La uropatía obstructiva es la interrupción del flujo de orina en algún punto del tracto urinario por un obstáculo mecánico o funcional, congénito o adquirido, que puede ser agudo o crónico, completo o incompleto, y localizarse por encima (supravesical) o por debajo (infravesical) de la vejiga. La manifestación más frecuente en urgencias es la retención aguda de orina (RAO), definida como la incapacidad para vaciar la vejiga a pesar del deseo miccional y el esfuerzo, casi siempre por obstrucción infravesical. Las causas principales se agrupan en: vesicales/uretra posterior (hiperplasia benigna de próstata, neoplasias, prostatitis, esclerosis del cuello vesical, impactación fecal), uretrales (estenosis, litiasis, neoplasias, fimosis extremas) y funcionales (vejiga neurógena, dolor postoperatorio, causas psicógenas y fármacos como neurolépticos, anticolinérgicos o inhibidores de prostaglandinas). Clínicamente se manifiesta con incapacidad para orinar o goteo por rebosamiento, dolor suprapúbico intenso, agitación, signos vagales y distensión vesical (globo vesical). En la exploración se palpa una masa hipogástrica dolorosa, matidez a la percusión suprapúbica y, mediante tacto rectal, se valora próstata o impactación fecal (evitándolo si se sospecha prostatitis). La ecografía y la analítica de orina ayudan al diagnóstico diferencial, especialmente frente a la anuria obstructiva y la reagudización de retención crónica.
El tratamiento se orienta a descomprimir la vejiga, tratar la causa y prevenir complicaciones. La medida inicial es el sondaje vesical con sonda Foley (16–18 Fr); si no es posible o hay sospecha de rotura uretral, se recurre a punción suprapúbica por Urología. El vaciado debe ser progresivo (pinzando la sonda tras cada 200–300 mL durante 10–15 minutos) para evitar hematuria ex vacuo por descenso brusco de la presión intravesical. Posteriormente, se planifica la retirada de la sonda a las 48 horas y, si tras varios intentos no se recupera la micción espontánea, se opta por una sonda permanente de silicona. Se añaden profilaxis antibiótica, analgesia con AINEs y valoración de ingreso en caso de hematuria franca, infección o insuficiencia renal aguda. Desde enfermería, son fundamentales la correcta realización del sondaje (técnica estéril, registro de calibre, volumen y aspecto de la orina), la vigilancia del dolor y signos de complicación, el manejo de la retención (intimidad, estímulo del reflejo miccional, balance hídrico, valoración del globo vesical) y la educación al paciente (prevención del estreñimiento, sospecha de rotura uretral en traumatismos pélvicos, reconocimiento de síntomas en pacientes con sensibilidad alterada). El uso de sondas de menor calibre o tipo Tiemann puede facilitar el sondaje a través de uretra prostática dificultosa.
