TEMA 8. QUEMADURAS Y LESIONES TÉRMICAS


Las quemaduras y lesiones térmicas son daños en los tejidos provocados por agentes físicos (calor, electricidad, radiación o frío), químicos o biológicos, que pueden ir desde un simple eritema hasta la destrucción completa de la piel y tejidos profundos. La gravedad depende principalmente de la profundidad, la extensión y la localización de la lesión. La piel, formada por epidermis, dermis e hipodermis, cumple funciones esenciales como protección frente a microorganismos, termorregulación, respuesta inmunológica y percepción sensorial; por ello, cuando se produce una quemadura se alteran estas funciones, aumentando el riesgo de infecciones, pérdida de líquidos y problemas de regulación térmica.

Las quemaduras se clasifican según su profundidad en primer grado (afectan solo a la epidermis), segundo grado superficial o profundo (afectan epidermis y dermis en distinto grado) y tercer grado (destruyen todas las capas de la piel y requieren tratamiento quirúrgico). También se evalúan según la extensión de la superficie corporal quemada (SCQ) mediante métodos como la regla de los nueve o la tabla de Lund y Browder, lo que permite determinar su gravedad y el lugar de tratamiento. Además, pueden clasificarse según su etiología en térmicas, eléctricas, químicas, por radiación o por frío, cada una con características clínicas y manejo inicial específicos.

El manejo de las quemaduras comienza con primeros auxilios inmediatos, como retirar al paciente de la fuente de daño, enfriar la zona con agua durante unos 20 minutos y cubrir la lesión con material estéril, evitando remedios caseros. El tratamiento posterior depende de la gravedad e incluye analgesia, limpieza y curas con apósitos adecuados, prevención de infecciones y, en quemaduras extensas, reanimación hídrica, tratamiento hospitalario o cirugía con injertos cutáneos. Las complicaciones más importantes incluyen infecciones, shock por pérdida de líquidos, insuficiencia renal, alteraciones respiratorias por inhalación de humo y secuelas funcionales o psicológicas, por lo que el manejo suele requerir un enfoque multidisciplinar.