2.1 PREVALENCIA DEL MALTRATO A LAS PERSONAS MAYORES
En 2017, la OMS llevó a cabo una minuciosa revisión que comprendió la evaluación de 52 estudios en 28 países. Como resultado, se llegó a la conclusión de que aproximadamente 1 de cada 6 personas mayores de 60 años (el 15,7% de este grupo de edad) había sufrido algún tipo de maltrato en contextos comunitarios e institucionales. Los datos fueron alarmantes, ya que estos hallazgos destacaban la envergadura del problema del maltrato hacia las personas mayores a nivel mundial.
En ambas tablas, el maltrato psicológico es el más común, seguido del financiero y la negligencia. Aunque menos frecuentes, el maltrato físico y sexual son preocupantes. La variabilidad en la incidencia del abuso financiero y la negligencia dependen del entorno y del denunciante.
La investigación sobre el maltrato a personas mayores es de vital importancia en la actualidad. Datos publicados por el National Center on Elder Abuse (NCEA), la Liga Internacional para la Prevención del Abuso al Adulto Mayor (INPEA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) exponen una preocupante realidad.
Según estas fuentes, alrededor del 5-6% de los adultos mayores sufren violencia en el hogar, mientras que un 10% experimenta violencia institucional. En otras palabras, el maltrato a personas mayores es un problema que permanece mayormente oculto, ya que solo se detecta y se diagnostica aproximadamente un 20% de los casos, lo que se conoce como el "efecto iceberg". Esto significa que la verdadera magnitud del maltrato a personas mayores es mucho mayor de lo que se hace evidente a simple vista, ya que la mayoría de los casos permanecen sin descubrir.
En España, la catedrática de sociología María Teresa Bazo realizó en 2001 un estudio pionero sobre el maltrato a personas mayores en distintos municipios de País Vasco, Andalucía y Canarias que reflejaban los siguiente datos:
- Un 4,7% de los casos analizados se habrían producido maltrato (maltrato físico, abuso material, abuso sexual, maltrato psicológico, etc.).
- La negligencia, representa la forma más frecuente con un 68% total de los casos. La negligencia psicoafectiva (46%) y el emocional (32%). El abuso material corresponde un 17% del total de los casos, el maltrato físico un 10% y el abuso sexual que se corresponde al 1%.
- Las mujeres viven más tiempo y en condiciones de salud más frágiles, y por ello, tienen una mayor probabilidad de experimentar maltrato en comparación con los hombres. Este mayor riesgo se refleja tanto en la cantidad de casos como en la gravedad de estos.
- Los agresores principales fueron los hijos e hijas, con un 55% de los casos, seguidos de los cónyuges, hermanos y hermanas.
En 2008, en el Centro Reina Sofía, en España, también se llevaron a cabo estudios, y reflejó que un 0,8% de los participantes en el estudio estaban siendo maltratados por algunos de sus familiares y que esta cifra aumentaba al 1,5% en el caso de personas mayores dependientes. El maltrato a personas mayores se ha convertido en una preocupación global. Los estudios realizados en otros países también revelan datos inquietantes:
- Australia (Kurrle, Sadler y Cameron, 1992): se observó que el 4,6% de la población de personas mayores sufrió maltrato, incluyendo maltrato psicológico (29%), físico (25%), negligencia (16%) y abuso financiero (13%). Factores como la dependencia en el anciano, la psicopatología del agresor, la violencia familiar y el estrés del cuidador contribuyen a la prevalencia del maltrato.
- Canadá (Podnieks y otros, 1989): se encontró que el 4% de las personas mayores sufrieron maltrato, siendo el maltrato psicológico (1,1%) y la negligencia (4%) las formas más comunes.
- China (Tang y Yan, 2001): la prevalencia de maltrato de personas mayores en Hong Kong fue alarmante, alcanzando el 21,4%. Las formas más comunes de maltrato fueron el maltrato psicológico (20,8%) y el maltrato físico (2%).
- Estados Unidos (Pillemer y Finkelhor, 1988): el 3,2% de las personas mayores sufrieron algún tipo de maltrato, incluyendo maltrato físico (2%), maltrato psicológico (1,1%), y negligencia (0,4%).
- Israel (Eisikovits, Winterstein y Lowenstein, 2004): el 18,4% de los ancianos reportó haber sido víctima de maltrato en el año anterior, con negligencia (18%) y maltrato psicológico (8%) siendo las formas más comunes.
