirúrgica en:

  • Fractura de cadera dolorosa con espasmo muscular significativo.
  • Pacientes con dolor mal controlado pese a analgesia multimodal.
  • Dificultad para el posicionamiento, movilización o cuidados básicos.
  • Espera quirúrgica superior a varias horas en pacientes seleccionados.

 

No debe utilizarse de forma sistemática ni prolongada.

 

Objetivos terapéuticos reales

La tracción de Buck no tiene finalidad reductora. Sus objetivos reales son:

  • Analgesia mecánica complementaria a la farmacológica.
  • Disminución del espasmo muscular periarticular.
  • Mejora del confort en reposo.
  • Facilitar cuidados enfermeros básicos y movilizaciones mínimas.

 

Cualquier expectativa de corrección anatómica es incorrecta y no respaldada por la evidencia.

Contraindicaciones absolutas o relativas:

Contraindicaciones de la tracción de Buck

  • Lesiones cutáneas extensas, úlceras o fragilidad cutánea severa en la extremidad.
  • Isquemia arterial periférica significativa.
  • Neuropatía periférica grave con pérdida sensitiva.
  • Alergia a materiales adhesivos.
  • Dolor que empeora tras la colocación.

 

En estos casos debe priorizarse analgesia farmacológica y posicionamiento alternativo.

 

Técnica de colocación de la tracción de Buck

  1. Valoración previa
    • Evaluar integridad cutánea completa de la extremidad.
    • Registrar estado neurovascular distal.
    • Explicar el procedimiento al paciente para reducir ansiedad.
  1. Preparación de la extremidad
    • Extremidad en alineación neutra.
    • Protección sistemática del talón y prominencias óseas.
    • Acolchado cuidadoso de maléolos y dorso del pie.
  1. Colocación del sistema de tracción
    • Aplicar el soporte longitudinal cutáneo centrado sobre la pierna.
    • Evitar rotaciones o desviaciones laterales.
    • Fijar con vendaje sin pliegues, firme pero no compresivo.
  1. Sistema de poleas
    • Polea alineada con el eje longitudinal del fémur.
    • Cuerda libre, sin rozamientos.
  1. Colocación del peso
    • Peso bajo (habitualmente 2–3 kg en anciano frágil).
    • El peso debe colgar libremente, sin tocar cama ni suelo.
  1. Posición del paciente
    • Cabecera elevada 20–30°.
    • Ligera flexión de cadera y rodilla si se tolera, para reducir espasmo.
  1. Comprobación final
    • Reevaluar dolor.
    • Reevaluar perfusión, sensibilidad y movilidad distal.
    • Documentar hora, peso aplicado y tolerancia.

 

6.2.12 Vendajes clásicos en urgencias: indicación y técnica

Vendaje de Velpeau (hombro): técnica detallada y utilidad

El vendaje de Velpeau es un vendaje de inmovilización relativa que adhiere el brazo al tórax para limitar principalmente abducción y rotaciones del hombro, disminuyendo dolor y espasmo muscular y facilitando el confort durante el traslado, pruebas o espera de tratamiento definitivo. Su uso es funcional y temporal: protege, alivia y evita movimientos amplios, pero no “cura” por sí mismo.

 

Indicaciones:

  • Luxación glenohumeral reducida (si se decide inmovilización relativa). La tendencia reciente es evitar inmovilizaciones prolongadas, con protocolos que no muestran ventajas claras por alargarla en pacientes comparables.
  • Lesiones capsuloligamentosas dolorosas del hombro en fase aguda, cuando se necesita “descarga” (con reevaluación y retirada precoz según tolerancia).
  • Fractura de clavícula tratada conservadoramente (la práctica actual favorece cabestrillo/Velpeau frente a vendaje en “8” en muchos entornos).
  • Fracturas no desplazadas de escápula o lesiones de cintura escapular donde se pretende limitar movimiento y mejorar confort (siempre vigilando piel y tolerancia).

 

Contraindicaciones o situaciones de alto riesgo

  • Compromiso ventilatorio, dolor torácico significativo o necesidad de expansibilidad torácica máxima (el vendaje no debe dificultar la ventilación).
  • Riesgo cutáneo alto (fragilidad extrema, lesiones cutáneas, dermatitis, sudoración intensa con maceración).
  • Dolor cervical importante (si el vendaje tracciona del cuello).
  • Parestesias, frialdad, cambio de coloración o empeoramiento del dolor distal tras la colocación.

