La fragilidad es un síndrome relacionado con el envejecimiento que puede detectarse precozmente mediante programas dirigidos a personas de 70 años o más en Atención Primaria y en la comunidad. Su objetivo es identificar a las personas con mayor riesgo para intervenir antes de que aparezcan discapacidad, dependencia o caídas. Las pruebas de elección son la Short Physical Performance Battery (SPPB), considerando una alta probabilidad de fragilidad con una puntuación <10, y la Velocidad de la Marcha (VM) en 4 metros, siendo indicativa de fragilidad una velocidad <0,8 m/s.
Otra herramienta útil es la escala FRAIL, que puede realizarse en menos de dos minutos, incluso por teléfono, sin necesidad de espacio físico. Esta escala valora cinco aspectos: fatigabilidad, resistencia, deambulación, multimorbilidad y pérdida de peso, lo que la convierte en una alternativa práctica para el cribado de la fragilidad en distintos entornos asistenciales.
Una vez detectada la probabilidad de fragilidad, se recomienda instaurar intervenciones destinadas a revertirla, destacando los programas de ejercicio físico multicomponente como la medida más eficaz. Entre ellos sobresale VIVIFRAIL, un programa de referencia internacional para la prevención de la fragilidad y las caídas en personas mayores, que dispone de materiales impresos, recursos audiovisuales y una aplicación móvil para facilitar su implementación tanto en la comunidad como en el ámbito hospitalario.