- Reino Unido (O'Keeffe, 2007): el 2,6% de las personas mayores sufrieron maltrato, incluyendo negligencia (1,1%), abuso financiero (0,7%), maltrato psicológico (0,4%) y maltrato físico (0,4%). Se observa una mayor prevalencia de maltrato en mujeres (3,8%) en comparación con hombres (1,1%).
En los datos de la OMS en 2018, se destaca que el maltrato psicológico es la forma más común de maltrato, tanto en entornos familiares como institucionales. Sin embargo, es crucial tener en cuenta que estos estudios subestiman la verdadera magnitud del problema debido a la falta de conciencia social en torno al maltrato a personas mayores. Estos hallazgos han impulsado la creación de modelos teóricos, programas y protocolos destinados a comprender y abordar el maltrato de manera efectiva. Estos recursos facilitan la intervención adecuada por parte de diversas entidades una vez que se detecta una situación de maltrato, contribuyendo así a la protección de las personas mayores.
2.2 MALTRATO E IMPACTO DE LA PANDEMIA DE COVID-19
La pandemia de COVID-19, desencadenada por el coronavirus SARS-CoV-2, tuvo repercusiones a nivel mundial a principios de 2020, marcando un hito en la historia moderna. Como sabemos y hemos experimentado, España no fue inmune a este impacto devastador. A medida que la pandemia se propagaba rápidamente, afectaba a todos los estratos de la sociedad, pero uno de los grupos más vulnerables y afectados fueron las personas mayores. En este contexto, las personas mayores en España se encontraron en el epicentro de una crisis que impactó no solo en su salud física, sino también en su bienestar psicológico, afectando significativamente a este segmento de la población en tres áreas cruciales:
- Impacto psicológico: El aislamiento social, la preocupación por la propia salud y la incertidumbre general contribuyeron a niveles elevados de ansiedad y estrés en este grupo demográfico. La falta de interacción social, especialmente para aquellos que viven solos, exacerbó la soledad, afectando negativamente su bienestar emocional.
- Aumento de las funciones requeridas: Desde la adopción de medidas de precaución hasta la adaptación a nuevas formas de obtener suministros y acceder a la atención médica, muchos enfrentaron desafíos adicionales en su vida diaria. Esto incluyó el aprendizaje de nuevas tecnologías para participar en consultas médicas virtuales y la implementación de medidas de seguridad, lo que a menudo generó un estrés adicional.
- Desafíos vinculados a los protocolos y la atención médica: Las personas mayores se vieron enfrentadas a una serie de desafíos durante la pandemia relacionados con las medidas de distanciamiento social y las precauciones de higiene. La complejidad de seguir estas pautas se agravó debido a la falta de apoyo en algunos casos. Limitaciones físicas, la ausencia de asistencia y las dificultades en la comprensión de estas medidas hicieron que la adaptación a las nuevas normas fuera especialmente difícil para este grupo vulnerable.
En cuanto a la atención médica, la implementación de estrictos protocolos de salud pública generó complicaciones adicionales. Los retrasos en citas y procedimientos médicos no urgentes causaron inquietudes sobre la continuidad de la atención médica regular para las personas mayores. La transición hacia servicios médicos virtuales también planteó obstáculos, ya que algunos enfrentaron dificultades para familiarizarse con la tecnología necesaria.
Además, cabe destacar que la pandemia de COVID-19 también afectó a las personas mayores en términos de maltrato y abuso en España hasta esa fecha:
- Aislamiento social: Durante la pandemia, las medidas de confinamiento y distanciamiento social llevaron al aislamiento de las personas mayores. Ese aislamiento aumentó la vulnerabilidad de las personas mayores al maltrato, ya que quedaron más expuestas a situaciones de abuso en el entorno familiar o en instituciones de cuidado.
- Presión en el Sistema de Salud: La sobrecarga del sistema de salud durante la pandemia podría haber resultado en la falta de atención adecuada para las personas mayores, lo que podría considerarse un tipo de abuso por negligencia. Sin embargo, los datos exactos variarían según la región y el momento específico de la pandemia.
- Escasez de Recursos: La escasez de recursos médicos y financieros durante la pandemia pudo haber tenido un impacto en la situación económica de las personas mayores, lo que a su vez podría dar lugar a un aumento en el maltrato financiero. Los datos sobre este tema variarían según la situación económica de la población en ese momento.
