Las urgencias maxilofaciales incluyen lesiones traumáticas, infecciosas y hemorrágicas que afectan a la cara, cavidad oral y estructuras adyacentes, pudiendo comprometer la vía aérea, la estabilidad hemodinámica y la función neurológica. Los traumatismos faciales constituyen la causa más frecuente de consulta, especialmente en adultos jóvenes, relacionados con accidentes de tráfico, caídas, agresiones y actividades deportivas. Debido a la proximidad de estructuras vitales, la valoración inicial debe realizarse de forma rápida y protocolizada, priorizando la identificación de situaciones que supongan un riesgo inmediato para la vida del paciente.
El abordaje inicial se basa en la secuencia ABCDE, prestando especial atención al control de la vía aérea, principal causa de morbimortalidad inmediata en estos pacientes. Factores como el sangrado orofaríngeo, el edema facial, las fracturas mandibulares o la disminución del nivel de conciencia pueden provocar obstrucción respiratoria y requerir medidas urgentes como aspiración de secreciones, dispositivos de permeabilización o incluso intubación precoz. Del mismo modo, el control de la hemorragia facial es prioritario mediante compresión directa, taponamiento, reposición de volumen y monitorización continua, debido a la elevada vascularización de la región facial.
Además de las lesiones faciales, es fundamental descartar lesiones asociadas como traumatismos craneoencefálicos, lesiones cervicales, torácicas, abdominales u oculares. La exploración neurológica debe incluir la valoración del nivel de conciencia, pupilas y posibles déficits neurológicos, complementándose con pruebas de imagen cuando sea necesario. En todo el proceso, el papel de enfermería resulta esencial mediante la detección precoz de complicaciones, la monitorización neurológica y hemodinámica, el control del sangrado, la preparación del material para el manejo avanzado de la vía aérea y el seguimiento continuo de la evolución clínica del paciente.
