El mareo y el vértigo son motivos frecuentes de consulta en urgencias y pueden deberse a causas vestibulares periféricas benignas o a lesiones centrales graves, especialmente un ictus de circulación posterior. El vértigo es una falsa sensación de movimiento, mientras que el mareo puede manifestarse como inestabilidad, sensación de desmayo o dificultad para mantener el equilibrio. En urgencias resulta más útil identificar el patrón clínico, diferenciando el síndrome vestibular agudo, caracterizado por vértigo continuo, náuseas, vómitos, nistagmo e inestabilidad durante horas o días; el síndrome vestibular episódico desencadenado, típico del vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB); y el síndrome episódico espontáneo. Entre las causas periféricas destacan la neuritis vestibular y el VPPB, mientras que la presencia de vértigo con diplopía, disartria, disfagia, focalidad neurológica o gran inestabilidad debe hacer sospechar una causa central.
La valoración inicial debe incluir constantes vitales, búsqueda de causas no vestibulares y una exploración neurológica dirigida, prestando especial atención al nivel de conciencia, pares craneales, habla, fuerza, sensibilidad, coordinación, marcha y características del nistagmo. La anamnesis debe centrarse en cómo comenzó el cuadro, si es continuo o episódico y si se desencadena con movimientos concretos. Son signos de alarma o red flags la incapacidad grave para mantenerse sentado o caminar, la focalidad neurológica, diplopía, disartria, disfagia, cefalea occipital o cervical intensa, alteración del nivel de conciencia, nistagmo atípico, hipoacusia unilateral súbita y factores de riesgo vascular. En el VPPB, los episodios son breves y se desencadenan por movimientos de la cabeza; la maniobra de Dix-Hallpike permite orientar el diagnóstico y el tratamiento de elección son las maniobras de reposición canalicular, especialmente la maniobra de Epley, que busca recolocar las otoconias desplazadas.
El tratamiento inicial depende de la causa y del patrón clínico. En el VPPB, las maniobras de reposición son prioritarias y los supresores vestibulares deben reservarse para el alivio sintomático breve de náuseas, vómitos o intenso malestar. En la neuritis vestibular pueden emplearse tratamiento sintomático, hidratación y supresores vestibulares durante un periodo limitado, favoreciendo posteriormente la movilización y rehabilitación vestibular precoz. Ante sospecha de causa central, el tratamiento sintomático nunca debe retrasar la valoración neurológica ni el estudio urgente, ya que una TAC craneal normal no excluye un ictus de circulación posterior. El rol de enfermería es esencial para detectar signos de gravedad, prevenir caídas, controlar náuseas y vómitos, administrar el tratamiento, vigilar la evolución y agilizar el circuito diagnóstico. Entre los principales errores se encuentran considerar todo vértigo como periférico, banalizar una inestabilidad intensa o tratar el VPPB únicamente con fármacos sin realizar maniobras de reposición.