- Impacto Psicológico: El miedo a la infección y el aislamiento social generaron un impacto negativo en la salud mental de las personas mayores, lo que podría considerarse un tipo de abuso emocional. Sin embargo, la recopilación de datos específicos sobre el aumento de casos de maltrato y abuso requeriría estudios detallados y estadísticas actualizadas. Las medidas y estrategias implementadas en España para proteger a las personas mayores durante la pandemia de COVID-19 fueron:
o Vacunación Prioritaria: Una de las estrategias clave para proteger a las personas mayores ha sido la implementación de programas de vacunación prioritaria. Se dio prioridad a los grupos de mayor riesgo, incluyendo a las personas mayores y residentes en hogares de ancianos. Estas campañas de vacunación se llevaron a cabo de manera eficiente y ayudaron a reducir la mortalidad por COVID-19 en este grupo demográfico.
o Restricciones de Visitas en Residencias: Para proteger a los residentes de hogares de ancianos, se implementaron estrictas restricciones de visitas. Estas medidas se tomaron para reducir la exposición al virus de personas externas, ya que las personas mayores en residencias eran especialmente vulnerables. Aunque estas restricciones pueden haber tenido un impacto emocional negativo, ayudaron a prevenir brotes en estas instituciones.
o Protocolos de Higiene y Seguridad: Se establecieron protocolos rigurosos de higiene y seguridad en residencias y hospitales para garantizar la protección de las personas mayores. Esto incluyó el uso de equipo de protección personal, pruebas regulares y medidas de distanciamiento social.
o Teleasistencia y Apoyo Psicológico: Se implementaron servicios de teleasistencia y apoyo psicológico para las personas mayores que estaban aisladas debido a las restricciones de visitas. Estos servicios ayudaron a mitigar el impacto psicológico negativo de la pandemia.
o Campañas de Concienciación: Se llevaron a cabo campañas de concienciación para informar a la población sobre la importancia de proteger a las personas mayores. Esto incluyó mensajes sobre el uso de mascarillas, distanciamiento social y la necesidad de limitar las interacciones con personas mayores.
o Priorización de Atención Médica: Se priorizó la atención médica para las personas mayores, asegurando que tuvieran acceso a la atención necesaria y evitando retrasos en diagnósticos y tratamientos médicos.
o Mejora de la Infraestructura Sanitaria: Se realizaron inversiones en la infraestructura sanitaria para aumentar la capacidad de respuesta ante la pandemia, lo que incluyó la expansión de unidades de cuidados intensivos y la adquisición de equipos médicos.
o Coordinación entre Autoridades Sanitarias y Residencias: Se promovió una estrecha coordinación entre las autoridades sanitarias y las residencias de personas mayores para garantizar una respuesta eficiente ante posibles brotes.
o Actualización de Protocolos: Se actualizaron continuamente los protocolos y directrices a medida que se adquiría más conocimiento sobre el virus y su transmisión.

Mujer vacunada
A pesar de los desafíos, España implementó diversas medidas y estrategias para proteger a las personas mayores durante la pandemia de COVID-19. Estas acciones se enfocaron en reducir la exposición al virus, asegurar atención médica adecuada y brindar apoyo emocional a este grupo vulnerable. Aunque algunas estrategias recibieron críticas, se realizaron esfuerzos significativos para proteger a las personas mayores y mitigar los riesgos asociados con la pandemia. Algunas lecciones aprendidas en relación con la prevención del maltrato a personas mayores durante la pandemia incluyen:
- Importancia de la Comunicación: Mantener una comunicación efectiva entre autoridades sanitarias, instituciones de cuidado a personas mayores y la comunidad ayuda a reducir el aislamiento y la ansiedad en este grupo.
- Necesidad de Resiliencia en el Sistema de Atención de Salud: La pandemia resaltó la importancia de contar con sistemas de atención médica y cuidado de personas mayores resilientes, requiriendo inversiones en infraestructura y recursos para respuestas efectivas en crisis.
- Protección de la Salud Mental: Destacar la importancia de abordar la salud mental de las personas mayores mediante servicios de apoyo psicológico y emocional para prevenir el maltrato emocional y mantener su bienestar.