 

Material recomendado

  • Venda elástica o de crepé ancha (10–15 cm) o venda cohesiva amplia (según disponibilidad).
  • Acolchado/algodón para axila y prominencias (clavícula, acromion, olécranon).
  • Cabestrillo sencillo si se quiere combinar (y descargar el antebrazo) antes de fijar al tórax.
  • Tijeras, esparadrapo para asegurar extremos.

 

Técnica avanzada del vendaje de Velpeau

Objetivo técnico: brazo pegado al tórax, hombro “cerrado” (aducción), codo flexionado, muñeca neutra, sin compresión axilar ni cervical.

Preparación y analgesia

  • Control del dolor antes de manipular (analgesia y/o medidas físicas).
  • Explicar al paciente la finalidad (confort y protección, no “apretar”).

 

Posición inicial correcta

  • Paciente sentado o de pie.
  • Hombro en aducción (brazo pegado al cuerpo).
  • Codo en flexión 90° (o lo máximo tolerado).
  • Antebrazo en posición neutra (evitar flexión palmar forzada).
  • Mano ligeramente elevada respecto al codo si es posible (reduce edema distal).

 

Protección axilar y puntos de presión

  • Colocar acolchado en axila (clave para evitar maceración/compresión del paquete neurovascular y rozaduras).
  • Acolchar olécranon si el codo apoya contra el tórax.
  • En pacientes frágiles, añadir protección en clavícula y borde del vendaje.

 

Anclaje torácico inicial

  • Dar 1–2 vueltas amplias alrededor del tórax (por debajo de la axila contralateral) para crear base estable.
  • Tensión firme pero confortable: debe permitir respiración profunda sin sensación de “corsé”.

 

 

 

Fijación del antebrazo al tórax

  • Con el antebrazo apoyado sobre el tórax, pasar la venda por delante del antebrazo y rodear el tronco, “abrazando” brazo y costado.
  • Asegurar que la muñeca queda neutra y que la mano no cae por debajo del codo.

 

Vueltas en espiral ascendente (“cierre” del hombro)

  • Repetir vueltas que vayan ascendiendo hacia el hombro, manteniendo el brazo pegado al tórax.
  • Evitar comprimir la axila: el acolchado debe mantenerse y el vendaje no debe “morder” la piel.

 

Control de la escápula (si se requiere mayor bloqueo)

  • Para limitar más la cintura escapular, ampliar algunas vueltas de tronco de forma que el vendaje “tome” parte de la escápula y la clavícula sin impedir ventilación.

 

Cierre y fijación final

  • Fijar el extremo con esparadrapo.
  • Verificar que no hay bordes que rocen el cuello.

 

Comprobación final obligatoria

  • Neurovascular distal: color, temperatura, relleno capilar, sensibilidad y movilidad de dedos.
  • Confort respiratorio: preguntar si puede respirar hondo sin dificultad.
  • Axila: comprobar que no hay compresión dolorosa.
  • Dolor: debe mejorar o, como mínimo, no empeorar.

 

Errores críticos

  • Vendaje demasiado alto que roza cuello o genera dolor cervical.
  • Axila sin acolchado: maceración, dolor, lesiones cutáneas.
  • Mano por debajo del codo: edema de mano y rigidez.
  • “Corsé torácico” excesivo: disnea, ansiedad, mala tolerancia.

 

6.2.13 Vendaje funcional: técnica tobillo

El vendaje funcional busca limitar selectivamente la inversión y el cajón anterior, manteniendo la función y favoreciendo carga precoz soportada, lo que se asocia a mejor recuperación y retorno funcional frente a inmovilización rígida rutinaria en la mayoría de esguinces laterales leves-moderados.

 

Indicaciones

  • Esguince lateral de tobillo grado I–II o lesiones estables (dolor, edema, pero sin inestabilidad severa).
  • Tras descartar criterios de fractura (p. ej., reglas de Ottawa o radiografía).
  • Como transición desde una inmovilización corta si el dolor lo permite.

 

Cuándo NO es el vendaje ideal

  • Sospecha de fractura inestable, luxación, lesión sindesmal severa o dolor desproporcionado con signos de alarma.
  • Alteración neurovascular distal o edema tan marcado que obliga a férula temporal.
  • Piel muy frágil/lesionada o alergia a adhesivos sin alternativa.

 

Material recomendado

  • Pre-tape/espuma protectora.
  • Tape rígido (óxido de zinc u otro) de 3,8 cm (habitual).
  • Venda cohesiva ligera para protección final.
  • Opcional: almohadillas para talón-empeine para evitar rozaduras.
  • Tijeras. Rasuradora si vello muy abundante (reduce dolor/lesión al retirar).

