La anticoncepción de emergencia es un método destinado a prevenir el embarazo tras una relación sexual sin protección, un fallo del método anticonceptivo habitual, una agresión sexual o cualquier situación de riesgo reproductivo. Su mecanismo de acción principal consiste en retrasar o inhibir la ovulación, por lo que no actúa sobre un embarazo ya establecido ni tiene efecto abortivo. Su eficacia es mayor cuanto antes se utilice después de la relación sexual de riesgo, siendo una herramienta segura y eficaz para reducir embarazos no deseados.
Las principales opciones terapéuticas son el levonorgestrel, el acetato de ulipristal y el DIU de cobre. El levonorgestrel debe administrarse preferentemente durante las primeras 72 horas, mientras que el acetato de ulipristal mantiene su eficacia hasta las 120 horas posteriores al coito y resulta más efectivo en los días fértiles. Por su parte, el DIU de cobre constituye el método de emergencia más eficaz, con una efectividad superior al 99 %, además de proporcionar anticoncepción a largo plazo. La elección del método dependerá del tiempo transcurrido, las características de la paciente y factores como el índice de masa corporal (IMC).
Es importante informar a las pacientes de que la anticoncepción de emergencia no protege frente a infecciones de transmisión sexual (ITS) ni frente a relaciones sexuales posteriores a su utilización. También debe recomendarse la realización de un test de embarazo si la menstruación se retrasa o presenta características anormales. Entre los efectos secundarios más frecuentes se encuentran náuseas, vómitos, sangrado irregular, fatiga y dolor abdominal, generalmente leves y transitorios. Además, existen numerosos mitos sobre estos métodos, pero la evidencia científica confirma que no son abortivos ni representan una “bomba hormonal”, siendo recursos seguros cuando se utilizan de forma adecuada.