- Coordinación y protocolos claros: La coordinación entre instituciones, autoridades sanitarias y residencias es crucial. La existencia de protocolos claros y actualizados para prevenir y abordar el maltrato es esencial.
- Educación y Concienciación Pública: Realizar campañas educativas y de concienciación sobre el maltrato a personas mayores, especialmente en situaciones de crisis, puede sensibilizar a la sociedad y prevenir situaciones de abuso.
- Fomento de la Denuncia: Facilitar la denuncia segura de casos de maltrato implica la creación de canales seguros y accesibles para que las víctimas o sus seres queridos informen sobre situaciones de abuso.
- Capacitación del Personal de Atención: La formación adecuada del personal de atención a personas mayores, tanto en residencias como en el hogar, es fundamental. Esto incluye la identificación de signos de maltrato y la forma de abordarlos de manera adecuada.
- Inversión en Tecnología y Teleasistencia: La tecnología y la teleasistencia para mantener el contacto con las personas mayores y brindar apoyo a distancia, desempeñando un papel importante en la prevención del maltrato.
- Respeto por los Derechos y Dignidad: Promover una cultura de respeto por los derechos y la dignidad de las personas mayores implica cambiar actitudes y comportamientos para garantizar un trato justo y respetuoso.
Estas lecciones deben guiar los esfuerzos futuros para prevenir el maltrato y garantizar la seguridad y el bienestar de las personas mayores.
2.3 CAMBIOS EN LA PERCEPCIÓN SOCIAL Y LEGAL DEL MALTRATO
El maltrato a las personas mayores es un problema social grave que ha ganado reconocimiento y atención en las últimas décadas. A pesar de la creciente conciencia de este problema, el maltrato a las personas mayores sigue siendo un fenómeno complejo y multifacético que requiere un enfoque integral para su prevención y manejo.
En el ámbito jurídico y social, se consideran tres aspectos esenciales del maltrato a las personas mayores: la evolución histórica de la percepción del maltrato a las personas mayores, la legislación y los derechos que protegen a las personas mayores, y el papel que juega la sociedad en este asunto.
Históricamente, la percepción y la legislación relacionada con el maltrato a las personas mayores han experimentado una transformación significativa. Este cambio ha estado centrado en el principio fundamental del respeto a la dignidad y los derechos humanos, que debe prevalecer en todas las etapas de la vida, incluyendo la vejez. Sin embargo, durante este período, se observaron importantes deficiencias en la legislación específica destinada a prevenir y eliminar el maltrato y el abuso hacia las personas mayores. Estas "lagunas normativas" eran una preocupación seria, ya que el maltrato a las personas mayores adopta diversas formas en la sociedad, constituyendo una clara violación de sus derechos fundamentales.
A medida que avanzaba el tiempo y se reconocía cada vez más la complejidad y gravedad del maltrato hacia las personas de edad avanzada, la conciencia pública aumentó, destacando la importancia de proteger a las personas mayores de cualquier forma de abuso. En respuesta a esta evolución, se realizaron modificaciones significativas en la legislación y los derechos de las personas mayores para brindar una mayor protección. Muchos países han promulgado leyes específicas para abordar el maltrato a personas mayores, definiendo claramente el maltrato, estableciendo sanciones para los perpetradores y promoviendo la detección y prevención. Estos avances legislativos representan un esfuerzo significativo para mejorar la protección legal de las personas mayores contra el maltrato.
Además, se han desarrollado tratados y convenciones internacionales que reconocen y protegen los derechos de las personas mayores, incluyendo la protección contra el maltrato. La creación de iniciativas y movimientos sociales dedicados a sensibilizar y promover la prevención del maltrato ha sido fundamental en esta transformación. Organizaciones no gubernamentales, defensores de los derechos de las personas mayores y grupos de voluntarios han desempeñado un papel crucial en la concienciación y la promoción de la protección de este grupo vulnerable.
Desde la década de 1970, en sus inicios, el maltrato a las personas mayores se concebía principalmente como un problema de abuso físico, centrándose en casos evidentes de violencia física y negligencia. Durante ese período, G.R Burston publicó una carta en la revista The British Medical Journal en 1975 bajo el título "Granny battering" (abuela golpeada), lo que marcó un hito en la percepción del maltrato hacia la población adulta mayor. Esta carta resaltó que el maltrato a las personas mayores era un problema existente, a menudo encubierto por situaciones como caídas u otros eventos que parecían justificar un cuidado deficiente por parte de sus familiares. Representó un punto de partida crucial en el reconocimiento de un problema previamente invisibilizado y marcó el comienzo de la consideración teórica de la población adulta mayor como vulnerable al maltrato.
