La violencia de género es una grave vulneración de los derechos humanos y un importante problema de salud pública que afecta a la salud física, psicológica y social de las mujeres. Se define como la violencia ejercida por quien mantiene o ha mantenido una relación afectiva con la víctima, con el objetivo de ejercer control, dominación y sometimiento. Puede manifestarse como violencia psicológica, física, sexual, económica, social o vicaria, siendo esta última aquella que utiliza a los hijos para causar daño a la madre. Desde el ámbito sanitario, la detección precoz es fundamental, ya que muchas víctimas acuden a consulta por síntomas inespecíficos como ansiedad, insomnio, dolor crónico o somatizaciones antes de revelar la situación de maltrato.
El modelo del Ciclo de la Violencia de Leonore Walker explica cómo la violencia se perpetúa a través de tres fases: acumulación de tensión, estallido de violencia y luna de miel o conciliación. Este proceso favorece la aparición de secuelas emocionales y cognitivas como trastorno de estrés postraumático, hipervigilancia, baja autoestima, sentimientos de culpa, aislamiento social, alteraciones de la memoria e indefensión aprendida, dificultando que la víctima abandone la relación. El personal sanitario desempeña un papel esencial mediante la escucha activa, la entrevista privada, la valoración del riesgo y la activación de los protocolos de protección, ofreciendo apoyo sin emitir juicios y respetando siempre los tiempos de la mujer.
La agresión sexual se define como cualquier acto de naturaleza sexual realizado sin consentimiento, constituyendo una emergencia que requiere atención médica, psicológica y legal coordinada. La actuación debe incluir una valoración integral, la recogida rigurosa de muestras forenses y clínicas, la documentación objetiva de lesiones y la prevención de consecuencias como infecciones de transmisión sexual (ITS), embarazo no deseado o secuelas psicológicas. También es importante identificar situaciones de sumisión química, caracterizadas por amnesia, desorientación y ausencia de recuerdos claros de los hechos. El tratamiento comprende la atención de lesiones físicas, la profilaxis frente al VIH y otras ITS, la anticoncepción de urgencia cuando sea necesaria, la emisión del parte de lesiones y el seguimiento psicológico especializado para favorecer la recuperación integral de la víctima.