 

Posición y biomecánica

  • Tobillo a 90° (neutro).
  • Leve eversión si el esguince es lateral (protege del movimiento lesivo).
  • Mantener subtalar neutra reduce tensión sobre el complejo lateral.

 

Técnica paso a paso

En el vídeo anexo al tema se puede ver la colocación de un tipo de vendaje funcional.

 

Errores frecuentes (y cómo evitarlos)

  • Vendaje “bonito” pero sin control de talón: falla biomecánicamente.
  • Cierre demasiado apretado en mediopié: parestesias, edema de dedos.
  • Pliegues sobre Aquiles o dorso del pie: ampollas y lesiones cutáneas.
  • Colocar el tobillo en flexión plantar: favorece rigidez y no protege bien el ligamento lateral.

 

Recomendaciones al alta

  • Elevar, crioterapia intermitente y movilización activa indolora de dedos.
  • Signos de alarma: aumento progresivo de dolor, adormecimiento, frialdad, coloración azulada, imposibilidad para mover dedos.
  • El soporte funcional debe acompañarse de rehabilitación/ejercicio de control neuromuscular y propiocepción para reducir recurrencias.

 

 

6.2.14 Ortesis y dispositivos prefabricados

Las ortesis prefabricadas permiten una inmovilización semirrígida, removible y funcional, con ventajas claras en confort, autocuidado e higiene. Su indicación debe ser selectiva, ya que un uso inadecuado puede generar complicaciones cutáneas y retrasar la recuperación funcional.

 

CAM Walker

Indicaciones clínicas

El walker tipo bota está indicado en urgencias como alternativa a la inmovilización rígida en lesiones estables del pie y tobillo, especialmente cuando se busca protección durante la marcha:

  • Esguince de tobillo moderado–grave (grado II–III), especialmente en fases iniciales dolorosas o cuando la carga es muy limitada.
  • Fracturas estables de pie (p. ej., fracturas no desplazadas de metatarsianos, incluida la base del 5.º metatarsiano tipo avulsión).
  • Fracturas estables de tobillo seleccionadas, según criterio clínico y protocolo local.
  • Contusiones severas de tobillo o pie con dolor intenso que impide la marcha segura.
  • Periodo de transición tras retirada de yeso o férula, para permitir carga progresiva protegida.

 

La evidencia actual respalda su uso en lesiones seleccionadas por permitir movilización precoz controlada, mejor autocuidado y, en muchos casos, resultados funcionales similares o mejores que la inmovilización rígida prolongada en pacientes bien seleccionados.

 

Ventajas clínicas

  • Dispositivo removible: facilita higiene, inspección cutánea y curas.
  • Permite carga protegida (“weight bearing as tolerated”) en muchas lesiones estables.
  • Mejor tolerancia que el yeso en pacientes ancianos o frágiles.
  • Disminuye el dolor al limitar micromovimientos y redistribuir cargas plantares.
  • Favorece la adherencia al tratamiento frente a inmovilizaciones rígidas prolongadas.

 

Limitaciones y riesgos (cuándo NO o con precaución)

El walker tipo bota no debe utilizarse de forma indiscriminada.

  • Lesiones inestables que requieren inmovilización rígida o cirugía.
  • Sospecha de compromiso neurovascular distal.
  • Edema masivo no controlado que impide un ajuste seguro.
  • Pacientes con alto riesgo cutáneo (úlceras activas, neuropatía diabética, arteriopatía periférica) sin vigilancia estrecha.
  • Uso prolongado sin reevaluación, que puede generar rigidez, alteraciones de la marcha y dolor proximal (rodilla, cadera, zona lumbar).

 

Riesgos específicos

  • Mal ajuste → rozaduras, ampollas, maceración, úlceras por presión.
  • Talón mal asentado → fricción y lesiones cutáneas.
  • Sobrecarga contralateral por dismetría → dolor lumbar o de rodilla.
  • Falsa sensación de “protección total”, retrasando la rehabilitación funcional.

 

Estos riesgos se minimizan con educación al paciente, revisión cutánea diaria y ajuste correcto.

 

Puntos críticos de uso seguro

  • Ajustar siempre con el tobillo en posición neutra.
  • Confirmar que el talón queda bien asentado en la bota.
  • Cerrar cinchas de distal a proximal, sin compresión excesiva.
  • Reevaluar estado neurovascular distal tras la colocación.
  • Indicar retirada diaria para higiene e inspección cutánea (salvo contraindicación).
  • Explicar claramente cuándo debe usarla y cuándo retirarla (reposo, noche, higiene), según la lesión.

