El dolor musculoesquelético agudo es uno de los motivos de consulta más frecuentes en urgencias y su abordaje debe centrarse en mejorar la funcionalidad del paciente, reducir complicaciones y evitar la cronificación. La valoración inicial debe incluir la intensidad, características y evolución del dolor, así como la identificación de signos de alarma como dolor desproporcionado, compromiso neurovascular, síndrome compartimental, hemorragia oculta o síndrome de cola de caballo. El tratamiento actual se basa en una estrategia multimodal, combinando medidas farmacológicas y no farmacológicas, con reevaluación continua para garantizar la eficacia analgésica y minimizar efectos adversos.
La farmacología analgésica debe utilizarse de forma escalonada y personalizada según la intensidad del dolor, las comorbilidades y las características del paciente. El paracetamol y los AINE constituyen la base del tratamiento en muchos procesos traumáticos e inflamatorios, mientras que los opioides se reservan para dolores moderados o severos, empleándose a la dosis mínima eficaz y bajo estrecha monitorización. Otras alternativas como la ketamina a dosis analgésicas, los bloqueos regionales y los anestésicos locales permiten reducir el consumo de opioides y mejorar el control del dolor en situaciones específicas. Además, medidas como la inmovilización, la crioterapia, la elevación de la extremidad y la educación sanitaria forman parte esencial del tratamiento analgésico integral.
La inmovilización constituye una intervención terapéutica fundamental en urgencias, ya que proporciona analgesia mecánica, previene lesiones secundarias, favorece la curación tisular y facilita el traslado y la recuperación funcional. La elección entre férulas, yesos, vendajes funcionales, cabestrillos, collarines cervicales u otras ortesis debe individualizarse según la lesión, el edema existente y las características del paciente. Es imprescindible realizar una valoración neurovascular antes y después de cualquier inmovilización, evitar compresiones excesivas y proporcionar instrucciones claras sobre cuidados y signos de alarma. Una correcta técnica de inmovilización, acompañada de vigilancia y educación sanitaria, reduce complicaciones como el síndrome compartimental, lesiones cutáneas, rigidez articular y déficits neurovasculares, contribuyendo de forma decisiva a una recuperación segura y eficaz.