En la década de 1980, la comprensión del maltrato a las personas mayores evolucionó hacia una perspectiva más inclusiva gracias a la definición proporcionada por Johnson en 1986. Esta definición considera el maltrato como "cualquier sufrimiento físico o emocional al que se ve sometido una persona mayor y que afecta de alguna manera su calidad de vida". Esta definición fue significativa por varias razones:
- Reconoció la diversidad de formas de maltrato: No se limitó al abuso físico, sino que incluyó el abuso emocional, como el insulto, la humillación y la intimidación, destacando que el maltrato puede manifestarse de diversas maneras, no solo físicas.
- Enfatizó el impacto en la calidad de vida: La definición resaltó que el maltrato no es solo un acto de violencia o negligencia, sino que puede tener consecuencias duraderas y perjudiciales para el bienestar físico, emocional y social de las personas mayores.
- Declaró la inaceptabilidad en todas sus formas: Al definir el maltrato en términos de sufrimiento y calidad de vida, Johnson enfatizó que el maltrato es "inaceptable en todas sus formas", proporcionando una perspectiva clara sobre la gravedad del problema.
Durante el mismo período, los psicólogos Richard S. Lazarus y Susan Folkman desarrollaron la "Teoría del Estrés y Afrontamiento", que proporcionó una base conceptual para comprender cómo los cuidadores manejan el estrés relacionado con el cuidado y cómo este estrés puede dar lugar a comportamientos abusivos hacia las personas mayores.
La década de 1980 y 1990 vio el surgimiento de la "Teoría del Estrés del Cuidador", centrada en el desafío emocional que enfrentan quienes cuidan a personas mayores. Esta teoría destaca que el estrés asociado al cuidado puede jugar un papel fundamental en situaciones de abuso o negligencia hacia las personas mayores. Investigadores destacados, como Steven H. Zarit, contribuyeron al desarrollo y comprensión de esta teoría, explorando estrategias de intervención y prevención.
En la década de 1990, la "Teoría de la Dependencia de las Personas Mayores" enfatizó la vulnerabilidad de los ancianos dependientes y su susceptibilidad al maltrato. La "Declaración de Almería sobre el Anciano Maltratado" en 1995 y su revisión en 1996 contribuyeron significativamente al reconocimiento del maltrato a las personas mayores como un problema social y de salud pública de gran relevancia.
En el año 2002, la "Declaración de Toronto para la prevención del maltrato de personas mayores" subrayó la influencia del contexto cultural y destacó la importancia de adoptar una perspectiva de género al abordar este problema. Además, en 2015, la "Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores" de la OEA fortaleció la protección legal de los derechos de las personas mayores, marcando un hito en la lucha contra la discriminación y el maltrato en todas las etapas de la vida.
La tabla a continuación presenta un resumen y contrapone dos teorías fundamentales en el estudio del estrés y su gestión: la "Teoría del Estrés y Afrontamiento" y la "Teoría del Estrés del Cuidador". Ambas ofrecen una comprensión profunda de cómo las personas identifican, evalúan y afrontan situaciones estresantes.

Exclusión
El cambio en la percepción de la vejez es esencial, transformándola de una etapa de vulnerabilidad y dependencia a una fase de la vida que merece una protección rigurosa de los derechos fundamentales. Las teorías del estrés, el afrontamiento y el estrés del cuidador han contribuido a una comprensión en constante evolución de este fenómeno, pasando de una perspectiva inicialmente centrada en lo físico a un reconocimiento más amplio de sus alcances y repercusiones sociales.
La creación de conciencia en la sociedad y la capacitación exhaustiva de los profesionales de la salud y servicios sociales son imperativas. Esto permite identificar eficazmente las señales de maltrato y abordar este tema de manera adecuada, garantizando una atención sensible a las personas mayores víctimas de maltrato.
Reconocer la vejez como una etapa digna de la protección de los derechos fundamentales refleja la responsabilidad moral de la sociedad y su grado de humanidad. Este cambio en la percepción representa un paso crucial en la lucha contra el maltrato a las personas mayores.

Prohibido ser mayor
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