Tema 6. Pérdida de Conocimiento en el niño.


En este tema trataremos tres entidades que con frecuencia pueden provocar la pérdida de conciencia en los niños como son el espasmo del llanto, la convulsión febril y el atragantamiento si no se resuelve a tiempo.

 

ESPASMO DEL LLANTO

En el espasmo del llanto se produce un cese brusco de la respiración causado por un susto, golpe, enfado… Se produce fundamentalmente a los 2-3 años, pero puede aparecer hasta los 5. Con frecuencia hay antecedentes en padres o hermanos.

Se distinguen dos tipos: el cianótico y el de llanto pálido. De ellos, el cianótico el más frecuente. En este caso, tras el desencadenante el niño inspira profundamente y retiene el aire, sin soltarlo, hasta ponerse azul. Si el episodio continúa puede tener movimientos espasmódicos e incluso perder la conciencia.

El segundo tipo, menos frecuente, es el espasmo del llanto pálido. Tras el desencadenante la respiración cesa repentinamente y se produce flaccidez muscular, pérdida de conciencia y palidez cutánea.

El espasmo del llanto se trata de una situación benigna que se recupera espontáneamente en menos de un minuto cuando el niño comienza de nuevo a respirar sin más secuelas que posiblemente una ligera somnolencia.

 

¿Qué podemos hacer ante esta situación? 

En este caso no debemos hacer nada, ya que los espasmos del llanto son autolimitados.

Es importante mantener la calma y no agitar o estimular al niño, ya que esto no influirá en el curso natural del episodio. Tampoco es necesario realizar respiración boca-boca, ni otra maniobra de reanimación.

 

¿Cuándo debemos llevar al niño a urgencias?

Debemos acudir a un servicio de urgencias en las siguientes situaciones:

  • Si ocurre antes de los 6 meses de edad.
  • Si la recuperación tarda más de 5 minutos.
  • Si el niño no está completamente normal después del episodio.
  • Cuando no haya un desencadenante claro del episodio.

 

CONVULSIONES FEBRILES 

Las convulsiones febriles son episodios de convulsión en el contexto de una enfermedad que produzca fiebre, generalmente superior a 38-38,5ºC., y que suceden en ausencia de epilepsia, alteraciones en el equilibrio hídrico o metabólico o infección del Sistema Nervioso Central. Es decir, que aparezca una convulsión febril no significa necesariamente que haya una meningitis o infección similar ni que el niño sea epiléptico.

Las convulsiones febriles son las convulsiones que aparecen con más frecuencia en niños, aunque generalmente no dejan ninguna secuela.

El rango de edad en el que aparecen es entre los 6 meses y los 5 años con un máximo de incidencia alrededor de los 18 meses. Y afectan al 2-4% de la población de la edad comentada.

Más de la mitad aparecen en las primeras 24 horas del cuadro febril y casi la cuarta parte en la primera hora de inicio de la fiebre. Hay que destacar que hasta un tercio de los niños repetirá al menos una vez en el mismo o en otro episodio de fiebre si esta no se trata, sobre todo en los menores de 18 meses, si tienen familiares que de pequeños las sufrieron y si la subida de temperatura es rápida.

 

¿Cómo se manifiestan las convulsiones febriles?

Los niños que sufren convulsiones febriles normalmente fijan la mirada o la llevan hacia arriba, y presentan una rigidez generalizada. Otras veces, presentan convulsiones fruto de la contracción y relajación rapidísima de los distintos grupos musculares. Durante el episodio hay una pérdida de la conciencia y cuando termina la convulsión hay un periodo posterior de confusión y somnolencia llamado estado postcrítico. En la mayoría de los casos, la duración de todo este proceso, desde el inicio hasta la recuperación final, tras el estado postcrítico es inferior a 15 minutos.

 

¿Y qué debemos hacer ante una convulsión febril?

En el momento en el que el niño comienza a convulsionar debemos mantener la calma y colocarlo en el suelo con suavidad o dejarlo en la cuna o cama si no puede caerse de ella.

En segundo lugar, apartaremos los objetos con los que pueda golpearse y le colocaremos de lado para evitar el atragantamiento y facilitar la respiración, ya que hay que recordar que se trata de un niño que está inconsciente.

Es importante fijarse en cómo es la convulsión o si presenta algún síntoma que llame la atención. Y trataremos de medir objetivamente el tiempo que dura la convulsión. Bastará con echar una mirada al reloj al principio y al final para tener una idea aproximada.

Si tuviéramos en nuestro poder Midazolam o diazepam que nos haya sido prescrito al niño con anterioridad, será el momento de administrarlo.

 

¿Y qué no debemos hacer ante una convulsión febril?

  • No hay que intentar sujetar al niño durante la convulsión.
  • No debemos meter NADA en la boca: ni dedos, ni pañuelos, palos, etc.
  • No deberíamos dar medicamentos para bajar la fiebre del niño en ese momento ni hasta que haya pasado el periodo postcrítico.
  • Tampoco trataremos de bañarlo para bajar la fiebre en ese momento ni hasta que haya pasado el periodo postcrítico.

 

Una vez que haya remitido el episodio llevaremos al niño al médico para que éste descarte cualquier problema aparte de la fiebre que haya sido el causante de la convulsión, investigue el origen de la fiebre y le ponga el tratamiento más adecuado.

Es posible que a la vista de los síntomas y las características descritas por los padres decida realizar más pruebas.

El tratamiento habitualmente consistirá en un fármaco antitérmico como el paracetamol o el ibuprofeno, pero si ha tenido más de dos episodios convulsivos o su duración sobrepasa los 5 minutos, es posible que además le receten un medicamento para tener en casa por si se repite el episodio.

