El cáncer de mama es el tumor maligno más frecuente en las mujeres y representa un importante problema de salud global. Se origina en la glándula mamaria, siendo los carcinomas ductales (80 %) y lobulillares (10 %) los más comunes. Su crecimiento puede ser local, linfático o hematógeno, con metástasis preferentes en hueso, pulmón, hígado y piel. Los principales factores de riesgo incluyen la menarquia temprana, menopausia tardía, nuliparidad, obesidad, antecedentes familiares y mutaciones en los genes BRCA1/2, mientras que la lactancia y la multiparidad tienen efecto protector. El diagnóstico precoz se realiza mediante pruebas de imagen estandarizadas con el sistema BI-RADS, que clasifica los hallazgos desde normales hasta cáncer confirmado. El tratamiento combina cirugía (conservadora o mastectomía), radioterapia, hormonoterapia, quimioterapia y terapias biológicas dirigidas (ej. trastuzumab para tumores HER2+).
Entre los cánceres ginecológicos, los más frecuentes son el de endometrio, ovario y cérvix. El cáncer de endometrio, común en mujeres posmenopáusicas, está asociado a hiperestrogenismo y su síntoma principal es la metrorragia, diagnosticándose con ecografía y biopsia. El cáncer de ovario es la neoplasia ginecológica con mayor mortalidad, en gran parte por su diagnóstico tardío; se asocia a nuliparidad y mutaciones BRCA, y carece de cribado eficaz. El cáncer de cérvix, causado por el virus del papiloma humano (VPH), es prevenible gracias a la vacunación sistemática y al cribado con citología y detección de VPH en mujeres de 25-65 años. Los factores de riesgo incluyen inicio precoz de relaciones sexuales, múltiples parejas, inmunosupresión y tabaquismo. La prevención primaria (vacunación y preservativo) y secundaria (cribado) son fundamentales para reducir su incidencia y mortalidad.
