El síndrome de distrés respiratorio agudo (SDRA) es una forma grave de insuficiencia respiratoria aguda caracterizada por inflamación pulmonar difusa, edema alveolar no cardiogénico e hipoxemia refractaria. Puede originarse por causas pulmonares, como la neumonía o la aspiración, o por procesos sistémicos como la sepsis, el shock o los traumatismos. Su gravedad se clasifica según la relación PaO₂/FiO₂ en leve, moderada o grave, y se manifiesta clínicamente por disnea intensa, aumento del trabajo respiratorio, infiltrados pulmonares bilaterales y deterioro progresivo del intercambio gaseoso. El tratamiento se basa en estrategias de ventilación mecánica protectora, oxigenoterapia, control de la causa desencadenante y una monitorización estrecha por parte del personal de enfermería.
El tromboembolismo pulmonar (TEP) consiste en la obstrucción parcial o total de una o varias arterias pulmonares, habitualmente por trombos procedentes de las venas profundas de las extremidades inferiores. Sus manifestaciones más frecuentes son la disnea de inicio brusco, la taquipnea, el dolor torácico pleurítico y la taquicardia, aunque en los casos más graves puede producir hipotensión, síncope o shock. El diagnóstico combina la valoración clínica mediante escalas como Wells, Ginebra o PESI, junto con pruebas como el dímero D, la angio-TC pulmonar y la gasometría. El tratamiento depende del riesgo del paciente e incluye anticoagulación, medidas de soporte respiratorio y, en situaciones de alto riesgo, terapias de reperfusión como la fibrinólisis.
Entre las patologías respiratorias agudas más frecuentes en urgencias destacan también el neumotórax, la neumonía y la crisis asmática. El neumotórax se caracteriza por la presencia de aire en el espacio pleural y puede evolucionar a un neumotórax a tensión, una emergencia vital que requiere descompresión inmediata. La neumonía provoca inflamación e infección del parénquima pulmonar, generando fiebre, tos, disnea e hipoxemia, mientras que la crisis asmática produce una obstrucción bronquial aguda con sibilancias, disnea y aumento del trabajo respiratorio. En todas estas patologías, la valoración precoz, la monitorización continua, la oxigenoterapia, el tratamiento específico y la actuación coordinada del equipo de enfermería resultan esenciales para prevenir complicaciones y mejorar el pronóstico del paciente.