El tratamiento más frecuente para el momento de la convulsión será el diazepam rectal (Stesolid™).

Este tiene dos presentaciones: la de 5 mg. para menores de 3 años y la de 10 mg. para mayores de 3 años. Su aplicación es muy sencilla:

  1. En primer lugar abriremos el sobre que contiene la canuleta.
  2. Retiraremos el tapón de la canuleta retorciendo la punta.
  3. Introduciremos la cánula en el ano del niño, hasta la marca circular.
  4. Apretaremos la canuleta hasta que salga el líquido lentamente.
  5. Sin dejar de apretar la canuleta la extraeremos del ano.
  6. Finalmente, cerraremos las nalgas del niño para evitar que salga el contenido.

Otro tratamiento que puede ponerse es el Midazolam oral (Buccolam™) 

Este medicamento tiene cuatro dosis posibles que se prescribirán en función de la edad del paciente. En algunos casos se diferencian en el color del tapón de la jeringa en la que viene presentado.

Su administración también es sencilla:

  1. En primer lugar, sacaremos la jeringuilla del tubo en el que viene protegida dentro de la caja.
  2. Quitaremos el tapón.
  3. Administraremos el líquido mientras comprimimos el émbolo entre la mejilla y los dientes de forma lenta. Hay que recordar que la absorción ha de ser por la mucosa de la mejilla, no por vía oral, ya que se trata de un niño que está inconsciente.
  4. Finalmente administraremos la mitad en cada lado de la boca para evitar un volumen excesivo que pueda caer a la garganta.

 

¿Cuándo debemos llamar al teléfono de emergencias 112?

Debemos llamar al teléfono de emergencias en las siguientes situaciones:

  • Si las convulsiones duran más de 5 minutos.
  • Si las convulsiones sólo afectan a una parte del cuerpo.
  • Si al niño le cuesta respirar o se pone azul durante la convulsión.
  • Si No responde como otras veces.
  • Si Se repite el episodio convulsivo en las mismas 24 horas.
  • Y si hemos que administrar el tratamiento inmediato de rescate que nos habían prescrito.

 

ATRAGANTAMIENTO

¿Qué es el atragantamiento? 

Llamamos atragantamiento a la obstrucción parcial o total de las vías respiratorias impidiendo la respiración. Se produce generalmente por trozos de alimento mal masticado o por objetos extraños como pequeñas piezas que puedan desprenderse de juguetes, fichas de juegos…etc.

 

¿Cómo reconocerlo?

Generalmente aparece durante el juego o la alimentación el niño traga algún cuerpo extraño o trozo de alimento mal masticado que se va hacia la vía respiratoria o como decimos comúnmente “que se va por el otro lado”. Se suele producir un golpe de tos brusca e intensa con dificultad para hablar o respirar, cambios en la voz, palidez o color morado de los labios, y finalmente, si la obstrucción no se resuelve el niño dejará de respirar y perderá el conocimiento por la falta de oxígeno en el cerebro.

 

¿Qué podemos hacer ante una situación de atragantamiento? 

En primer lugar, tenemos que diferenciar si el niño está consciente o inconsciente. En primer lugar, veamos cómo actuar ante un niño que está consciente.

A. Si el niño está consciente y la tos es efectiva (es decir, tiene fuerza). En este caso el niño podrá respirar o llorar y tendrá un color normal de piel y labios, por lo que nuestra actuación irá encaminada a facilitar la tos:

  1. Colocaremos al niño en posición incorporada, ya que la tos es más eficaz en esta posición.
  2. Animaremos al niño para que siga tosiendo.
  3. Vigilaremos la aparición de signos que indiquen que el niño se está agotando y su tos se va a hacer inefectiva o que el cuadro está empeorando, como son la dificultad para respirar o tragar, arcadas continuas o el color azulado de labios.

B. En caso de que el niño esté consciente y la tos sea inefectiva (es decir, no tiene fuerza), el niño no podrá respirar ni llorar y se pondrá azul empezando por los labios y la punta de los dedos.

  1. En primer lugar, pediremos ayuda a nuestro entorno y llamaremos a emergencias o buscaremos que alguien lo haga.
  2. Si podemos ver el objeto causante de la obstrucción y este es accesible podríamos intentar sacarlo con nuestro dedo en posición de gancho de atrás a adelante.
  3. Si no lo conseguimos realizaremos una serie de maniobras de desobstrucción de las vías respiratorias, que son diferentes en función de la edad del niño. Si el niño es menor de 1 año:
  • Daremos 5 golpes con el talón de nuestra mano en la espalda del niño, a la altura de las escápulas.
  • Y si ninguno de ellos resulta efectivo, aplicaremos hasta 5 compresiones con dos dedos en la mitad inferior del esternón.
    Y en caso de que el niño sea mayor de un año:
  • Daremos también 5 golpes con el talón de la mano en la espalda a la altura de las escápulas.
  • Y alternaremos con 5 compresiones abdominales. Para ello, nos colocaremos detrás y abrazaremos el abdomen del niño, colocando nuestro puño a la altura de la boca del estómago (debajo del esternón y las costillas) abrazando con la otra mano y aplicando compresiones hacia arriba y hacia atrás.
  1. Cada vez que alternamos espalda con pecho o abdomen tenemos que revisar la boca por si podemos localizar y sacar el cuerpo extraño.
  2. Seguiremos alternando golpes en la espalda con compresiones en el pecho o en el abdomen hasta que se resuelva la obstrucción o el niño quede inconsciente.
  3. Finalmente, si en algún momento el niño se quedara inconsciente tendríamos que comenzar a realizar las maniobras de reanimación cardiopulmonar, aplicando compresiones torácicas y alternando con respiración boca a boca.