El tema aborda la evolución del concepto de salud, que ha pasado de un enfoque centrado en la ausencia de enfermedad (modelo biomédico) a una visión integral, dinámica y basada en los determinantes sociales de la salud. La Promoción de la Salud, impulsada por la Carta de Ottawa (1986), plantea que la salud no depende únicamente de la atención sanitaria, sino también de factores como el entorno, las condiciones de vida, la educación, el trabajo y la participación comunitaria. En este contexto, la Educación para la Salud constituye una herramienta esencial para desarrollar habilidades, fomentar el empoderamiento de las personas y favorecer decisiones saludables.
El documento diferencia claramente la prevención de la promoción de la salud. Mientras la prevención busca evitar la aparición o las consecuencias de las enfermedades mediante intervenciones específicas, la promoción pretende mejorar el bienestar y la calidad de vida, actuando sobre los determinantes que generan salud. Para ello se impulsan acciones como el desarrollo de políticas públicas saludables, la creación de entornos saludables, el fortalecimiento de la acción comunitaria, el desarrollo de habilidades personales y la reorientación de los servicios sanitarios hacia un modelo más participativo y preventivo.
Finalmente, el texto relaciona la promoción de la salud con la Estrategia de Promoción de la Salud y Prevención del SNS y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, destacando que la salud depende de factores sociales, económicos y ambientales. Se subraya la importancia de promover estilos de vida saludables, como la actividad física, la alimentación saludable, la prevención del consumo de tabaco y alcohol, el cuidado del bienestar emocional y la creación de comunidades más equitativas y sostenibles. De este modo, la salud se entiende como un recurso para la vida que requiere la colaboración entre los sistemas sanitarios, las instituciones y la sociedad en su conjunto.