 

Mensaje clínico clave

El walker tipo bota es una herramienta funcional y versátil, no un “yeso moderno”. Bien indicado y correctamente ajustado, protege, permite carga precoz y mejora el confort. Mal utilizado o sin reevaluación, aumenta complicaciones cutáneas y retrasa la recuperación.

 

Tobilleras (ortesis de tobillo)

Las tobilleras proporcionan estabilidad externa y control del movimiento, permitiendo función y carga precoz en lesiones estables.

 

Tipos habituales:

  • Elásticas o de compresión.
  • Semirrígidas con refuerzos laterales.
  • Funcionales con correas en “ocho”.

 

Indicaciones:

  • Esguince de tobillo grado I–II.
  • Fase funcional tras retirada de férula o inmovilización inicial.
  • Inestabilidad crónica leve del tobillo.
  • Prevención de recidivas en pacientes activos.

 

Cuando NO usar como único dispositivo:

  • Esguince grave con gran inestabilidad.
  • Sospecha de fractura no descartada.
  • Dolor severo con incapacidad para la carga.

 

Cuidados enfermeros:

  • Ajustar sin comprimir excesivamente.
  • Comprobar relleno capilar y sensibilidad distal.
  • Indicar retirada nocturna salvo indicación contraria.
  • Educación en uso durante actividad y retirada en reposo.

 

Rodilleras

Las rodilleras aportan soporte, propiocepción y, en algunos modelos, control del rango de movilidad.

Tipos frecuentes:

  • Elásticas o compresivas.
  • Con estabilizadores laterales.
  • Funcionales con bisagras.

 

Indicaciones en urgencias:

  • Esguince leve–moderado de rodilla.
  • Contusión de rodilla sin inestabilidad estructural.
  • Derrame articular leve tras traumatismo.
  • Apoyo funcional temporal mientras se completa estudio diagnóstico.

 

Limitaciones:

  • No sustituyen a la inmovilización rígida en lesiones graves (roturas ligamentosas completas, fracturas).

 

Cuidados enfermeros:

  • Colocación con la rodilla en ligera flexión funcional.
  • Vigilar compresión poplítea.
  • Educar sobre uso durante actividad y retirada en reposo.

 

Inmovilizadores de rodilla

El inmovilizador de rodilla es una ortesis rígida o semirrígida que mantiene la rodilla en extensión o flexión limitada.

 

Indicaciones principales:

  • Sospecha de lesión ligamentosa grave (hasta valoración definitiva).
  • Luxación de rótula reducida.
  • Fracturas estables alrededor de la rodilla en fase inicial.
  • Postreducción o postprocedimiento en urgencias.

 

Ventajas:

  • Fácil colocación.
  • Control eficaz del movimiento.
  • Útil como medida temporal.

 

Riesgos y limitaciones:

  • Rigidez articular si se mantiene prolongadamente.
  • Dificulta la marcha normal.
  • Riesgo de trombosis si inmovilización prolongada sin movilización distal.

 

Cuidados enfermeros:

  • Colocar con la rodilla alineada, sin hiperextensión forzada.
  • Comprobar pulsos distales y sensibilidad.
  • Fomentar movilización activa de tobillo y cadera.
  • Indicar retirada solo según prescripción médica.

Las ortesis prefabricadas son herramientas terapéuticas útiles y seguras cuando se indican correctamente y se acompañan de una valoración enfermera experta, ajuste individualizado, educación al paciente y reevaluación periódica. No sustituyen al juicio clínico ni a la inmovilización rígida cuando esta es necesaria, pero permiten tratamientos más funcionales, confortables y centrados en el paciente en un alto número de situaciones habituales en urgencias.

 

6.2.15 Educación sanitaria al alta: instrucciones

El paciente debe salir con instrucciones claras:

  • Mantener elevación del miembro (primeras 48–72 h).
  • Ejercitar dedos (si están libres) para retorno venoso.
  • No introducir objetos dentro del yeso (prurito).
  • Mantener inmovilización seca y limpia.
  • Volver a urgencias si:
  • dolor que empeora y no cede,
  • hormigueos o pérdida de sensibilidad,
  • dedos fríos, morados o muy hinchados,
  • mal olor, fiebre, supuración,
  • yeso roto o demasiado holgado.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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