TEMA 3. AISLAMIENTO HOSPITALARIO


El aislamiento hospitalario es una medida destinada a interrumpir la cadena de transmisión de las enfermedades infecciosas, protegiendo tanto a los pacientes como al personal sanitario. Existen distintos tipos de aislamiento según la vía de transmisión: contacto (incluido el entérico), gotas, aéreo, protector o inverso y estricto. Cada uno requiere medidas específicas respecto al tipo de habitación, el uso de equipos de protección individual (EPI) y el manejo de los traslados, siendo especialmente importantes las habitaciones con presión negativa en el aislamiento aéreo y con presión positiva en el aislamiento protector para pacientes inmunodeprimidos.

Las precauciones de transmisión por contacto incluyen como medida fundamental la higiene de manos, el uso de guantes y bata, la limpieza y desinfección frecuente del entorno, el empleo de material clínico exclusivo y la limitación de desplazamientos y visitas. En las precauciones por gotas se añade el uso de mascarilla quirúrgica cuando se esté a menos de un metro del paciente o exista riesgo de salpicaduras, mientras que en las precauciones por vía aérea es obligatorio el uso de mascarillas FFP2 o FFP3, mantener la puerta cerrada y disponer, siempre que sea posible, de habitaciones con presión negativa y sistemas de filtración HEPA.

El tipo de aislamiento depende de la patología y del mecanismo de transmisión. El aislamiento de contacto se emplea en infecciones como Clostridioides difficile, SARM, rotavirus, escabiosis o VRS; el aislamiento por gotas en enfermedades como la gripe, meningitis meningocócica, tos ferina o rubéola; y el aislamiento aéreo en procesos como la tuberculosis, el sarampión o la varicela. El aislamiento protector está indicado en pacientes inmunodeprimidos o trasplantados para minimizar el riesgo de infección, mientras que el aislamiento estricto se reserva para enfermedades causadas por agentes altamente virulentos y de elevada transmisibilidad.