El parto es la principal causa de ingreso hospitalario en España y puede ser eutócico, instrumentado o por cesárea, siendo esta última recomendada por la OMS en un 10-15 % de los casos. Su fisiología depende de las contracciones uterinas (tono, intensidad, frecuencia y duración), reguladas por factores hormonales (oxitocina, prostaglandinas), mecánicos, uterinos, ovulares y fetales. La maduración cervical se valora mediante el test de Bishop, clave en la inducción del parto. Los factores mecánicos (canal del parto), la estática fetal (situación, posición, presentación y actitud) y la fuerza contráctil materna (motor del parto) son determinantes en su evolución. Se distinguen cuatro fases: pródromos, dilatación, expulsivo y alumbramiento, cada una con características específicas para la atención y control de la madre y el feto.
Durante el proceso, los cuidados maternos y fetales incluyen monitorización de constantes, bienestar fetal y alivio del dolor mediante métodos farmacológicos (epidural, bloqueo raquídeo, anestesia local o general) o alternativas (TENS, hidroterapia, hipnoparto). Entre las complicaciones destacan alteraciones de la dinámica uterina (hiper- o hipodinamia), anomalías de la estática fetal, canal del parto, sufrimiento fetal y problemas del cordón umbilical. En casos de parto extrahospitalario, se debe realizar una rápida valoración materno-fetal, decidir traslado o atención in situ según la dilatación y condiciones, y garantizar la seguridad en el expulsivo, el cuidado inmediato del recién nacido y la expulsión placentaria, guiándose por herramientas como el test de Malinas. También se contempla la muerte perinatal, donde la comunicación empática es fundamental, respetando el duelo y las decisiones de la familia.
