TEMA 7. INTERVENCIÓN EN HEMATURIA MACROSCÓPICA Y MICROSCOPICA


 

La hematuria es la presencia de hematíes en la orina y suele indicar una alteración del aparato urinario, derivada de traumatismos, litiasis, tumores, anticoagulación, procesos infecciosos o manipulaciones urológicas. Es importante distinguirla de la pseudohematuria, en la que la orina está teñida de rojo por fármacos, alimentos, mioglobinuria/hemoglobinuria o contaminación menstrual, sin hematíes en el sedimento. Se clasifica según la cantidad (microhematuria y hematuria macroscópica) y el momento de aparición durante la micción (inicial, terminal, total, o uretrorragia), lo que orienta el origen anatómico. Etiológicamente puede ser tumoral (prostática, vesical o renal), hematológica (alteraciones plaquetarias, anticoagulantes/antiagregantes), litiásica (hematuria discreta sin coágulos), infecciosa (asociada a fiebre, piuria, nitritos) o secundaria a fármacos. La valoración clínica incluye búsqueda de signos de diátesis hemorrágica (petequias, equimosis), características del dolor (suprapúbico, lumbar, ángulo costovertebral) y exploración urológica básica (tacto rectal en varones, inspección genital en mujeres). El diagnóstico diferencial con pseudohematuria se realiza mediante sedimento urinario, y el enfoque diagnóstico se adapta al tipo de hematuria: la microscópica requiere confirmación repetida, exclusión de infección y estudio ecográfico/cistoscopia según edad y riesgo; la macroscópica exige siempre estudio urológico completo (eco, TAC urológico, cistoscopia, sobre todo en >40 años y fumadores).

Las complicaciones principales son la inestabilidad hemodinámica en hematurias masivas y la retención aguda de orina por coágulos. El tratamiento inicial de la hematuria macroscópica con coágulos consiste en sondaje vesical con sonda de 3 vías (20–22 Ch) y lavado vesical con suero fisiológico, combinando lavados manuales intermitentes para desobstruir coágulos y lavado continuo, vigilando la permeabilidad del sistema y evitando que la bolsa se llene más de ¾ ni se sitúe por encima de la vejiga. En hematurias por anticoagulantes se debe valorar ajuste/suspensión del fármaco, corrección del INR y estudio urológico, sin atribuir el sangrado solo al tratamiento. La hematuria traumática requiere valoración hemodinámica, TAC con contraste y derivación urgente si es macroscópica o inestable. Desde enfermería, son claves la irrigación vesical con técnica estéril, el cuidado del catéter (evitar acodamientos, mantener drenaje por debajo de la vejiga, higiene del meato), la vigilancia de complicaciones del sondaje, la ayuda en higiene y confort, y la educación al paciente. En mayores de 40 años, siempre debe descartarse neoplasia urológica aunque exista diagnóstico de infección o litiasis.