Las complicaciones agudas tras la cirugía ginecológica representan una causa importante de morbilidad y pueden comprometer gravemente la recuperación de la paciente. Entre las más frecuentes destacan la hemorragia postoperatoria, las infecciones quirúrgicas, la dehiscencia de suturas y la evisceración. La hemorragia puede aparecer de forma precoz o tardía, manifestándose con signos de hipovolemia como taquicardia, hipotensión, disminución de la diuresis o aumento del sangrado por drenajes. Su detección temprana y tratamiento rápido son fundamentales para evitar complicaciones graves y la necesidad de una nueva intervención quirúrgica.
La dehiscencia de suturas, especialmente la dehiscencia de la cúpula vaginal, constituye una de las urgencias quirúrgicas más importantes tras una histerectomía, ya que puede asociarse a la evisceración intestinal. Ante esta situación, es esencial proteger las asas intestinales exteriorizadas con compresas estériles húmedas y evitar su reintroducción manual hasta la valoración quirúrgica. Por otro lado, las infecciones de herida quirúrgica pueden afectar desde la piel hasta órganos profundos, produciendo dolor, enrojecimiento, fiebre y exudado purulento, siendo necesario el tratamiento con antibioterapia y, en algunos casos, drenaje quirúrgico.
Las complicaciones también varían según la técnica empleada, ya sea histeroscopia, laparoscopia, laparotomía o cirugía vaginal, pudiendo ocasionar perforaciones, lesiones de órganos vecinos, tromboembolismos, íleo paralítico o hematomas. La prevención se basa en una vigilancia postoperatoria rigurosa mediante el control de las constantes vitales, la diuresis, los drenajes y el estado de la herida quirúrgica. Además, la profilaxis antibiótica, el reconocimiento precoz de signos de alarma y una actuación rápida permiten reducir significativamente la aparición de complicaciones y mejorar la evolución clínica de las pacientes.
