Aunque los fundamentos biológicos de la esquizofrenia aún no están bien determinados, se dispone de fármacos eficaces para el tratamiento de esta enfermedad. Los fármacos utilizados en el tratamiento de la psicosis se denominan neurolépticos o antipsicóticos. El término neuroléptico alude a los efectos adversos de estos fármacos a nivel neurológico mientras que el término antipsicótico se refiere la capacidad de estos fármacos para aliviar la psicosis.
Comúnmente los antipsicóticos se dividen en típicos y atípicos, diferenciándose por su mecanismo de acción.
1. ANTIPSICÓTICOS TÍPICOS
El primer antipsicótico típico fue la Clorpromazina que apareció a mediados del siglo XX. En la década de los 80 se asoció el efecto antipsicótico y los efectos adversos extrapiramidales de estos fármacos con el bloqueo de los receptores D2.
Este bloqueo explicaría la eficacia de los antipsicóticos típicos en el control de los síntomas positivos de la esquizofrenia (ideas delirantes, alucinaciones, habla desorganizada y comportamiento catatónico) y la poca eficacia en el control de los síntomas negativos (aplanamiento emocional, alogia y abulia) ya que estos son dependientes de otros mecanismos.
Químicamente los antipsicóticos típicos se agrupan en varias clases de las que las más respresentivas son:
- Las Fenotiazidas con la clorpormacina como principal respresentante.
- Las Butirofenonas cuyo fármaco prototipo es el haloperidol.
Los tioxantenos son derivados de las fenotiazidas y el único fármaco que se utiliza en España es el zuclopentixol. Generalmente estos fármacos se presentan en preparados orales, para tratamiento crónicos o intramusculares, para tratamientos agudos o de urgencia.
La absorción oral de las fenotiazidas no es muy rápida y su biodisponibilidad es baja (30 – 35%) por el alto fenómeno de primer paso. Como son muy liposolubles atraviesan bien la BHE. Se unen altamente a proteínas y su eliminación es casi exclusivamente por metabolismo hepático que origina múltiples metabolitos, algunos de ellos activos.
El haloperidol se absorbe por vía oral mejor que la clorpormacina con biodisponiblidad en torno al 60% y se metaboliza a nivel hepático con una sevimida que oscila entre las 18 y las 24 horas. Hay una gran variabilidad interindividual en los niveles que se alcanzan. Los niveles terapéuticos están entre 5 y 20µg/l.
Los efectos adversos de los antipsicóticos típicos dependen por un lado del bloqueo de los receptores D2 y por otro del efecto antagonista que pueden ejercer sobre otros receptores no relacionado con su efecto farmacológico. Los efectos más importantes son los efectos extrapiramidales induciendo síntomas parkinsonianos. El efecto adverso más grave es el denominado síndrome neuroléptico maligno (SNM), poco frecuente pero que puede ser mortal y que cursa con fiebre, estupor, catatonia e inestabilidad del SNA.
El tratamiento antipsicótico puede causar también discinesia tardía sobre todo en tratamientos prolongados. Igualmente en algunos pacientes se ha observado amenorrea, galactorrea y falsos positivos en embarazo en mujeres y ginecomegastia y disminución de la líbido en hombres.
Los efectos no relacionados con su mecanismo farmacológico incluyen efectos anticolinérgicos, hipotensión, falta de eyaculación y sedación.
Los fármacos más potentes causan menos efectos sedantes y menos hipotensión pero mayores efectos extrapiramidales y con los menos potentes ocurre lo contrario. Esto se explica porque cuanto más potentes sean, mayor afinidad presentan por el receptor D2 y por lo tanto mayor probabilidad de causar efectos adversos relacionados con este mecanismo.
Por último, conviene tener en cuenta que los antipsicóticos típicos pueden interaccionar con antiparkinsonianos inhibiendo su acción y pueden potenciar los efectos sedantes de las benzodiacepinas y antihistamínicos.
