La obesidad es una enfermedad crónica, compleja y recidivante, cuya prevalencia continúa aumentando y que requiere un abordaje multidisciplinar. Se define como una acumulación excesiva de grasa corporal perjudicial para la salud y, aunque el índice de masa corporal (IMC) ha sido la medida tradicional para su diagnóstico, actualmente se recomienda valorar también el porcentaje de grasa corporal y el perímetro abdominal, ya que reflejan mejor el riesgo asociado. Además, es fundamental promover iniciativas dirigidas a eliminar el estigma y la discriminación relacionados con el exceso de peso.
La Guía española para el manejo integral y multidisciplinar de la obesidad recomienda desarrollar estrategias de prevención y tratamiento a largo plazo, dirigidas tanto a la población general como a los profesionales sanitarios y a los entornos familiar, escolar y laboral. Los principales objetivos terapéuticos son disminuir el riesgo metabólico y cardiovascular, prevenir o tratar las comorbilidades asociadas y mejorar los aspectos psicológicos, como la autoestima, el bienestar y la percepción de la imagen corporal.
El tratamiento de la obesidad debe adaptarse a las características étnicas, culturales, socioeconómicas y personales de cada individuo, favoreciendo un enfoque individualizado. Las intervenciones deben combinar la modificación de hábitos (alimentación, ejercicio físico y estilo de vida), el tratamiento farmacológico y, cuando esté indicado, las técnicas endoscópicas o la cirugía bariátrica, todo ello acompañado de apoyo psicológico. Se priorizan cambios conductuales pequeños, personalizados y sostenibles que mejoren el control del peso y favorezcan un manejo eficaz de la enfermedad.
